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Farruquito: “Yo no puedo dejar de improvisar”

Sobre esa celebración de la vida que es el flamenco y su pureza en este mundo caótico, charlamos con el ilustre bailaor que se presentará en el Gran Teatro Nacional

Farruquito

Proveniente de una dinastía excelsa de gitanos, bailaores y artistas, Farruquito electriza escenarios del mundo con su talento. Él señala: “La pureza es sinónimo de verdad”. (Foto: Iván Martínez)

Ser farruco es mostrarse con actitud valiente y desafiante. O ser altanero en su expresión más noble. Farruquito es el alias del bailaor español Juan Manuel Fernández Montoya, de 36 años. El diminutivo tiene una explicación familiar. Ahí está su abuelo Antonio Montoya, gitano y emblema gigante del flamenco, más conocido como Farruco. O su madre, la bailaora Rosario Montoya, la Farruca. Toda una dinastía del baile jondo.

El arte de Farruquito electriza escenarios. Y medios como “The New York Times” se han rendido ante su talento.

La trayectoria de Farruquito cuenta con un grave episodio judicial y penitenciario, sin embargo. En el 2003, él manejaba sin licencia de conducir, excedía el límite de velocidad, cruzó la luz roja y atropelló a un peatón. Este no sobrevivió. Farruquito se dio a la fuga. Tras un largo proceso, fue sentenciado a tres años de cárcel, pero en vista de su buena conducta se le redujo la pena. En entrevista telefónica con El Comercio, Farruquito prefirió no hablar del tema.

El 1 y 2 de octubre, el Gran Teatro Nacional acogerá su baile apasionado, expansivo y vital.

— ¿Qué es ser gitano en la actualidad?
Ser gitano en la actualidad es más o menos lo mismo que no serlo, porque, gracias a Dios, hoy estamos totalmente integrados en la sociedad, aunque haya mucha gente que todavía no quiere que nos integremos y que sigue siendo racista, pero nosotros hemos podido decirle a todo el mundo que somos exactamente iguales que los demás.

— El arte sirve para establecer ese diálogo.
El arte ha sido fundamental para darnos a conocer y para que la gente vea que muchos tópicos no tienen nada que ver con la realidad.

— ¿Qué representas cada vez que bailas? ¿Es la reafirmación de algo?
Cada vez que bailo, no trato de representar nada. Trato de representarme a mí mismo: quién yo soy en ese momento, simplemente.

— ¿Y quién eres? ¿O depende del momento? ¿Vas mutando?
Creo que sí. Conforme uno va aprendiendo, experimentando cosas o va viviendo diferentes situaciones, va modificando un poco su persona y creciendo, o menguando algunas veces, según el momento. Y eso, cuando le pones música, flamenco o cualquier tipo de arte, pasa de ser un simple cambio de estado anímico a ser una danza totalmente distinta, una celebración de la vida que no tiene que ver con el moverse bien o mal, sino que va más allá de todo eso.

Has dicho que antes eras más espontáneo o inconsciente, y que ahora procuras ser más estructurado en tus propuestas.
Lo que estoy buscando ahora es el equilibrio de formar una estructura de un espectáculo que camine por sí solo. Y dentro de ese caminar, que yo pueda ser igualmente libre con mi improvisación, porque yo no puedo dejar de improvisar, pues como persona soy así. Pero esta vez estoy buscando un equilibrio entre las dos cosas, porque creo que en ese balance está el secreto de muchas cosas.

— El flamenco es un género muy tradicional. ¿Qué lugar tiene la pureza en la actualidad?
El flamenco no es un género tradicional. Es un género vivo que puede ser tradicional y moderno al mismo tiempo gracias a su pureza. Para mí, la pureza es sinónimo de verdad y la verdad es que no se puede ser tradicional en el año 2018 y ser igual de tradicional en el año 2045. La tradición es también algo que evoluciona por sí sola. Por tanto, si el flamenco es algo que está tan vivo, tan despierto, que es tan de verdad, tan del momento o tan de una reunión de flamenco que cuenta la expresión y la vida de un pueblo gitano andaluz, eso no puede ser tradicional a secas. Un gesto de flamenco puede ser más contemporáneo que lo contemporáneo, porque si decimos que lo contemporáneo habla de la similitud entre la vida y el arte, entonces el flamenco es más contemporáneo que el arte.

— Vienes de una familia artística. ¿Te sientes un predestinado?
Yo jamás me he dedicado al baile por el hecho de ser de una familia bailaora. Me dediqué al arte porque me gustaba muchísimo desde pequeño, me divertía jugando a bailar. Entonces, cuando me di cuenta, ya estaba inmerso en ese mundo. En mi familia hay mucha gente que, aunque les guste el flamenco, no baila ni canta. Eso quiere decir que, claro, si te gusta, te dedicas a ello. Es una decisión propia, no es algo que te arrastre. El arte nunca puede ser forzado. Tiene que ser natural.

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