De izquierda a derecha, Santa Rosa de Lima en interpretaciones de José Luis Carranza, Claudio Coello y Eduardo Tokeshi. Fotos: Museo del Prado, cortesía de los autores.
De izquierda a derecha, Santa Rosa de Lima en interpretaciones de José Luis Carranza, Claudio Coello y Eduardo Tokeshi. Fotos: Museo del Prado, cortesía de los autores.
Enrique Planas

Redactor

enrique.planas@comercio.com.pe

El 11 de agosto de 1670, un año antes de ser canonizada, Santa Rosa de Lima fue proclamada Patrona del Perú, del Nuevo Mundo y de Filipinas. Tanto su ciudad natal como Roma, Madrid y México fueron escenario de fastuosas celebraciones. Se agregaba no solo un nombre más al selecto grupo de divinos elegidos, sino que el fichaje correspondía al de la primera santa oriunda del Nuevo Mundo.

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En efecto, como apunta el experto Ramón Mujica, autor del fundamental estudio “Rosa Limensis”, para la Casa de Austria, los reyes españoles, la beatificación de Santa Rosa representaba el primer triunfo de santidad en Indias. Asimismo, para el Perú, Santa Rosa era ante todo una santa dominica de origen criollo, y, como advierte el estudioso, esto no solo era un galardón para su orden religiosa, sino para todos los sacerdotes nacidos en Indias que, desde el siglo XVI, se encontraban en pugna con los peninsulares.

Muerte de Santa Rosa de Lima. Atribuido a Angelino Medoro, Siglo XVII, Santuario de Santa Rosa. Lima.
Muerte de Santa Rosa de Lima. Atribuido a Angelino Medoro, Siglo XVII, Santuario de Santa Rosa. Lima.

Nacida como Isabel Flores de Oliva el 20 de abril de 1586, en la capital del virreinato del Perú, la vida de la santa estuvo consagrada a la oración, así como a la ayuda a los pobres y enfermos. Si bien ingresó a la Orden Tercera de Santo Domingo, para la época no existía un monasterio femenino de dicha orden en la capital peruana, por lo que convirtió el huerto de su casa en un lugar de retiro y contemplación. Allí, la santa vivió poderosas experiencias místicas y largos periodos de desolación espiritual; además dedicó su tiempo a realizar ciertas labores manuales como la costura, el bordado o el cultivo de rosas. Como señala Mujica, la santa Catalina de Siena fue el modelo espiritual a imitar por la santa limeña. Para el estudioso, es de la Patrona de Europa e Italia de quien Rosa aprende sus maratónicos ayunos, su deseo de vivir solo de la hostia consagrada, sus “desposorios místicos” con el niño Jesús en brazos de la virgen del Rosario, así como sus métodos de oración, su espíritu guerrero contra los enemigos de la eucaristía, su afán catequizador para con los indios y su caridad con los pobres y enfermos.

"Muerte de Santa Rosa", 1668, célebre escultura de mármol realizada por el artista maltés Melchiorre Cafà.
"Muerte de Santa Rosa", 1668, célebre escultura de mármol realizada por el artista maltés Melchiorre Cafà.

La lima del siglo XVII vio en Santa Rosa un emblema acabado de todas las virtudes de la perfección cristiana. Una perfección, apunta el historiador, plasmada en la famosa escultura de mármol que Melchiorre Cafà realizó para las fiestas de su beatificación en Roma (1668), cuyo cuerpo yacente era de tal belleza que la santa no parece muerta sino dormida.

Mujica destaca también el valor simbólico y político de la primera escultura de Santa Rosa exhibida en la catedral de Lima el 30 de abril de 1669, al publicarse su bula de canonización. La imagen la representa con un emblema político religioso en cada mano: un ancla con la ciudad de Lima en la derecha y en la izquierda al niño Jesús entre flores y olivas, alusión a los nombres de sus padres, Gaspar Flores y María Oliva que, explica Mujica, delataba el origen criollo de la santa.

Santa Rosa con el niño, Francisco Flores. Siglo XVIII, Basílica – Santuario de Santa Rosa, Lima.
Santa Rosa con el niño, Francisco Flores. Siglo XVIII, Basílica – Santuario de Santa Rosa, Lima.

Según afirma el experto, esta dimensión política del culto a Santa Rosa se desarrollaría en el siglo XVIII, permitiendo que los caciques cusqueños la utilizaran como bandera independentista, y más tarde el General San Martín, quien colocó la imagen de Santa Rosa presidiendo el congreso de Tucumán (1816) en su calidad de Patrona de la campaña libertadora americana. En todas estas representaciones, se aprecian los motivos iconográficos con los que fue representada la santa patrona de América, vestida siempre con el hábito de las Terciarias Dominicas, y llevando un rosario.

Óleo de Santa Rosa pintado por Claudio Coello, hacia 1683, perteneciente a la colección del Museo del Prado, en Madrid.
Óleo de Santa Rosa pintado por Claudio Coello, hacia 1683, perteneciente a la colección del Museo del Prado, en Madrid.

