El testimonio de Jesús, Juan Carlos y Alexander, tres socorristas que el último fin de semana estuvieron en Carapongo. (Foto: Rolly Reyna / El Comercio)
El testimonio de Jesús, Juan Carlos y Alexander, tres socorristas que el último fin de semana estuvieron en Carapongo. (Foto: Rolly Reyna / El Comercio)
Renzo Giner Vásquez

Soy Alexander y tengo 40 años, Juan Carlos tiene 44, y Jesús, 39. Soy ingeniero y mis dos compañeros se dedicaron a la vida militar. Jesús es un héroe nacional por su participación en el Cenepa. Todos planeamos seguir en esto hasta que Dios lo permita.

Juan Carlos improvisa un arnés con una cuerda que siempre lleva con él. Amarra el extremo de otra cuerda a un viejo tronco y se lanza a las aguas del río Rímac. Alexander y Jesús lo siguen en este entrenamiento. Los tres miembros de la Reserva Activa de la Policía Militar del Cono Norte, creada en el 2014 y que cuenta con 60 reservistas, estuvieron en Carapongo el último fin de semana apoyando en las labores de rescate.

—¿Cuántas emergencias han atendido hasta ahora? Alexander: Son innumerables. Hemos acudido a accidentes de empresas, incendios, evacuación de casas en los cerros. Nosotros estamos donde no llega la ayuda. No solo un bombero está capacitado para esto.

—Además, como los bomberos, su labor es totalmente voluntaria...  Jesús: Así es, esta asociación es sin fines de lucro. No tenemos ningún sueldo ni remuneración. Pese a ello, acudimos a las emergencias así sea día de semana o domingo, y eso causa que a muchos compañeros les descuenten en sus trabajos. La mayoría de empleadores no se sensibiliza con esto.  Alexander: Hoy, por ejemplo, hemos ido a trabajar antes de esta entrevista, y al finalizar volveremos. Los domingos, día en el que solemos entrenar, desayunamos con nuestras familias, salimos a entrenar y volvemos corriendo para almorzar con ellas. Debemos hallar un balance entre familia, comunidad e institución.


—¿En qué consiste su entrenamiento? Juan: Todos hemos pasado por el servicio militar, cuando este era obligatorio. Ahora, en la asociación, yo soy el encargado de la instrucción. Acá el físico es muy importante, hay casos de gente muy inteligente pero que ha desistido por la falta de físico. Otro punto importante es que todos los socorristas debemos conocer de primeros auxilios para tratar a un herido o recuperar un cuerpo. Sin embargo, tenemos muchas limitaciones, nos faltan muchos implementos, un lugar donde entrenar.  Jesús: Nosotros íbamos al cuartel La Pólvora, pero nos han cerrado las puertas. No sabes cuánto agradeceríamos que nos donen implementos de seguridad o nos ayuden con un lugar donde poder entrenar. No queremos dinero, solo que nos permitan seguir socorriendo a las personas, eso es todo.

Los socorristas de la Reserva Activa de la Policía Militar del Cono Norte nos permitieron registrar una de sus sesiones de entrenamiento. A falta de un lugar propio se preparan en las orillas del río Rimac. (Video: Rolly Reyna)

—Parte de la misión de su asociación es “revalorar la imagen del soldado”. Alexander: Hay muchos jóvenes que ahora se arrepienten de no tener instrucción militar, les duele no poder ayudar a su patria.  Jesús: Cuando estamos en época de paz el soldado es discriminado, pero en tiempo de guerra o emergencia nacional nos reclaman. Hay una falta de aprecio.  Juan Carlos: Pero cuando nos licenciamos, besamos la bandera, guardamos nuestro armamento y decimos lo siguiente: “Dejo mi arma y la usaré cuando ella me necesite”. Ahora que la sociedad nos necesita debe saber que habrá un reservista, a pesar de los obstáculos, porque nuestra voluntad de ayudar siempre está ahí.


—¿Cómo podrían expresar la situación en Carapongo? Jesús: Es realmente dramática. En Lima no se había visto una tragedia de esa dimensión. Lo que se vive en Huarmey, Piura, Chiclayo, Trujillo… es desastroso.  Alexander: Lo más impactante no ha sido la destrucción, sino la ausencia de medicinas. Hablamos de agua, de comida, pero no había medicamentos, es algo que te desespera. Ayudábamos en un punto y avanzábamos solo para encontrarnos con una multitud mayor. Imagínate cómo uno se siente.

—¿Cómo manejan ustedes la frustración?  Alexander: Primero debemos calmar a la gente. Lógicamente la impotencia está desde el inicio, todos querríamos cargar 200 kilos y llevárselo a las personas, pero no podemos.

—Hacen un poco de psicólogos también.  Jesús: Tienes toda la razón, hay muchos casos de personas que no han comido hace tres días, que han dormido sobre el techo. El aliento que les puedes dar también ayuda. Intentamos que se sientan con la moral un poco más alta, que guarden la esperanza.


— En medio de tanta tragedia hemos visto muchas muestras de solidaridad...  Jesús: Hay bastante ayuda. El domingo he visto a personas de diferentes condiciones económicas sumándose. Camionetas, moto taxis, todas llegaban con ayuda. La ciudadanía se ha sensibilizado con esto y está apoyando.  Juan Carlos: Y ahí se necesita mucha organización, tampoco podemos exponer a esos voluntarios al peligro. Nosotros reconocemos el terreno previamente, medimos la altura del agua, dónde pisaremos y con ello determinamos por dónde trasladar la ayuda.  Alexander: El domingo, por ejemplo, llegó un grupo de 180 voluntarios. Los dividimos  en pequeños grupos para poder ayudar a diferentes puntos y en diversas situaciones. Por ejemplo, un grupo de alumnos de la Universidad Agraria se organizó para ayudar exclusivamente a los animales. Es un punto importante que a veces se olvida. Nosotros pasamos por una granja en la que había más de mil pollitos enterrados. La dueña de esa casa, que había perdido su granja, su única fuente de ingreso, no dudo en matar a seis de sus gallinas para hacer un caldo que le dio a otros damnificados. Gestos así te conmueven.

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