La higiene es fundamental para protegerse del coronavirus.
La higiene es fundamental para protegerse del coronavirus.
Pedro Ortiz Bisso

Hace unos días, cuando la confirmación del primer caso de en el país era inminente, utilicé este espacio para pedir a las autoridades de la Liga 1 que hicieran lo posible para que los estadios donde se desarrolla el torneo de fútbol profesional tuvieran mínimas condiciones de salubridad.

En pocas palabras, que se aseguraran de que hubiera agua y jabón en los baños ubicados en las tribunas, y en los camerinos de futbolistas y árbitros.

Como aludí al clásico que se jugará mañana en el Monumental, no faltaron los hinchas de Universitario que sugirieron que era parte de una campaña para boicotear la realización del partido. Afortunadamente, en Ate y la Liga 1 entendieron el mensaje y anunciaron que mañana los baños del coloso crema tendrán agua, jabón líquido y gel antibacterial a disposición de los hinchas.

¿Por qué pedir un mínimo de higiene causa tanto ruido? Es que, como señala el doctor Elmer Huerta, en el Perú hemos normalizado la suciedad. No nos llama la atención encontrar baños donde parece que el desinfectante es un intruso, y el agua potable, un inquilino precario. Esto lo vemos, y lo sufrimos, tanto en lugares donde supuestamente se salvan vidas –desde hospitales hasta centros de salud–, como en recintos de alta concentración de público como parques zonales, supermercados, cines, teatros y, por supuesto, recintos deportivos.

Quienes asistieron a los pasados Juegos Panamericanos celebrados en Lima recuerdan aún maravillados la pulcritud que encontraron en los servicios higiénicos de cada uno de los escenarios. Lo que resulta normal en cualquier país civilizado, para nosotros es de una extrañeza surreal.

Lo más probable es que, como ha ocurrido en otros países, el caso del aviador comercial infectado con el COVID-19 sea el primero de varios. El reto es que su número sea reducido. Una de las maneras de conseguirlo es acabar con esta ‘normalidad’. Para ello, no hace falta solo un compromiso del Estado; la chamba es nuestra también. Es momento de dejar de lado el conformismo, acabar con el “estamos en el Perú, pues”, y empezar a exigir. No será fácil, pero no debemos postergarlo más.



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