Suma y resta en la guerra del centavo, por Sandra Belaunde
Suma y resta en la guerra del centavo, por Sandra Belaunde
Sandra Belaunde

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Universidad de Columbia, máster en Administración Pública

Para explicar el caos del transporte (el segundo problema más importante de los limeños) y lo que se ha hecho al respecto, este Diario presentó una serie de . Estos buscan esclarecer si lo planteado con la reforma del transporte de la gestión de Susana Villarán está en línea con lo que necesita Lima, si la ejecución fue o no exitosa y si la  actual gestión de Luis Castañeda está empezando de cero.

De esta serie de informes, resaltan cinco conclusiones importantes. Una es que la premisa detrás de la reforma de Villarán es correcta y coincide con prácticas actuales en grandes ciudades y con lo que piensan varios especialistas nacionales e internacionales. Esa premisa es que el problema de Lima no es la cantidad de vías, sino la priorización del vehículo privado sobre el público. Esta prioridad necesita invertirse. La razón es simple: la mayoría de la gente se traslada en transporte público; la minoría, en privado.

La segunda es que la gestión Villarán no ejecutó todo lo que se propuso. Esto fue pasar de un sistema comisionista afiliador –donde la empresa titular de la ruta no es dueña de buses ni tiene relación laboral formal con conductores y cobradores– a un esquema empresarial –empresas formales, dueñas de flotas y con trabajadores en planilla–.

Bajo este nuevo esquema, las empresas se asocian entre ellas, forman consorcios y operan en ejes viales que juntos cubren el 70% de toda la demanda de los limeños. Estos ejes se dividen en corredores complementarios y de integración.

Fueron 150 empresas las que formaron 20 consorcios; sin embargo, la licitación de 11 paquetes de tres de los cinco corredores complementarios quedó anulada porque la municipalidad no pidió el visto bueno del MEF antes de la firma del contrato –lo mismo sucedió con el sistema de recaudo para el pago de pasajes–. De los otros dos, se llegó a implementar uno.

La tercera es que ha habido un cambio en la postura de la gestión de Castañeda desde que empezó en enero al día de hoy. En un principio el alcalde dijo: “la reforma del transporte es una gran mentira”, y la municipalidad no mostró ningún interés en su continuación. Pero ahora, Roxana Rocha, directora de Pro Transporte, ha anunciado que la municipalidad sí va a trabajar por la continuidad de los cinco corredores complementarios. Eso es una buena noticia para Lima.

En cuarto lugar resalta una descoordinación y falta de comunicación entre las entidades responsables del transporte en Lima. Se ha confirmado que sí van los corredores, pero no hay coordinación para determinar el plan de retiro de los vehículos en las rutas actuales que se les superponen.

Finalmente, no habrá un estudio encargado a una organización especialista e independiente que determine cuál es la demanda total. Serán las empresas de transporte actuales las que realizarán sus propios estudios de demanda, y estos son los que servirán de base para el diseño del nuevo sistema de rutas.

Para reorganizar el transporte urge una política integral. Lima necesita tener una autoridad autónoma del transporte, como la tiene cualquier ciudad con un sistema de transporte desarrollado.