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'Valorando los servicios ecosistémicos', por Angus Laurie

“Estos servicios generalmente tienen un valor económico para la ciudad”, dice el autor de la columna

Pantanos de Villa

Los humedales pueden absorber el agua de lluvia y reducir el riesgo de inundación en las áreas urbanas (Foto: Pantanos de Villa).

El arquitecto chileno Osvaldo Moreno dio una charla esta semana, organizada por la Maestría de Arquitectura y Procesos Proyectuales de la PUCP. Moreno, jefe de la Maestría de Arquitectura de Paisaje de la Pontificia Universidad Católica de Chile, vino para hablar sobre arquitectura y ecología para territorios en riesgo.

Uno de los puntos que mencionó fue la importancia de valorar los servicios ecosistémicos para poder generar ciudades más resilientes. Estos servicios ecosistémicos incluyen la previsión de inundaciones, la regulación climática y el control de la erosión.

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Un ejemplo de prevención de inundaciones son los humedales que pueden absorber agua de lluvia y así reducir el riesgo de inundación antes de que llegue a las áreas urbanas. Un ejemplo de regulación del clima puede ser tener áreas de vegetación que reduzcan los niveles de partículas en el aire, que mitigan el efecto de la isla de calor urbano y que bajan el nivel de ruido en las ciudades.

Estos servicios ecosistémicos generalmente tienen un valor económico para la ciudad. Tener una zona de amortiguamiento al lado de un río en la costa, por ejemplo, puede prevenir un desastre natural, y ahorrarle a la ciudad gastos enormes de reconstrucción ante un posible desastre. Pero este valor es una externalidad, ya que el valor que genera queda fuera del mercado.

Uno de los puntos que mencionó Moreno en su charla fue la importancia de empezar a cuantificar el valor económico que generan los servicios ecosistémicos para las ciudades, como pasa en varios países de Europa. Así, se pueden generar los argumentos que van más allá del punto de vista ambientalista para proteger los corredores ecológicos; y las zonas de amortiguamiento en las costas y en las franjas fluviales que podrían reducir el impacto de un evento como El Niño. La misma lógica puede aplicarse a la expansión descontrolada e informal de las ciudades peruanas.

A pesar de tener políticas nacionales que promueven la generación de ciudades más compactas, que generan centralidades más densas y de usos mixtos, nuestras ciudades siguen expandiéndose de manera horizontal hacia lugares que no cuentan con equipamientos ni infraestructura. También, como resultado de la informalidad, las ciudades se expanden hacia áreas con alto riesgo de sufrir desastres naturales, lugares que son altamente vulnerables a eventos climáticos como es el caso de El Niño costero del 2017.

Parte de las barreras para generar una ciudad compacta es que, por lo general, cuesta más desarrollar proyectos en terrenos ya urbanizados que desarrollar proyectos en suelos libres de edificaciones. Si podríamos calcular los costos que genera la expansión desbordada de las ciudades en términos de contaminación, horas perdidas en el tráfico, y en términos de la pérdida de servicios ecosistémicos, podríamos darnos cuenta de que nuestro desarrollo urbano, en realidad, tiene un costo muy alto.

**El Comercio no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.


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