Gracias a los albergues de animales abandonados, estas mascotas abandonaron las calles, se han curado de sus enfermedades y ahora lucen así (Foto: Hugo Curotto)
Gracias a los albergues de animales abandonados, estas mascotas abandonaron las calles, se han curado de sus enfermedades y ahora lucen así (Foto: Hugo Curotto)
Roger Aguilar Mendieta

Redactor de la sección Nacional

roger.aguilar@comercio.com.pe

El fin de semana, una llamada la alertó de que había un perro agonizando en el mercado José Gálvez. ¡Ayúdalo, por favor!, dijeron. A Lidia Sánchez se le estrujó el corazón. Estaba de duelo. Hacía apenas unos días que había muerto Strong Hulk, un perrito demacrado que había recogido en ese mercado y que a duras penas podía ponerse en pie. “No te quedaste muerto en la calle como basura, pequeño. Partiste dormidito, protegido. Mi Strong Hulk, corres en el arco iris. Se acabó tu dolor. Llegué demasiado tarde, pequeño. Perdóname”, escribió Lidia en Facebook en un sentido mensaje de despedida luego de que el perro muriera, a pesar de sus esfuerzos por curarlo.

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“Ven, el perro está muy mal”, oyó que le decían por el celular. Fue así que Lidia, rememorando lo sucedido con Strong Hulk, tomó un taxi y llegó al mercado y vio a Jack –nombre con el que luego bautizaría al perro- tirado en una acera. Tenía los ojos rojos, con las membranas del contorno inflamadas; las moscas zumbaban sobre el animal. Lo cogió, lo subió al vehículo y se lo llevó a su casa, en donde por la tarde una veterinaria lo revisó, le dio unas medicinas y le advirtió a Lidia que la vida de Jack pende de un hilo. Todo indica que tiene distemper, y, de acuerdo a lo que le dijo la veterinaria a Lidia, las posibilidades de vivir y de morir del can es de “50 y 50”. Hoy, Lidia lucha porque Jack se recupere. Una amiga la está apoyando con los gastos del tratamiento médico y eso le da esperanzas de que el perro podrá vencer este trance.

La situación en el albergue de animales abandonados de Lidia, al que ha bautizado con el nombre de Amigos de Onur y que funciona en una parte de su casa en la zona de José Gálvez, en Villa María del Triunfo, no es fácil. Siempre hace falta recursos con qué financiar los gastos de los animales, los cuales así como en el caso de Jack o del desaparecido Strong Hulk, son rescatados al borde la muerte y llevados por Lidia al refugio. En la actualidad, el local cuenta con 52 animales, de los cuales 28 son perros y los otros 24, gatos.

Lidia dirige el albergue Amigos de Onur, el cual funciona en una parte de su casa en Villa María del Trinfo. El cariño que le tenía a sus animales  es enternecedor (Foto: Hugo Curotto)
Lidia dirige el albergue Amigos de Onur, el cual funciona en una parte de su casa en Villa María del Trinfo. El cariño que le tenía a sus animales es enternecedor (Foto: Hugo Curotto)

El coronavirus entra en escena

Si la situación ya era difícil en el albergue, esta se ha agravado más como consecuencia del coronavirus. Hasta antes de la cuarentena impuesta en el país para frenar el avance de la enfermedad, Lidia vendía sus productos de belleza (cremas, fajas reductoras, buzos, etc.) y con el dinero que obtenía cubría los gastos de los animales, pero ahora no puede hacerlo.

“Me hacían los pedidos y yo me iba a dejarlos. Pero ahora no puedo salir de casa porque la policía me detiene. Tampoco tengo productos que vender porque no puedo comprarlos, porque mi proveedor tiene cerrado su tienda”, expresa.

La restricción del tránsito también ha ocasionado que Lidia tenga dificultades para poder llevar alimentos y agua a los animales abandonados que permanecen en la calle. “El Gobierno también debe pensar en esta situación. Hay muchos animales con hambre en la calle, y las pocas personas que tratamos de llevarles un poco de comida, nos vemos limitados porque no podemos transitar”, comenta Lidia.

La otra forma cómo la rescatista financia los gastos del albergue es a través de sorteos online de perfumes, billeteras, etc. Aquí también el coronavirus ha dejado sentir su impacto. “Ahora la gente no compra las rifas como antes. Es más cauta al momento de gastar el dinero porque no sabe cómo va a estar la situación más adelante”, dice Lidia.

Para hacerse una idea sobre los gastos en el local, se debe saber que los perros consumen al día ocho kilos de comida balanceada, lo que equivale a 240 kilos por mes (9.6 bolsas de este tipo de comida), y una bolsa de 25 kilos cuesta S/80. Es decir, solo en el alimento de los canes se gasta S/768 (9.6 bolsas x S/80 precio unitario de cada bolsa) de manera mensual. A eso hay que añadirle los gastos en la comida de los gatos, las medicinas, los pasajes del taxi para irlos a rescatar o llevarlos a curar. También los artículos de limpieza del establecimiento y el pago al servicio de limpieza para que se lleve los excrementos de los animales, pues -según Lidia- a la zona rara vez llega el camión de recojo de basura.

