Gladys Pereyra Colchado

Papas sancochadas, yeso y un cuchillo de menos de 10 centímetros. Eso es todo lo que Jesús Urbano Cárdenas necesita para plasmar en un retablo ayacuchano cualquier actividad que su imaginación desee.
Él es uno de los más de 140 artesanos que hasta el domingo 29 de julio participa en la feria artesanal “Ruraq Maki, hecho a mano” en el Ministerio de Cultura.

Para hacer un retablo Jesús se toma buen tiempo y extrema dedicación. Lo aprendió de uno de los grandes maestros en este arte popular: su padre, Jesús Urbano Rojas, quien dedicó su vida a difundir la tradición retablística en el Perú y el mundo.

Luego de sancochar medio kilo de papa blanca, Jesús forma una masa con el yeso y empieza a crear las figuras en miniatura. Después de dejarlas secar al menos un día, les coloca la ropa (hecha también con la misma masa), las pinta y las ensambla en una caja de madera. Un mes y medio puede tardarse en un retablo de 500 piezas. Su minuciosidad se refleja en cada personaje único, en forma y color, que completa un nacimiento, una fiesta de cortamonte o un partido de fútbol.

“Nosotros somos como fotógrafos. Vemos las fiestas, lo más jocoso y lo plasmamos en el taller”, explica. A sus 63 años ha pasado casi toda su vida al lado de estas figuras, eternizando las costumbres del país.

—El tejido más fino—
Cristina Jara (40) y Rosalía Osoriano (29) están orgullosas de representar a la asociación de tejedoras de Tambogán, de Huánuco. Lo enfatizan cuando se les pregunta sobre los tejidos que presentan en la feria porque es un honor ser portadoras de los conocimientos ancestrales que hacen que, en sus manos, la lana recién esquilada se transforme en finísimos hilos con los que se consigue la famosa manta blanca, considerada Patrimonio Cultural de la Nación.

“Es la herencia de mis antepasados. Desde niña yo también quería hilar y me robaba un poco de la lana de mi mamá para probar”, cuenta Rosalía. A los 14 años completó su primera manta que lució en una de las fiestas de Tambogán.

Por la prolijidad de su trabajo, que inicia con el trasquilado que ellas mismas realizan, una manta puede terminarse en 8 meses. Lo harían más rápido, pero tienen que alternarlo con la cocina y el cuidado de hijos y animales.

—Una técnica perdida—
A Tater Vera, reconocido en la inauguración de “Ruraq Maki” como Personalidad Meritoria de la Cultura, el amor por la cerámica vidriada de estilo colonial le surgió gracias a su madre coleccionista. Con ella conoció piezas de esta técnica perdida a mediados del siglo XX. “En Cusco, los últimos talleres colapsaron en el terremoto de 1950”, explica. En 1991, a los 27 años, inició una investigación para recuperar este arte. Desde entonces ha conseguido que sus creaciones, que fusionan diseños coloniales con la flora y fauna andina, sean destacadas con el sello de excelencia de la UNESCO.

“De la inquietud en el taller de mi madre nació todo”, dice. Sus piezas son únicas, hechas a mano y de carga emocional.

DATO:
La feria se realiza en tres salas de la torre Kuélap del Ministerio de Cultura (Av. Javier Prado Este 2465 – San Borja) de lunes a domingo de 10 a.m. a 8 p.m. El ingreso es libre. Culmina el domingo 29 de julio.

Este año, por primera vez, se contará con la participación de seis colectivos mexicanos que ofrecerán al público sus trabajos en textilería, orfebrería, joyería, muñequería, entre otros.

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