Redacción EC

Fernando ‘Coco’ Bedoya aprecia la eficacia en el arte. Y más aun en la época en la que vivimos. ‘‘Necesitamos sujetos creativos mas conscientes de poder de lo creativo, porque hay una gran manipulación de la creación en muchas cosas”, señala Bedoya. Y, para él, esa eficacia  está en tocar temas incómodos, políticos, de esos que impulsan y remueven conciencias.

La exposición ‘‘Fernando Bedoya. Lima/Buenos Aires 1979-1999’’, curada por Sharon Lerner y Rodrigo Quijano y que actualmente se exhibe en el Museo del Arte de Lima (MALI), es un ejemplo de eficacia. La muestra recoge el trabajo del autor, peruano radicado en Buenos Aires, durante 20 años, en los que exploró la realidad peruana y argentina a través de la pintura, la fotografía, el dibujo y la serigrafía. Una realidad sensible y activa, que puede ser dura pero que es tocada por el estilo personal de su autor. Un estilo que busca crear arte. Un arte que busca ser un vehículo de lucha.

‘‘El arte es una producción de subjetividad. Y, al ser tan sensible, no sabes muy bien por donde se involucra contigo, y sin embargo estás involucrado”, explica el autor. ‘‘Y esa herramienta en una máquina o institución represiva, funciona al revés. El arte, generalmente, produce un sujeto luminoso, y lo que me preocupa es el sujeto oscuro que crean los medios de comunicación masivos. Y hay que combatir el sujeto oscuro, porque es como un agujero negro”, comenta.

Bedoya es un artista político (ha estado comprometido con las Madres de Plaza de Mayo, por ejemplo), pero reconoce que tiene horror al arte ideologizado. ‘‘Uno tiene que hablar emocionalmente, porque si me pongo a hablar de cosas científicas o políticas y dejo de lado lo emocional, ahí sí nos vamos al diablo”, sostiene. ‘‘Yo le tengo mucho miedo a la cosa ideológica del arte, no porque el arte no sea ideología, sino porque los artistas terminamos siendo lustradores de ideología, y eso está muy mal. El arte muy ideologizado pierde eficacia”, añade.

La mirada aguda
Recorrer la exposición de Bedoya es aproximarse a una realidad (la peruana, la argentina, la sudamericana) pero a través de una subjetividad polémica, aguda, distinta. ‘‘Si no contextualizas lo que te está pasando en un momento social, no tienes un vínculo poético. La creación tiene que ver con una vinculación poética, una temperatura de época. La situación política te sensibiliza, y al hacer arte, que es un registro sensible de la realidad, el contexto cotidiano te tiene que tocar”, comenta el artista.

Bedoya se define como un ‘gaucholo’: está interesado en explorar los lazos entre Perú y Argentina, sobre todo en el tema del indigenismo, que tiene una corriente importante en el país gaucho. Y, por supuesto, el compromiso  político sigue presente en su arte, tocado con eficacia. ‘‘Entiendo la eficacia como abrir espacios de enunciación colectiva, por devolver la cosa subjetiva a la sociedad en una espacio de apertura, de diálogo. El trabajar en zona de riesgo y de conflicto tiene esa cuestión: el ver hasta donde uno puede crear. Hay veces en las que el conflicto te puede superar, pero hay que mover lo incómodo”, recalca.

Fernando Bedoya vivió los cambios en el Perú después de 1968, y vivió los efectos y las luchas que dejó la dictadura argentina. Y su arte, rebelde y pop, es una mirada sensible a esos temas. Una mirada punzante, hecha para remover.

EL DATO

Lugar:  Museo de Arte de Lima (Mali). Parque de la Exposición, Lima.
Horario: Martes a domingo, de 10 a.m. a 8 p.m. Sábados gasta las 5 p.m.
Entrada: Mínima S/.6. Suferida: S/.12. Domingos: S/.1.

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