En el 2014 el Ministerio de Vivienda estableció los lineamientos para la construcción de ciclovías. Sin embargo, pocas de estas vías cumplen con las medidas mínimas dictadas por el sector. Varias en Miraflores ni siquiera alcanzan el metro de ancho. (Foto: Francisco Neyra/El Comercio).
En el 2014 el Ministerio de Vivienda estableció los lineamientos para la construcción de ciclovías. Sin embargo, pocas de estas vías cumplen con las medidas mínimas dictadas por el sector. Varias en Miraflores ni siquiera alcanzan el metro de ancho. (Foto: Francisco Neyra/El Comercio).

Los muertos se contaban por decenas y la emergencia sanitaria obligó a repensar la ciudad. En 1868, la epidemia de fiebre amarilla puso a prueba a Lima, que –pese a tener unos 100.000 habitantes– no contaba con una planificación urbana adecuada, un hospital moderno, ni siquiera un sistema de desagüe eficiente.

Si bien a mediados del siglo XIX se empezó a hablar sobre la necesidad de expandir nuestra capital, el impacto de aquella enfermedad forzó a las autoridades a tomar decisiones. Surgió así una medida clave, según explicó el historiador Juan Luis Orrego: derribar la muralla colonial que rodeaba el Centro Histórico, lo que permitió el inicio de obras de equipamiento urbano más allá de sus linderos.

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Se construyó entonces la Alameda Grau (hoy la avenida del mismo nombre), el Paseo Colón, la futura Av. Alfonso Ugarte y el actual Parque de la Exposición, el primer gran espacio público que tuvo la ciudad. Pero también se concibió el primer establecimiento de salud erigido con estándares modernos: el Hospital Dos de Mayo.

“Hasta 1868, los hospitales en Lima eran espacios donde uno iba a morir, no a curarse. Eran medievales: los enfermos compartían un solo recinto y eran atendidos por monjas hasta infectarse todos. Todo eso cambió con la epidemia de ese año, que fue determinante para la Lima del siglo XX e incluso del XXI”, dijo Orrego.

Primeras acciones

La actual pandemia del también se asoma como una oportunidad de cambio para Lima Metropolitana en términos de planificación y movilidad urbana. La consigna es clara: hay que adaptar las zonas urbanas a una nueva normalidad, marcada –en principio– por el distanciamiento social.

El Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento confirmó a El Comercio que ya está evaluando realizar cambios en las normas técnicas vigentes del Reglamento Nacional de Edificaciones, a fin de adaptar el equipamiento urbano a la coyuntura. “En especial aquellas que regulan las habilitaciones urbanas para promover, entre otros, la entrega de aportes para parques, salud y educación […], regular aspectos técnicos que promuevan el distanciamiento social, mejorar las condiciones de seguridad, habitabilidad, accesibilidad y que estén adaptadas al ”, indicó el sector.

Vivienda también explicó que trabaja en propuestas específicas, como normar la planificación y gestión del suelo de las llamadas supermanzanas (estrategia de movilidad sostenible que permite generar calles con prioridad peatonal) y zonas 30 (para que, con el diseño urbano, en algunas zonas los vehículos motorizados no superen los 30 km/h de velocidad). Asimismo, consideran la promoción y habilitación de los parques de bolsillo, áreas temporales de esparcimiento generadas en terrenos urbanos vacantes para contrarrestar el déficit de espacios públicos.

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Por su parte, la Municipalidad Metropolitana de Lima indicó a este Diario que una de las políticas urbanas para el escenario poscuarentena y pospandemia es intervenir los espacios públicos “a través del diseño de los parques, la peatonalización de ciertas vías, la implementación de áreas de recreación, así como de señalética clara que promueva la protección, el respeto del distanciamiento y el espacio personal del ciudadano”.

