Carlos Cruz-Diez, uno de los mayores artistas venezolanos.
Carlos Cruz-Diez, uno de los mayores artistas venezolanos.
Daniel Goya


Vestía casi siempre con una casaca oscura o una chompa gris. Solo en algunas pocas imágenes se le puede ver con una bufanda roja o algún implemento que se aleje de la escala de grises. Sus fotos lo delataban: el color se le escapaba para que pueda aplicarlo al mundo. Como una caja de crayones muy usada a la que solo le quedan los colores blanco y negro. El venezolano Carlos Cruz-Diez, fallecido el último sábado en París, a los 95 años, era solo un niño cuando se dejó invadir por el color, sus reflejos y su poder. Era todavía pequeño y en una de las tantas tardes en las que visitó la fábrica de gaseosas de su padre vio algo que lo definiría para siempre.


La luz del sol interactuaba con los vidrios de colores de las botellas. Era un espectáculo fascinante: las tonalidades, la calidez, el contraste y el brillo. Fue tal vez la primera vez que Cruz-Diez estableció una relación entre el movimiento y el color.

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A los 17 años ingresó a la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Venezuela. Cuatro años más tarde ya era ilustrador y diseñador gráfico. Trabajó en la revista “El Farol” de la Creole Petroleum Corporation, dibujó cómics para diarios de su país. En 1946 asumió la dirección creativa de la agencia publicitaria McCann-Erickson Venezuela y, en 1953, se convirtió en ilustrador del periódico “El Nacional”.

—La vida es un proyecto—

“Soy investigador, soy un experimentador. La vida es un proyecto. Cuando se acaba el proyecto, se acaba la vida”, llegó a decir Cruz-Diez en el 2015 en un reportaje que le hizo la BBC. Un año antes, el artista explicó al mismo medio cómo veía su propio trabajo. “Intento evidenciar el color como una situación efímera, como una realidad autónoma en continua mutación. El color es el mundo de lo afectivo, hay colores que producen alegría y hay colores que producen tristeza. Otros producen múltiples sensaciones”, indicó.


Carlos Cruz-Diez también prefería la calle del peatón al taller del artista. “Abandoné el muro por el espacio. Nosotros no hacemos cuadros, hacemos situaciones, en las cuales las cosas están cambiando constantemente en el tiempo y en el espacio”, llegó a decir alguna vez.
Sus trabajos más recordados son las intervenciones en exteriores. Hoy, todavía, el suelo colorido que diseñó en el terminal del aeropuerto de Caracas sirve como un mensaje de esperanza para todos los venezolanos que se despiden de sus familias antes de dejar su país en crisis.


—Libertad para el color—

Para Cruz-Diez, el color era suficiente. No necesitaba de formas ni límites ni contenciones. El color, en la visión del artista venezolano, puede existir sin ayuda de la forma y no necesita de un soporte. Así, con sus intervenciones coloridas, enormes y callejeras demostraba que el color podía ser libre, ser una realidad autónoma e independiente.


A lo largo de 70 años de carrera artística y académica, Cruz-Diez realizó ocho investigaciones acerca de la autonomía del color y concretó más de cien integraciones de arte en el espacio público. Hoy sus obras forman parte de las colecciones del MoMA de Nueva York, la Tate Modern de Londres y el Centro Pompidou, en Francia.

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