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“Treinta y seis años después...”, por Pedro Ortiz Bisso

“Pies en la tierra es lo que no hemos tenido en las últimas semanas”.

La selección peruana ganó 3-0 a Arabia Saudita con miras al Mundial Rusia 2018 y sumó su décimo cuarto partido invicto. La ‘Bicolor’ se hizo con la victoria a partir de un 'doblete' de Paolo Guerrero y un tanto de André Carrillo.

La selección peruana debuta hoy en el Mundial Rusia 2018. (Foto: agencias)

Estaba sucio. Su rostro, sus cabellos, sus manos, su ropa. Rodulfo Manzo mantenía la postura recia de los viejos backs de los setenta, aunque las grietas de su rostro dejaban traslucir que su vida había sido cualquier cosa, menos una vida fácil.

Era mayo de 1998. El periodista Óscar Zamalloa y yo lo encontramos en San Luis, uno de los dieciséis distritos de Cañete, viviendo como un lugareño más, sin ninguna distinción por su pasado mundialista. Había defendido a la Blanquirroja y jugado en clubes de Argentina, Ecuador y Venezuela. Pero a los 48 años se ganaba la vida en la pesca y como obrero de construcción civil.

Manzo se sentía olvidado. Por los hinchas y por quienes fueron sus compañeros. Fuimos a buscarlo a fin de hacerle la pregunta que teníamos atravesada desde el 21 de junio de 1978: “¿Tú fuiste el que se vendió?”.

La referencia era al Argentina 6 -Perú 0, uno de los episodios más oscuros de la historia del fútbol mundial, sobre el cual se han escrito libros, reportajes y artículos sin que ninguno, a pesar del cúmulo de indicios, dé con la verdad definitiva.

Manzo, como era de esperarse, negó cualquier responsabilidad.
Ese es uno de los recuerdos que vienen a mi cabeza hoy que Perú vuelve a un Mundial de fútbol. El otro es, justamente, de hace 36 años, exactamente del 22 de junio de 1982.

Asistir al colegio el día del partido contra Italia, junto con otros ‘lornas’ pegados a la letra, no le gustó a la coordinadora de disciplina del colegio donde estudiaba. Así que ‘sugirió’ que no se nos ocurriese hacer lo mismo ante los polacos, cuando nos jugábamos la clasificación.

Y así fue. En casa soporté con estoicismo los embates de Smolarek, Boniek y Lato frente al Zenith a colores de doble perilla al que rendíamos pleitesía. En el segundo tiempo, recuerdo que tuve que salir unos minutos y al volver me encontré con el desastre. Pensaba que en España no bajábamos de semifinales. El 5-1 fue una bofetada al orgullo. Nos hizo poner los pies en la tierra.

Pies en la tierra es lo que no hemos tenido en estas últimas semanas. El entusiasmo por la vuelta a un Mundial ha llegado a extremos delirantes, como imaginar que vamos a ganar la fase de grupos con los ojos cerrados y que hasta la final no habrá quién nos pare.

Según la última encuesta de El Comercio-Ipsos, un 18% de limeños cree que Perú ganará la Copa del Mundo. Pero ese no es el problema. Cuando he intentado rebatir ese buen deseo, sea en persona o a través de las redes sociales, he sido acusado de ser casi un traidor a la patria. Lo mismo le ha ocurrido a otros que piensan lo mismo.

Plantarle una mochila tan grande a un equipo al que hace año y medio dábamos por muerto no solo es desproporcionado, es injusto. Disfrutemos el Mundial a plenitud, sin presiones. Hagamos que esta espera de 36 años no haya sido en vano. 

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