Redacción EC

El incremento de la oferta y demanda inmobiliaria en Lima mantiene encerradas a algunas casas cercadas entre altas torres construidas alrededor de ellas. Las construcciones no solo han cercado a las familias, sino que también han causado rajaduras en las paredes.

Por ejemplo, la vivienda de Nelly Ahumada Vega en Magdalena tiene paredes agrietadas debido a la construcción del edificio colindante. A Cirilo Mariño Pereda, otro vecino de Magdalena, peritos municipales le han dicho que su casa debe ser arreglada debido a los daños causados por los trabajos de al lado. “La inmobiliaria ha prometido hacerlo, pero esta semana un ingeniero nuevo me dijo que no sabía nada de mi caso”, contó a El Comercio.

Especialistas consultados por El Comercio coinciden en que las inmobiliarias deberían apuntar a construir edificios más altos, pero rodeados de áreas verdes y de espacios públicos, como en Bogotá. No obstante, en distritos como Magdalena, Jesús María o Pueblo Libre los edificios se construyen uno pegado del otro.

“Antes, desde la ventana de mi sala, veía el cielo y un jardín, hoy mi vista es cemento y ropa colgada”, dice Carmen Costa Tello, otra propietaria a la que el aumento de edificios le cambió la vida.

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