Por Hernán Medrano Marin

Hasta ahora, en toda su vida, Germán no ha visto nunca un taxi acondicionado para personas con discapacidad. Los taxis por aplicativo rechazan el servicio cuando llegan al punto de recojo, y los que sí optan por tomar la carrera le cobran el doble o hasta el triple de lo habitual. Del mismo modo ocurre con los taxis ejecutivos: no tienen espacio para colocar la silla de ruedas ni una rampa o un elevador que le permita al usuario subir al vehículo sin problemas. Es por eso que solo le queda esperar un station wagon (con más espacio) y esperar que el conductor pare. De lo contario, toca pedirle a un amigo con carro que por favor lo traslade. Así, todos los días.

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