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El Metropolitano ya no da para más, por Pedro Ortiz Bisso

Estaciones como Naranjal, Matellini o Canaval y Moreyra hierven de público al punto de atentar contra su propia seguridad.

Metropolitano acoso

Acoso sexual en el Metropolitano

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El Comercio

Tomar aire, esconder la panza y hacerse la idea de que en los próximos minutos tendrá que viajar con la sensación de que una parte de su cuerpo está en un lado y el resto a varios metros de distancia, con un codo ajeno aplastándole la nariz, el cuerpo bamboleándose entre quienes buscan un lugar donde acomodarse, mientras el ambiente es invadido por ciertas emanaciones imposibles de olvidar.
Así suele ser la experiencia de quienes viajan en el Metropolitano en la hora punta que, como saben quienes viven en Lima, debe ser la única del mundo que dura 24 horas (y a veces pareciera que más).

Aunque ha partido irremediablemente en dos a Barranco, el Metropolitano es, por lejos, una de las mejores cosas que le ha podido pasar al transporte público de Lima en los últimos 30 años. Le ha dado cierto orden a un servicio caótico y unido a 12 distritos de la capital.

Es, además, la obra más importante del alcalde Luis Castañeda, a pesar de su conocida fascinación por todo aquello que lleve cemento.
Pero, tal como está, no da para más. Estaciones como Naranjal, Matellini o Canaval y Moreyra hierven de público al punto de atentar contra su propia seguridad. No hace falta imaginar qué ocurriría ante una emergencia cuando ríos de gente pugnan por hallar un lugar en uno de los buses.

Cada día se realizan unos 720 mil viajes por la ruta troncal. La flota la integran 300 buses que, de acuerdo con lo señalado por Pro Transporte, no puede ampliarse porque la infraestructura vial no soporta más.

Recordemos que la vía entre Matellini y Naranjal constituye el llamado Corredor Segregado de Alta Capacidad (Cosac) I, parte del Sistema Metropolitano de Transporte. Y que a pesar de llevar siete años en funcionamiento, aún no ha sido concluido, ya que restan construir ocho kilómetros entre la estación Naranjal (Independencia) y Carabayllo.

Durante la gestión de Susana Villarán se anunció su conclusión, así como la puesta en marcha del Cosac II, que uniría Ate con el Callao. Pero todo volvió a fojas cero cuando se advirtió que gran parte de la ruta se superponía con la línea 2 del metro.

El gran drama de nuestra querida Lima es que mientras millones de pasajeros pierden horas de sus vidas subiendo y bajando de combis, coasters colectivos, taxis y buses, a la fecha no tenemos ni línea 2 ni otro Metropolitano.

¿Cuándo se construirán los kilómetros restantes del Cosac I? ¿El ministro Giuffra logrará el ansiado ‘destrabe’ del metro que su antecesor con tanto ahínco prometió muchas veces? ¿Tendremos alguna vez la prometida Autoridad Única de Transporte?
Todas estas preguntas pueden resumirse en una sola: ¿alguna vez los limeños podremos contar con un servicio de transporte público digno?

Es imposible dar una respuesta.

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