Los Marco Bueno y María Luisa Pacheco se vacunaron el mismo día en el hospital Loayza. Ambos llevan atendiendo a pacientes con COVID-19 desde el inicio de la pandemia. (Joel Alonzo / @photo.gec)
Los Marco Bueno y María Luisa Pacheco se vacunaron el mismo día en el hospital Loayza. Ambos llevan atendiendo a pacientes con COVID-19 desde el inicio de la pandemia. (Joel Alonzo / @photo.gec)
Gladys Pereyra Colchado

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El día en que la van a , la enfermera Rebeca Sánchez piensa en condicionales. Cinco meses antes, esa dosis también habría sido para su esposo, médico que, como ella, enfrentó desde el inicio una pandemia que los puso en la primera línea de batalla. “Si hubiera tenido la vacuna no habría muerto. Con gusto le hubiera dado la mía”, dice. Ese pensamiento se mezcla con un extraño alivio. Luego de once meses, y sin superar la pérdida de su esposo, un respiro parecía casi imposible.

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El médico Julio César Quintana falleció el 2 de setiembre en la unidad de cuidados intensivos del hospital Hipólito Unanue a causa del COVID-19. Aunque tenía licencia por comorbilidad del hospital Hermilio Valdizán, no había dejado de atender a pacientes. Ellos no se lo permitían. Noemí Quintana, su hija, cuenta que al consultorio que tenía en su vivienda en Ate llegaban personas de todas partes buscando atención médica. Con los centros de salud paralizados, el doctor Quintana era para muchos el único que los recibía. “Había cerrado por la cuarentena, pero la gente no paraba de tocar la puerta y él los atendía, a veces ni cobraba. Siempre decía ‘cuando venga la vacuna todo va a mejorar’. Él amaba lo que hacía”, recuerda.

Rebeca Sánchez muestra una foto de su esposo, el médico Julio César Quintanilla, quien murió por COVID-19 em setiembre pasado. (Francisco Neyra / @photo.gec)
Rebeca Sánchez muestra una foto de su esposo, el médico Julio César Quintanilla, quien murió por COVID-19 em setiembre pasado. (Francisco Neyra / @photo.gec)

Esa misma vocación tiene su madre, jefa de enfermería del Hipólito Unanue que desde que empezó la pandemia solo se detuvo por el luto de perder a su compañero. Fue una semana y regresó inmediatamente al trabajo. “Estábamos preocupados porque vuelva a recorrer los mismos pasillos donde mi papá falleció, pero quería regresar. Cuando eres hija de médico y enfermera te acostumbras a no verlos en Navidad, en tu cumpleaños, a entender que su deber está por encima de todo”, dice.

El jueves, poco después de recibir la dosis, Rebeca Sánchez volvió a llorar por la protección que llegó tarde para su esposo y muchos trabajadores de salud. Solo en su hospital, al menos 5 enfermeros y 12 técnicos han muerto por el virus. Aun así, la vacuna le da un nuevo empuje para seguir. “Estoy al frente porque sé cómo es el dolor de tanta gente desesperada”, dice. Luego de la muerte de su esposo, Rebeca se mudó con su hijo. En su casa de Ate, aún hoy llegan pacientes buscando atención.

Rebeca Sánchez, jefa de Enfermería del hospital Hipólito Unanue, se vacunó el jueves 11 de febrero. (Francisco Neyra / @photo.gec)
Rebeca Sánchez, jefa de Enfermería del hospital Hipólito Unanue, se vacunó el jueves 11 de febrero. (Francisco Neyra / @photo.gec)

Riesgo doble

Los esposos Marco Bueno y María Luisa Pacheco se vacunaron el mismo día en el hospital Loayza. Como médico intensivista y médica especialista en rehabilitación, ambos han estado tan cerca del virus que la vacunación ha significado un alivio, el primero en casi un año.

“No hemos parado ni un instante y pensábamos que en cualquier momento podíamos caer uno de los dos”, dice María Luisa. Pero la primera dosis no es suficiente. Marco reitera que se necesita inmunizar a más personas ante las variantes agresivas y una escasez de oxígeno que los deja sin recursos para salvar vidas. Al día tienen entre 20 y 25 pacientes que necesitan una cama de cuidados intensivos, explica Marco, y en su guardia ve caras más jóvenes y contagiados sin comorbilidades que terminaron en UCI.

Y ni cuando disminuyan los contagios su trabajo se detendrá. María Luisa explica que atender secuelas del COVID-19 será una tarea compleja y de largo tiempo. “Después de que todo pase vamos a tener mucho trabajo en rehabilitación respiratoria y física. El paciente, luego de tantos días en cama, sale sin poder caminar, sin poder atenderse solo”, indica.

El día de la vacunación, ambos quisieron demostrar que, aunque algunos lo crean, lo peor no está dentro de la jeringa. “Cuentan historias de terror sobre la vacuna, pero la realidad de terror está en las UCI”, dice Marco.

Distintos flancos

Desde que empezó la pandemia, Leslie Donoso no ha dejado de preocuparse por tres personas en especial: su esposo, quien es médico; su padre, jefe de serenazgo en Junín; y su hermano, oficial de la Fuerza Aérea. Tres trabajadores que se exponen al virus en la primera línea. El miércoles 10 de febrero vacunaron al primero, Carlos Vera, y ese día pudo permitirse empezar a tener esperanza.

Vera del Carpio es ginecólogo del hospital Carrión y atiende emergencias y partos de mujeres con diagnóstico de COVID-19. Según cuenta, el virus también es agresivo con las gestantes. De hecho, en su hospital se ha reportado un incremento de morbilidad en los partos y un aumento en la severidad de las infecciones por el virus. “Por falta de atención primaria y control, llegan cuando el problema está avanzado y hemos tenido fallecimientos del bebé y la mamá”, explica. Por eso, su responsabilidad es doble, sin contar con el riesgo de contagiar a su familia y el impacto de ver a sus colegas fallecidos o en cuidados intensivos.

“Es difícil ver teorías de conspiración sin ningún freno y falsa seguridad de los jóvenes. Esto aún no acaba”, dice Carlos Vera del Carpio, ginecólogo del hospital Daniel Alcides Carrión.
“Es difícil ver teorías de conspiración sin ningún freno y falsa seguridad de los jóvenes. Esto aún no acaba”, dice Carlos Vera del Carpio, ginecólogo del hospital Daniel Alcides Carrión.

“Vives con un miedo del que te terminas acostumbrando. La vacunación nos genera tranquilidad, pero sabes que hay colegas que vas a perder”, lamenta. Él sabe que todavía falta mucho para poder cantar victoria.

Los que faltan

  • Hasta ayer, el Colegio Médico del Perú reportaba 310 doctores fallecidos por el virus en el Perú, la mayoría en la región Lima. En UCI aún hay otros 50 luchando por su vida. A esto se suman 109 enfermeras y 130 técnicas en enfermería muertas en la pandemia.
  • Las primeras vacunas fueron destinadas a 141.367 personas que trabajan en el sector salud. Con el lote de 700.00 dosis que llegó ayer a Lima se espera cubrir al personal médico que no fue incluido en el primer padrón y el personal priorizado en la Fase 1.
  • Según estimaciones del Minsa, la Fase 1 está comprendida por 1′066.892 personas. Al tratarse de doble dosis, se requeriría al menos 2′133.784 vacunas en total.

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