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Bernardo Bitti, creador de "La virgen y el niño" (en la imagen) llega al Perú el 31 de mayo de 1575 para "evangelizar por medio del arte", a solicitud del Provincial de la Compañía de Jesús. Sus años previos en Italia se desconocían hasta ahora. (FOTO: Museo de Osma)

Bernardo Bitti, creador de "La virgen y el niño" (en la imagen) llega al Perú el 31 de mayo de 1575 para "evangelizar por medio del arte", a solicitud del Provincial de la Compañía de Jesús. Sus años previos en Italia se desconocían hasta ahora. (FOTO: Museo de Osma)

Resumen

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Bernardo Bitti, creador de "La virgen y el niño" (en la imagen) llega al Perú el 31 de mayo de 1575 para "evangelizar por medio del arte", a solicitud del Provincial de la Compañía de Jesús. Sus años previos en Italia se desconocían hasta ahora. (FOTO: Museo de Osma)
Bernardo Bitti, creador de "La virgen y el niño" (en la imagen) llega al Perú el 31 de mayo de 1575 para "evangelizar por medio del arte", a solicitud del Provincial de la Compañía de Jesús. Sus años previos en Italia se desconocían hasta ahora. (FOTO: Museo de Osma)
Por Enrique Planas

Literalmente, su obra le deslumbró como si se le presentara la virgen. Un día, la historiadora de arte italiana Elena Amerio (Asti, 1982) caminaba con su colega Ramón Mujica por el Centro Histórico. Al pisar la sacristía de la Iglesia de San Pedro se produjo el milagro: contemplar por primera vez “La coronación de la Virgen”, la obra del maestro Bernardo Bitti. Para ella, la pintura resultaba muy extraña para el contexto del arte virreinal, lo que le llevó a indagar en su autor, nacido en Camerino, Italia, en 1548. No sabía nada de él. En realidad, nadie en su país conoce hoy a este jesuita, el primer artista italiano que llegó al Perú, reconocido por haber introducido el estilo manierista en la pintura cusqueña y limeña. Fue entonces cuando decidió estudiarlo como tema de su tesis de maestría en la Universidad de Turín. Descubrió que, prácticamente, en los últimos 40 años, desde los trabajos fundadores de Teresa Gisbert y su esposo José de Mesa, nada se había investigado del artista. “Se conocía bien su obra en Perú, pero en Italia nadie le había dedicado un estudio”, afirma. Años después, para Amerio la figura de Bitti no solo se ha convertido en una pasión personal, sino también en un propósito de vida: recuperar su memoria en su tierra natal.