Jorge Muñoz, alcalde de Lima Metropolitana, lleva 14 meses en el cargo. (Fernando Sangama)
Jorge Muñoz, alcalde de Lima Metropolitana, lleva 14 meses en el cargo. (Fernando Sangama)
Pedro Ortiz Bisso

Aunque su aprobación alcanza el 47%, la última encuesta de El Comercio-IPSOS no debe haber dejado tranquilo al alcalde Jorge Muñoz. Desde octubre del año pasado, su desaprobación ha crecido y ya llega al 43%. En Lima –casi, casi–, o estás con Muñoz o estás contra él.

Buceando entre los números, encontramos que quienes sostienen al ‘colorao’ se encuentran, sobre todo, en los niveles socioeconómicos A (57%) y B (53%). Pero hay un numerito que debe preocuparle sobremanera, acerca del cual el analista Jeffrey Radzinsky hizo hincapié hace unos días en El Comercio.

El 34% del nivel socioeconómico E respondió “no precisa” cuando se le preguntó si aprobaba el desempeño de Muñoz. A juicio de Radzinsky, esto quiere decir que un alto segmento de la población “no tiene ni idea” de lo que está haciendo el alcalde.

La explicación salta a la vista. A la fecha, Muñoz no ha encontrado una idea fuerza a la cual asirse. Es un alcalde que picotea sobre varios temas, como el ‘pico y placa’ –¿algún día sabremos si la congestión ha aumentado en las vías auxiliares?–, pero sin profundizar.

En otros, se lo ve sobrepasado. Con la Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao en camino de alcanzar poderes plenos, las calles se mantienen al vaivén de lo que decidan sus verdaderos dueños: colectiveros y motociclistas. La actitud del municipio ha sido reactiva y su fiscalización ineficaz. ¿Quién vela por los limeños mientras tanto?

Respecto de la obra física, sería iluso exigirle alguna importante en su primer año de gestión. La velocidad de tortuga a la que marchan los procesos en la administración pública es desesperante. Por eso es que Muñoz solo ha podido mencionar la conclusión de las obras iniciadas por Castañeda como el viaducto Armendáriz, las pistas para los Juegos Panamericanos o la nueva estación Andrés Reyes.

Hace poco, anunció un paquete ambicioso de obras por S/1.000 millones que incluye la ampliación del Metropolitano hasta Naranjal y el proyecto vial ‘Pasamayito’ en Comas.

Pero un alcalde de una ciudad tan compleja como Lima debe ser más que un hacedor de pistas y puentes. El ciudadano necesita sentirlo más cercano, que conoce sus problemas y se identifica con ellos.

Necesitamos un alcalde activo, no reactivo. Queremos verlo coordinar con el Ministerio de Salud las acciones ante el coronavirus, plantándole cara a San Isidro por el Puente de la Amistad (el hábeas corpus presentado es un gran paso) o trabajando en primera fila con las víctimas de Villa El Salvador.

Necesitamos un alcalde que se la juegue. Aún está a tiempo, señor Muñoz.