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Bienalsur: Hablan los directores del megaproyecto artístico nacido en Argentina

Bienalsur recorre 18.370 km de arte alrededor del mundo. A su paso por el Perú, hablamos con Aníbal Jozami y Diana Wechsler, sus directores

Bienalsur: Hablan los directores del megaproyecto artístico nacido en Argentina

Bienalsur: Hablan los directores del megaproyecto artístico nacido en Argentina

La videoinstalación “El ciclo de la intensidad”, del argentino Charly Nijensohn, se presentó en Buenos Aires.

Bienalsur: Hablan los directores del megaproyecto artístico nacido en Argentina

No hay países ni nacionalidades en este proyecto. O, al menos, sus denominaciones han cambiado. Lima es el km 4.412; Tokio, el km 18.370. Y Buenos Aires, específicamente la sede de la Universidad Nacional Tres de Febrero (Untref), es el km 0, el punto de partida para toda la red de manifestaciones artísticas denominadas Bienalsur.

“Esto surge de una vieja intención de hacer una bienal de arte en Buenos Aires –explica el director del evento, el argentino Aníbal Jozami, durante su paso por Lima–. Había una contradicción entre la importancia de la ciudad y que no hubiese una bienal bien hecha”. Su inspiración era, evidentemente, tratar de equiparar las megaexposiciones de Europa, Estados Unidos y el primer mundo, pero desde tierras australes. Y el juego de palabras con el nombre de esta recién nacida bienal lo dice todo. “El concepto de Bienalsur es estar en la globalidad, pero desde el sur”, agrega.

—Largo proceso—
El proyecto, que se terminó de planificar en agosto del 2015, fue presentado a los ministros de Cultura de varios de los países de la región. Luego se lanzó la convocatoria para recibir propuestas artísticas, que terminó convocando a más de 2.500 proyectos de 78 países. Y así, tras dos años de trabajo, finalmente Bienalsur se materializó el mes pasado: su primera edición se desarrolla a escala mundial desde setiembre, y concluirá en diciembre de este 2017.

Diana Wechsler, directora artística de Bienalsur, explica la naturaleza del evento: “Nuestra convocatoria se basó en la libertad absoluta. La lógica moderna del arte solo ha intensificado la presencia del mercado; por lo tanto, nosotros decidimos desactivar estos formatos tradicionales: presentar un proyecto abierto, horizontal, sin un curador central que marque temas, sin representaciones por países o regiones, sin cupos, y que realmente estuviera constituido por muchísimas voces”.

Aun con toda esa libertad, Bienalsur sí traza sus muestras sobre cinco ejes curatoriales bien definidos: las curadurías Bienalsur (con las obras presentadas a las convocatorias abiertas), colección de colecciones (con exposiciones ya constituidas que se unen al proyecto Bienalsur), arte y acción social (que aborda temas relevantes como la memoria, el medio ambiente, la discriminación, entre otros), arte en las fronteras (con trabajos realizados en límites entre países) y arte en el espacio urbano (en el que las obras se encuentran con la comunidad e interrumpen su inercia cotidiana).

—Encuentro sin fronteras—
La dinámica de Bienalsur les ha permitido, como explica Jozami, reunir tanto a artistas emergentes como a otros artistas consagrados. Allí están, por mencionar solo algunos nombres de todo el universo creativo, la brasileña Regina Silveira, los franceses Christian Boltanski y Tatiana Trouvé, los portugueses Pedro Cabrita Reis y Cildo Meireles, la argentina Graciela Sacco, entre otros.

La videoinstalación “El ciclo de la intensidad”, del argentino Charly Nijensohn, se presentó en Buenos Aires.

La videoinstalación “El ciclo de la intensidad”, del argentino Charly Nijensohn, se presentó en Buenos Aires.

Aníbal Jozami, director general de Bienalsur, y Diana Wechsler, directora artística, estuvieron en Lima. (Foto: Eduardo Cavero)

La videoinstalación “El ciclo de la intensidad”, del argentino Charly Nijensohn, se presentó en Buenos Aires.

Para ser la primera edición, Bienalsur ha comenzado con un despliegue sumamente ambicioso. “¿Por qué crees que tenemos esta cara de cansados?”, dicen Jozami y Wechsler, entre la extenuación y la risa, pues no ocultan su entusiasmo por el megaproyecto.

Y en cada uno de sus constantes viajes por los puntos donde activan sus manifestaciones artísticas, el equipo solo carga con dos elementos: el mapa y el pasaporte Bienalsur. Dispositivos simbólicos, sí, pero que les permiten reafirmar su idea de una cartografía que los guía por los derroteros de la creación, y un documento que les abre las vías a una verdadera integración regional. Cada kilómetro cuenta en ese largo pero satisfactorio viaje.

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