El Perú tiene por delante la que probablemente es la campaña de vacunación más importante de su historia. (Foto: Contraloría)
El Perú tiene por delante la que probablemente es la campaña de vacunación más importante de su historia. (Foto: Contraloría)
Pedro Ortiz Bisso

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Ayer, en las redes sociales, un grupo de divulgadores científicos comentaba con sorna la catarata de críticas recibidas por la vacuna de Sinopharm a causa de su origen chino. Médicos y periodistas señalaban que muchos de esos virulentos tuiteros, enojadísimos con la decisión del Gobierno –y con el mundo–, escribían sus diatribas desde celulares fabricados por empresas de ese país sin lamento alguno.

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Recordaban que ese mismo aparato, además de servirles para informarse, pagar sus cuentas y comunicarse con sus querencias, probablemente lo usaban para tiktokear. Y hasta donde se sabe –salvo Trump– nadie se ha quejado porque Tiktok sea una aplicación creada por una empresa china.

Así de absurdos son los prejuicios contra la vacuna cuyo primer lote con un millón de dosis debe llegar este mes al país, según anunció el presidente el último miércoles.

La vacuna de Sinopharm no tiene la eficacia de la fabricada por Pfizer y BioNTech (95%), pero supera el estándar mínimo establecido por la Organización Mundial de la Salud (60%) y se adecúa a la cadena de frío que se usa en el país.

La ex ministra de Salud, Patricia García, quien hace unas semanas fustigó a los funcionarios estatales por su mal manejo en las negociaciones con los laboratorios, ha calificado de “muy buena noticia” el acuerdo con Sinopharm y dijo que su vacuna es “segura y efectiva”.

El Perú conoce de primera mano de su éxito ya que unos 10.000 connacionales han participado en los ensayos clínicos llevados a cabo por dos de las universidades más prestigiosas del país: San Marcos y Cayetano Heredia.

A su pobre argumentación, los críticos de la vacuna han añadido un pedido deleznable: quieren que el presidente y sus ministros sean los primeros en aplicársela a fin de que se conviertan en una suerte de conejillos de indias de lo que califican como un “experimento”.

Señor presidente, hágales caso. El día que lleguen las dosis, organice una ceremonia, pida que la transmitan en vivo y pongan el brazo, usted y su gabinete. No pierda la oportunidad de poner en ridículo a esta banda de prejuiciosos.

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