WUFNacieron para obligar a los conductores a desacelerar y evitar accidentes de tránsito. No obstante, cuando los reductores de velocidad, conocidos popularmente como ‘rompemuelles’, no cumplen con las características que dictan las normas, el perjuicio se extiende a toda la ciudad.

Un recorrido por la ciudad evidencia que hay al menos 10 tipos de rompemuelles, 6 de ellos antirreglamentarios por sus errores de diseño o su mala ubicación. Para Alfonso Flórez, gerente general de la Fundación Transitemos, entre el 60% y el 70% de reductores de Lima serían irregulares.
¿Qué indican las normas sobre los reductores de velocidad?
La Resolución de Gerencia N° 202-2014-MML/GTU regula los criterios técnicos para la instalación de reductores en Lima.
De acuerdo con la norma, las personas naturales o jurídicas pueden solicitar su instalación ante los municipios distritales. Luego, las comunas deben enviar las solicitudes a la GMU para que sean evaluadas. “La instalación de nuevos reductores de velocidad deberá informarse por el Municipio que corresponda, al Ministerio de Salud, la Policía Nacional del Perú y al Cuerpo Nacional de Bomberos en un radio de 500 m de los locales de estos bajo su jurisdicción”, añade la resolución.
Son cuatro los tipos de reductores establecidos. En primer lugar, están los resaltos circulares o ‘gibas’. Pueden tener una altura entre 3 y 8 cm y un ancho de entre 80 cm y 3,5 m. En segundo lugar, los resaltos trapezoidales presentan una sección plana a nivel de las veredas para permitir un paso peatonal y también cuentan con dos rampas; la pendiente de estas rampas puede oscilar entre 4% y 12,5%, conforme a las características de cada vía.
Para ambas categorías, los reductores deben tener franjas diagonales de color amarillo y negro, y deben colocarse señales verticales cerca.
En tercer lugar, se encuentran los resaltos virtuales, que consisten en una pintura en el pavimento que genera la percepción visual de un reductor para inducir al conductor a disminuir la velocidad. “La dimensión recomendada es de 2 a 3 metros de ancho a lo largo de la calzada”, indica la resolución.
Finalmente, están las bandas transversales de alerta, que producen efectos sonoros o vibratorios cuando los vehículos pasan sobre ellas para alertar a los conductores de cambios en las condiciones de la vía o su entorno.
Conforme a la normativa, el mantenimiento o reposición de los resaltos está a cargo de los solicitantes o los municipios distritales. Las comunas pueden retirar, reemplazar o adecuar los reductores que no tengan autorización o no cumplan las especificaciones. “La Subgerencia de Ingeniería de Tránsito [de la MML] se encuentra facultada para supervisar y fiscalizar el cumplimiento de la presente Directiva”, se lee.
¿Qué tipos de reductores encontramos en las calles?
En la Av. Arriola en La Victoria, por donde circulan vehículos privados y de transporte público, encontramos un reductor giba que tiene más de 12 centímetros de altura, 4 cm más de lo que indica la normativa. A unos metros, el cruce de las calles Fermín Tangüis y Francisco Graña tiene un resalto trapezoidal, cuyas rampas tienen una pendiente de 19%.

Uno de los reductores más polémicos en Lima se encuentra en la subida de la Av. Huaylas desde la Costa Verde, pese a que la ley establece que no deben estar en una pendiente donde el sentido del tránsito sea en dirección al ascenso. “Esto genera un sobresfuerzo adicional al que ya tiene el vehículo por subir la pendiente. Y crea caos y congestión, porque tiene que parar para pasar”, opina Flórez.

La falta de conservación de estos elementos impide que cumplan su función prevista. Por eso, las grietas del rompemuelle en la cuadra 7 de la Av. Alejandro Iglesias en Chorrillos se han convertido en un obstáculo para las unidades.

Así también, ubicamos dos resaltos circulares a una distancia menor a 30 m entre ellos en la cuadra 9 del Jr. Francisco Rivas en La Victoria.

Los reductores generan polémica entre los vecinos que los colocan y los conductores que piden su retiro. Esto ocurre en la cuadra 11 del Jr. Italia, donde los residentes justifican haber construido dos gibas sin la autorización de la Municipalidad de La Victoria por los colegios cercanos.
Voces de expertos
Flórez recordó que los reductores de velocidad no pueden colocarse sin autorización de la MML. Además, invitó a que las autoridades locales realicen un análisis posterior de los resaltos para determinar si amerita retirarlos o actualizar sus condiciones. “Son un peligro. Si se encuentra un reductor mal diseñado o mal ubicado, hay complicidad del municipio local”, sostuvo.
Karsten Kunckel, presidente de la Asociación Automotriz del Perú (AAP), declaró a El Comercio que los rompemuelles irregulares dañan la suspensión de los vehículos. Asimismo, comprometen los frenos. “En el Perú se gasta mucho más en pastillas de freno que en otros países por la cantidad de rompemuelles y esto puede generar accidentes, porque los vehículos circulan con los frenos desgastados. Además, el hecho de frenar y acelerar constantemente incrementa el consumo de combustible en por lo menos un 30%, causando una contaminación exagerada”, detalló.
En esa línea, Flórez opina que los daños en las unidades que ocasionan los reductores antirreglamentarios exponen a la ciudadanía a siniestros viales. Así también, mencionó que su mala ubicación incrementa el tráfico vehicular.
NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.