Según la comuna limeña, primero se trabajará en 12 parques situados en el Cercado de Lima. Además, se elaborará el Plan de Desarrollo Metropolitano (PDM) “con una nueva mirada”, para desarrollar e implementar proyectos de infraestructura pública que –entre otros objetivos– reduzcan las necesidades de movilidad. Actualmente, la Gerencia de Movilidad Urbana (GMU) ya evalúa las propuestas distritales relacionadas a las vías de nivel metropolitano y cumplir, así, la estrategia de que las ciclovías existentes “queden integradas en un solo sistema de ciclovías de Lima”.

La comuna metropolitana anunció la implementación de una red de 46 kilómetros de ciclovías temporales para la ciudad. (Foto: Municipalidad de Lima)
La comuna metropolitana anunció la implementación de una red de 46 kilómetros de ciclovías temporales para la ciudad. (Foto: Municipalidad de Lima)

Esta semana, la Autoridad de Transporte Urbano de Lima y Callao (ATU) presentó su proyecto Sistema de Transporte Individual Sostenible (Sitis), que busca dotar a la ciudad de 301 km de ciclovías estandarizadas a 3 metros de ancho. Esto requirió una coordinación con 20 alcaldes y funcionarios distritales.

Algunos gobiernos locales también han propuesto soluciones de emergencia ante la pandemia. En Miraflores, se está culminando el ensanchamiento de veredas y ‘martillos’ (esquinas) en las principales vías. La primera etapa contempla la intervención del óvalo ubicado en el cruce de las avenidas Larco, Pardo, Ricardo Palma y Arequipa).

“Estamos reestructurando varios ejes del distrito para que el peatón tenga espacio suficiente al circular, lo que implica que las veredas tengan al menos cuatro metros de ancho”, explicó Carlos Peña, subgerente de Movilidad Urbana y Seguridad Vial. También se realizará un monitoreo en tiempo real de las veredas en intersecciones importantes, a fin de evitar aglomeraciones: “Hemos considerado el cierre temporal de la vía vehicular para que pasen los peatones si identificamos un posible colapso de las veredas”.

En Miraflores, el municipio distrital anunció el ensanchamiento de veredas para evitar aglomeraciones. Buscan que estas tengan 4 metros de ancho. (Foto: Hugo Curotto)
En Miraflores, el municipio distrital anunció el ensanchamiento de veredas para evitar aglomeraciones. Buscan que estas tengan 4 metros de ancho. (Foto: Hugo Curotto)
El municipio miraflorino ya inició la primera etapa de ensanchamiento de veredas en el Óvalo del distrito. (Fuente: Municipalidad de Miraflores)
El municipio miraflorino ya inició la primera etapa de ensanchamiento de veredas en el Óvalo del distrito. (Fuente: Municipalidad de Miraflores)

En Comas, el municipio también dispuso la restricción temporal al tránsito vehicular en avenidas como Víctor Andrés Belaunde, donde se ubican establecimientos comerciales y se generan aglomeraciones por el espacio reducido de las veredas.

El alcalde Raúl Díaz comentó que la principal apuesta está en los mercados itinerantes o satélites, que acercarán los productos a 14 grupos zonales para evitar salidas innecesarias, y en el control de los 10 mil mototaxis que circulan en su jurisdicción. “Nuestra realidad es distinta, pero tenemos que adaptarla a la pandemia”, apuntó Díaz.

El municipio de Comas está iniciando un programa de mercados "itinerantes" o "satélites" para que los vecinos de los 14 grupos zonales del distritos estén abastecidos sin tener que salir de sus barrios. (Foto: Municipalidad de Comas)
El municipio de Comas está iniciando un programa de mercados "itinerantes" o "satélites" para que los vecinos de los 14 grupos zonales del distritos estén abastecidos sin tener que salir de sus barrios. (Foto: Municipalidad de Comas)

Una mirada a futuro

El observatorio ciudadano Lima Cómo Vamos (LCV) viene desarrollando la estrategia Reinicia tu Barrio, que busca promover nodos comunitarios para activar redes de solidaridad, ayuda, abastecimiento y cuidado en el vecindario, con el fin de facilitar la reactivación económica y disminuir la vulnerabilidad de las familias.

