Pese a que la policía aclaró, antes y después del conflicto en , que no existen denuncias sobre desaparición de niños o de tráfico de órganos, el 39% de limeños considera que los llamados pishtacos son una amenaza real, según una reciente encuesta de Ipsos para El Comercio.

En el ámbito nacional, la cifra crece hasta el 44%. La mayor parte de la población que cree en los traficantes de órganos son jóvenes de entre 18 y 24 años y del sector socioeconómico E.

El sociólogo Nelson Manrique considera que esta situación tiene que ver con tradiciones asociadas a la cultura andina y la religión cristiana que cree en la existencia de espíritus y demonios que pueden hacer daño.

“De los pishtacos, a lo largo de los años, se ha dicho que sacaban grasa a la gente para aceitar campanas de iglesias, ferrocarriles, etc. En todos los casos apuntando a la visión de cómo se encarna el explotador que te amenaza”, explica el especialista.

Manrique señala que el Estado debe imponer sanciones penales ejemplares a quienes propaguen rumores y azucen a la población. “Lo de Huaycán no fue algo espontáneo”, afirma. 

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