Las ferias de arte limeñas en perspectiva
Las ferias de arte limeñas en perspectiva
Max Hernández Calvo

Las ferias simultáneas Art Lima y PArC, la feria alter nativa APUFF Lima y muchos eventos paralelos hicieron de la semana pasada una de las más agitadas de nuestra escena artística.

Con los años, las galerías peruanas han depurado sus presentaciones, cada vez menos abigarradas y más limpias –especialmente las pocas locales con una línea estética y conceptual definida–. No obstante, los montajes más logrados siguen siendo de las extranjeras: en Art Lima, la galería Rosa Santos (Valencia) y su potente presentación de “Todas las calles del año” de Andrea Cánepa (también en PArC con Wu Galería); en PArC, Isla Flotante (Buenos Aires) y el sofisticado diá- logo que plantea entre las obras de Valentín Demarco y Verónica Madanes.

Sobresale la galería Vermelho por su altísimo nivel y consistencia a lo largo de estos cuatro años. Añado a esta lista de montajes la instalación de Andrea D’Amario, en APUFF.

El principal acierto de Art Lima para esta edición es la figura de la ciudad invitada (Madrid, curada por Eva Ruiz), generando una sección que ofrece un panorama introductorio de un escenario internacional. También cabe destacar la nueva sección Pioneros (curada por Isabela Villanueva), que reunió a artistas consagrados cuya obra supuso una innovación en su contexto histórico.

El acierto fundamental de PArC es seguir apostando por la generación de contenidos curatoriales: los Solo Projects temáticamente articulados (curados por Roc Laseca), el sólido programa de charlas (Miguel López) y, en esta edición, el Proyecto Tijuana de arte impreso (Ana Luisa Fonseca) vinculan la feria a las discusiones claves del circuito artístico internacional.

En Art Lima eché de menos un programa de charlas de calado (recordando la memorable intervención de Luis Camnitzer en la edición del 2014) y una sección de Solos curada, eje de una feria actual (sin mencionar los problemas de relaciones públicas el día de la inauguración). Asimismo, sería bueno que PArC encontrara maneras de difundir sus conversatorios más allá de las fronteras del evento.

Desde una escena artística reducida, cuyo público usual es apenas una fracción de aquel que asiste durante el frenesí ferial, la pregunta por el alcance de estos eventos es especialmente pertinente. Sin un trabajo pedagógico mayor, el gran público atraído por la pompa y el estruendo verá su participación en el mundo del arte reducida a pagar para ir a ver cosas que posiblemente no entiende. Y eso, eventualmente, aburre.

Las ferias son iniciativas comerciales privadas, pero el campo artístico existe al
amparo de su repercusión colectiva. Si reclamamos alguna dimensión trascendente para el arte –y compromiso (incluso económico) con sus eventos– es porque nos dirigimos al conjunto social. Es hora de abrir nuevos canales de diálogo.

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