Resumen

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“Cuando la obra de una artista supera las palabras, se impone la contemplación silenciosa. El lenguaje –engañoso instrumento racional y estructurado– está lejos de descifrar la relación entre Silvia Westphalen y la piedra, ese mundo tan sutil y delicado”, comenta Giulio Sangiorgi, autor del texto de presentación de la muestra. (Foto: Alessandro Currarino)
“Cuando la obra de una artista supera las palabras, se impone la contemplación silenciosa. El lenguaje –engañoso instrumento racional y estructurado– está lejos de descifrar la relación entre Silvia Westphalen y la piedra, ese mundo tan sutil y delicado”, comenta Giulio Sangiorgi, autor del texto de presentación de la muestra. (Foto: Alessandro Currarino)
Por Enrique Planas

En entrevistas previas con la escultora Silvia Westphalen, a su voz solían sumarse los agudos sonidos de una moladora, un quejido metálico que resuena entre nubes de polvo del mármol travertino. Pero esta vez no estamos en el taller de la artista, sino en la silenciosa galería del Centro Cultural Inca Garcilaso. Las obras ya están dispuestas, algunas realizadas a lo largo de estos dos años de pandemia, y otras que podrían formar una breve antología de su carrera. “Selva” se llama la exposición que inaugurará el próximo martes 22 de marzo, en la que persiste en su exploración de la piedra, que ella corta y rebana hasta formar figuras que nos remiten a frágiles formas de la naturaleza.

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