Mariana Alegre, urbanista y directora de LCV, explicó que se aplicará este modelo como piloto en cinco zonas de la capital, entre las que están el jirón Leticia (Rímac) y Pamplona (San Juan de Miraflores). “Esto no atiende los viajes que obligatoriamente tienen que hacerse para atender necesidades esenciales, como trabajar, ir al médico o incluso visitar a la familia. El objetivo, por ello, es reducir la necesidad de salir del barrio y solo hacerlo para realizar actividades indispensables, y que las demás puedan ser cubiertas dentro del barrio con protocolos de cuidado y resiliencia”, añadió.

La Unión de Estudiantes de Arquitectura de Lima (Udeal) también ha hecho un llamado a las autoridades a replantear la ciudad, pero con medidas que tengan un objetivo a largo plazo. “Si se va a ampliar el espacio para las veredas o pintar la pista para establecer allí una ciclovía, que esta sea una vía exclusiva para ciclistas a futuro. La pandemia nos está mostrando que la planificación urbana tiene un impacto directo en nuestra salud física y mental”, dijo la representante Andrea Herrera.

Óscar Apaza, integrante de Udeal, precisó que Lima fue planificada y construida bajo la mirada del auto particular, con un reglamento técnico que no priorizó al peatón. “Se tienen que replantear las exigencias para el ancho de las veredas, ya que en algunas zonas ni siquiera llega a los 0,80 metros, y una circulación cómoda requiere de 3,50 metros de ancho. Se deben pensar medidas para las distintas Limas, porque hay mucha desigualdad: mientras un limeño hace cola para ingresar al supermercado, otro espera en fila para recibir agua potable”, manifestó.

¿Punto de quiebre?

Para el urbanista Angus Laurie, el principal reto para Lima en el corto plazo es ensanchar las veredas en espacios productivos de la ciudad, como el centro financiero de San Isidro o el Damero de Pizarro en el Cercado. “Sería importante que se considere la peatonalización de avenidas como Rivera Navarrete, Canaval y Moreyra, pero también los jirones del Centro Histórico. Se tiene que pensar también en que no todos pueden moverse en ciclovías, es una injusticia pensar que todos pueden montar bicicleta”, agregó.

Según Laurie, cambiar por completo la forma de entender el urbanismo en la capital puede tomar varias décadas, sobre todo cuando no se han generado centralidades en las zonas conurbanas: “Aquí tenemos personas que trabajan en Miraflores, pero viven muy lejos. Hay demasiada población flotante en distritos de la denominada Lima Centro. El futuro es acercar los servicios a la periferia”.

(Foto: Andina)
(Foto: Andina)

José García Calderón, arquitecto y excoordinador técnico del PLAM 2035, coincidió en que la pandemia puede representar una oportunidad para transformar la distribución de servicios esenciales en la metrópoli. Un primer cambio, dijo, puede ser la masificación del uso mixto del suelo, es decir, que un edificio habitacional también sea útil para el vecindario, no solo para sus habitantes.

“Es común que en otros países, la primera planta de cada multifamiliar esté destinada a un café, una bodega, una peluquería. Es la forma correcta de acercar los servicios al barrio y generar pequeñas centralidades. La clave está precisamente en evitar que recorramos largas distancias, porque así se esparce el virus. Inicialmente, los distritos de Lima Centro registraban los primeros casos de COVID-19, pero como la gente que vive en la periferia trabaja en esta zona, ya trasladó el coronavirus hacia sus barrios. Es momento de repensar la ciudad, por cuestiones urbanísticas y sanitarias”, explicó.

Nunca antes hubo una cuarentena establecida por el Gobierno debido a una epidemia o pandemia en Lima, precisó el historiador Juan Luis Orrego. Y concluyó: “En 1920, debido a la gripe, la gente no salía de su vivienda. En 1868 sucedió lo mismo por la fiebre amarilla. En ambos casos, era voluntario. No sé si el COVID-19 represente un punto de quiebre para la planificación urbana hacia los próximos años, pero tendrá impacto sin duda. Es algo histórico".