Otro problema es el agua. La zona en la que se ubica el albergue no cuenta con este servicio, por lo que los vecinos se lo compran a los camiones cisternas. En el caso de Lidia debe comprar no solo para su consumo, sino también para los animales y la capacidad de su tanque cisterna cada vez se queda más corta por la cantidad de inquilinos del refugio. Lo más grave es que, desde que empezó la cuarentena, estos camiones recorren el lugar con menos frecuencia.

“La falta de agua nos afecta muchísimo, porque sin agua no podemos limpiar el albergue. Pero ahora los camiones cisterna no quieren subir, porque el agua es gratis – se refiere al agua que reparte la municipalidad con apoyo de Sedapal de manera gratuita en el contexto del coronavirus-. Pero yo no quiero gratis, yo necesito agua”, anota Lidia.

“Apoyen a los albergues de animales abandonados. Ayúdenos con cada actividad que hacemos: rifas, pedidos de comida, ayuda médica para la atención de alguna urgencia o emergencia de los animalitos, adopciones, etc.”, pide Lidia. “Unidos podemos ayudar a tantos animalitos inocentes que no tienen voz y que son víctimas de la tenencia irresponsable de algunas personas y de las autoridades que hacen nada por protegerlos”.

Familia Perruna

En el otro extremo de la ciudad, en Lima norte, en Ventanilla, Carmen Larenas dirige Familia Perruna, un albergue de animales abandonados que funciona hasta en siete ambientes de su vivienda. Son 32 perros y cuatro gatos los que viven de este refugio.

Uno de los más recientes inquilinos de Familia perruna es Nala, una perrita que Carmen recogió en julio del 2019 en la playa de Ventanilla, a donde suele ir a dar comida a los animales que deambulan en el balneario. Nala estaba enferma, tenía unos tumores en carne viva en sus partes producto de una enfermedad venérea transmisible. Carmen la llevó a la veterinaria, le extirparon el tumor y la medicaron. Hoy la perrita está sana y juega con los demás animales en el albergue.

“La gente ve a los animales abandonados y no los ayuda. No les importa si comen o no, o si están enfermos como fue el caso de Nala, que estaba muy grave. Se le tuvo que hacer quimioterapias para poder curarla. Hay mucho abandono”, expresa Carmen.

Al igual que en el albergue Amigos de Onur, en Familia Perruna la situación se ha hecho más difícil por el coronavirus. Carmen también recurre a la rifa de productos (relojes, carteras, juguetes, etc.) y la venta de postres entre sus amistades para costear los gastos de los animales. Sin embargo, por las restricciones en el tránsito a raíz de la cuarentena, ahora tampoco puede salir de su casa a entregar los pedidos.

A ella una bolsa de 25 kilos de comida balanceada para perros le dura dos días. Hasta antes de la cuarentena, cada bolsa le costaba S/75 y ahora lo consigue a S/90. Y para complicar todavía más las cosas, ahora solo le quieren vender por kilos y ya no por sacos, porque su proveedor tampoco puede conseguir el producto, lo que acaba encareciendo más la comida.

“En el albergue necesitamos alimentos para los animales. Y como tengo perritos mayores y cachorros, nos sirve si nos donan latas de paté. También necesitamos productos de limpieza, camas, colchitas, porque ya está haciendo frío. Todo es útil para ellos porque todo se acaba”, expresó Carmen.

En el país no se conoce sobre algún padrón de albergues de animales abandonados. Sin embargo, uno puede hacerse una idea sobre esto a través de Lidia Sánchez, quien mantiene contacto con 70 refugios distribuidos en diversos puntos de Lima y que albergan 50 animales en promedio. Todos ellos funcionan en las viviendas de los rescatistas y, en menor o mayor medida, comparten los mismos problemas que los Amigos de Onur y Familia Perruna, por lo que si usted puede ayudarlos, hágalo sin dudar. Habrá ayudado a salvar una vida.

Contactos de albergues de animales sin hogar

Si usted desea ayudar a los refugios de animales sin hogar, aquí le dejamos la lista de algunos albergues

AlbergueResponsableContactoLugar
Albergue Amigos de OnurLidia Sánchez956 053 825Villa María del Triunfo
Albergue Familia PerrunaCarmen Larenas985 935 528Ventanilla
Refugio temporal La Casita de NinaNinoska Chávez995525936Breña
Hogar Temporal de NoniNoni Medina991709137Callao
Albergue temporal La GuaridaGiannina Mendoza Baldassari966926055Callao
Refugio temporal Huellitas Compañeros de VidaCinthya Correa931543856Chorrillos
Albergue Adopciones Rescate AnimalRoxana Campos983461880San Juan de Lurigancho
Albergue San FranciscoStephanie Mendoza922266310Puente Piedra
Hogar Temporal y Albergue Minimos CanLidia Díaz Ñañez936071664Barrios Altos
Albergue temporal Un Campito del CieloKarim Arellano Aguirre991560424La Victoria
Casa hogar My Second ChanceIsabel Rojas Mallqui987757958Santa Anita
Gatitos del Hipódromo de MonterricoHanahi Coello987606531Surco

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