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Baldomero Pestana: el fotógrafo se hizo visible

El autor de muchas de las más icónicas imágenes de nuestros artistas mayores es motivo de una muestra en el MAC Lima

Baldomero Pestana: el fotógrafo se hizo visible

Baldomero Pestana: el fotógrafo se hizo visible

La imagen inolvidable de Martín Adán en planchado terno a rayas y sombrero demodé con la Ermita de Barrando detrás. Ciro Alegría leyendo relajado el diario, con el cigarrillo entre los dedos. Arguedas solo, de mirada triste y profunda. López Albújar a los 91 años, sentado en un rincón de su casa mirando al frente, como quien espera a la muerte. El gallego Baldomero Pestana (1918-2015) fue el autor de aquellos y muchos otros retratos que hoy configuran nuestra memoria visual. Autores mayores como Raúl Porras, Alberto Hidalgo o Lajos D’Ebeneth, o los entonces jóvenes brillantes Vargas Llosa, Sologuren, Eielson o Blanca Varela. El artista español es el responsable de confeccionar un amplio álbum familiar de la cultura peruana de finales de los cincuenta y la década siguiente.

Sin embargo, llama la atención que el autor de imágenes tan recordadas (es autor, incluso, del retrato de Víctor Raúl Haya de la Torre que aparecía en los billetes de 50 mil intis) haya sido borrado de nuestra memoria con tal descuido, que por años nadie sabía a quién pertenecían imágenes que han seguido reproduciéndose hasta hoy. Ese olvido histórico se corrige con “Baldomero Pestana: retratos peruanos”, que inaugura próximamente el Museo de Arte Contemporáneo con el auspicio del BBVA. Para Fietta Jarque, responsable de esta exposición, aquella invisibilidad del artista pudo haberse debido a su propia inseguridad, así como al haber tomado distancia de Lima, donde su trabajo fue mucho más relevante que el que pudo desarrollar previamente en Buenos Aires o posteriormente en París. La periodista peruana radicada en España recuerda las últimas confesiones que el fotógrafo compartió con ella, mientras preparaban el libro con sus fotografías que acompaña la exposición: “Si volviera a vivir, trataría de darle más relevancia a mi trabajo. No tuve suficiente fe en mí mismo como artista”, le decía en su casa de Lugo, en Galicia, donde vivía retirado, acompañado por su familia. 
“El hacía fotos para sí mismo. Nunca recibió un centavo por su trabajo. Consideraba que el valor de su obra respondía al gusto personal que sentía al hacer esas imágenes, lo hacía por amistad o por admiración”, señala Jarque. Por supuesto, aclara la curadora, el fotógrafo sabía muy bien lo que hacía, cuáles eran sus mejores fotos y cuáles resultaban más convencionales. “Él mismo escogió las fotografías para esta exposición. Como curadores no hemos tenido ninguna posibilidad de elegir”, comenta. 


Martín Adán 
(1927-1985)
“Para las fotos de Martín Adán, Juan Mejía Baca lo hizo bañarse, peinarse, ponerse un terno, hasta llevó sombrero que ya estaba pasado de moda” (1960).

EL FOTÓGRAFO INVISIBLE
“Baldomero Pestana, fotógrafo y dibujante, falleció ayer a los 97 años. El artista, natural de Castroverde, de donde era hijo predilecto, retrató, entre otros, a Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Roman Polanski. Recibirá sepultura esta tarde a las 18.00 horas en Castroverde”, es el solitario párrafo que le dedicó el diario “La voz de Galicia” el día de su muerte, el pasado 8 de julio. Y es que, como señala Fietta Jarque, si en el Perú había sido olvidado al partir a fines de los años sesenta, en España era absolutamente desconocido. “¡Ni siquiera los expertos en fotografía lo conocen!”, lamenta. Por el contrario, en el Perú, los artistas que posaron para él lo recordaban perfectamente. “Junto con Pepe Casals, ambos eran los fotógrafos artísticos de la época”, dice.

La propia curadora descubrió al veterano fotógrafo hace dos años, cuando el Museo do Pobo Galego, en Santiago de Compostela, reunió un centenar de sus obras, entre fotografías y dibujos a lápiz hiperrealistas, para organizar una pequeña muestra. “Fue entonces cuando me aproximé a él”, explica Jarque. 

“Me llamo Baldomero Pestana, no hay segundo apellido ni segundo nombre”, le dijo el fotógrafo en la primera entrevista que Jarque sostuvo con él. Nacido el Día de los Inocentes, en la parroquia gallega de Pena, era hijo de madre soltera, campesina. Era 1919, año en que finalizaba la Primera Guerra Mundial.

Para la periodista, aquella serie de entrevistas con el anciano fotógrafo resultaron especialmente conmovedoras. En España, salvo a Vargas Llosa, nadie reconocía a sus artistas retratados. “Cuando hablaba con él y le preguntaba qué personajes peruanos había fotografiado, me di con que los había conocido a todos”, recuerda.


Sebastián Salazar Bondy (1924-1965)
“Con Sebastián Salazar Bondy fuimos amigos, vivíamos cerca. Me gustaban mucho sus libros. Sebastián se prestó muy contento a las fotos... Esa foto con la máquina de escribir con el rostro tan especial que tenía, el pelo peinado a la gomina. Y otras. La de la ventana le gustó tanto, que escribió un poema sobre ella” (1964).

EL OJO DE PESTANA
Frente a sus modelos, Baldomero Pestana buscaba capturar la esencia del personaje. En sus entrevistas, el fotógrafo recuerda que una vez se encontró con Borges en Lima, caminando por la calle. Entonces lo fotografió, pero no quedó conforme con ese material, esperando mejor suerte en una ocasión futura. En efecto, años después tuvo la oportunidad de fotografiarlo en París, pero entonces el genial argentino ya estaba ciego. “Baldomero no lo quiso fotografiar esta vez, porque no soportó ese vacío en la mirada. Para él, la mirada del retratado era fundamental”, recuerda Jarque.
Pero Pestana no solo se fijaba en la persona, sino también en la escenografía alrededor. Sus imágenes resultan despojadas, casi minimalistas, muy modernas. Como influencias, pueden rastrearse los trabajos de autores mayores como Irving Penn, Arnold Newman o Cartier-Bresson. Asimismo, un factor fundamental en sus fotografías es el manejo de la luz natural. En sus declaraciones, Pestana elogia siempre la luz limeña, que él utilizó para suavizar las formas y los contrastes, así como dulcificar los grises. 


La poeta. Discreta, inconformista, irónica. Retrato de Blanca Varela en Lima, 1966.

En su residencia en Lugo, Baldomero Pestana dejó tras su muerte un archivo de 17 mil negativos, muchos de ellos inéditos. Una fuente extraordinaria de documentación no solo de la plástica peruana, sino también latinoamericana. Queda aún mucho por ver de este gran fotógrafo que, por fin, recupera su crédito.

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