En su cabeza descansa una corona de rosas. En diferentes ocasiones se incluye un paño bordado, que nos remite a los trabajos manuales que la santa realizaba como soporte a sus oraciones mentales. La costura y el bordado eran empleados por la dominica como una forma de meditación, ya que al dar cada puntada tenía en mente un compendio de ciento cincuenta atributos divinos. Estos símbolos nos muestran la unión entre la vida contemplativa y la vida activa, surgida como resultado de la nueva apreciación de las artes manuales dentro de la piedad laica de la contrarreforma. En este pensamiento, labores como la costura y el bordado fueron vistas como una forma de liturgia y oración que tuvo amplia acogida en los claustros femeninos.

“Santa Rosa de Lima ante la Virgen del Rosario”, anónimo de la pintura cusqueña, siglo XVIII. Convento de Santa Teresa, Cusco.
“Santa Rosa de Lima ante la Virgen del Rosario”, anónimo de la pintura cusqueña, siglo XVIII. Convento de Santa Teresa, Cusco.

En su ensayo “¿Indios nobles o mestizos reales?”, Memoriales, legitimidad y liderazgo entre la colonia y la independencia, la historiadora Scarlett O’Phelan reflexiona sobre representaciones de la santa vinculada estrechamente con los indígenas, como por ejemplo “Santa Rosa de Lima ante la Virgen del Rosario”, donde la santa aparece acompañada de indios en actitud de oración, o su aparición dentro de la serie de cuadros del Corpus Christi del Cusco. “Santa Rosa de Lima, una santa criolla para algunos y castiza para otros, llega a ser reconocida como patrona del Perú y del Nuevo Mundo, incluyendo Filipinas. A pesar de ser limeña, la iconografía la representa en más de una ocasión al lado de mujeres indígenas, o rodeada de indios, con el claro propósito de acercarla a la población nativa. Esto demuestra que Santa Rosa de Lima se había ganado un sitial en el panteón católico y en las festividades religiosas coloniales”, escribe.

Como advierte la estudiosa, para la élite indígena, este detalle no será pasado por alto: “La canonizada Santa Rosa, en términos figurativos, había hecho realidad el sueño que los indios nobles albergaban de antaño: poder codearse, de igual a igual, con la nobleza castellana”, escribe.


La icónica Santa Rosa pintada por el maestro Francisco Laso en 1859.
La icónica Santa Rosa pintada por el maestro Francisco Laso en 1859.


Visiones contemporáneas

Como explica el pintor amazónico Gino Ceccarelli, todos los peruanos desde nuestra más tierna infancia ya sabemos quién es Santa Rosa de Lima: la santa venerada, sufrida y hermosa, que se flagelaba y se echaba ají en los ojos, la purísima, la más buena, la que murió joven, canonizada y declarada Patrona del nuevo mundo y Las Filipinas. “Su nombre se ha popularizado tanto que la llevan los policías, universidades, colegios o institutos”, afirma. Sin embargo, en su juventud, el pintor conoció otra Santa Rosa, el poblado en la frontera frente a dos ciudades desarrolladas: Tabatinga (Brasil) y Leticia (Colombia). “El poblado más miserable de todos, que se inunda 5 meses al año, donde viven algo más de dos mil compatriotas que hablan portuñol, donde circulan más los pesos colombianos y los reales brasileros que los soles peruanos. Esa Santa Rosa olvidada desde el Estado, ninguneada, sucia y sin servicios básicos es la Santa Rosa que todos debemos apoyar. Esa Santa Rosa sí existe y no la vemos”, apunta.

El recuerdo inmediato que viene a la memoria de la pintora Patricia Eyzaguirre, la primera imagen que la emocionó de Santa Rosa, lejos de las convencionales publicadas en textos escolares, fue la que pudo ver expuesta en la retrospectiva realizada en el Mali en 1998, dedicada a la obra del maestro Sérvulo Gutiérrez. “En ella se mostraba varias etapas de su producción artística, y pude ver las diferentes versiones que hizo el pintor del icono religioso de la santa, confundiéndolo con el fondo, la superficie raspada, como formando una mascara, sin el rostro coronado de rosas, más bien llena de un color oscuro y dramático, el rojo vital de una paleta libre. Era como si un cuchillo hubiera pasado por la superficie del lienzo, dejando una huella libre, sin ataduras, llena de una expresión sintética. Para mí, las versiones de Santa Rosa de Sérvulo son difíciles de olvidar”, afirma.

"Santa Rosa" (1958) pintada por Sérvulo Gutiérrez, y expuesta en memorable retrospectiva del MALI de 1998.
"Santa Rosa" (1958) pintada por Sérvulo Gutiérrez, y expuesta en memorable retrospectiva del MALI de 1998.

A pesar de ser agnóstico, para el pintor Toto Fernández Ampuero no es para nada ajeno a la fe católica y menos a la imagen de Santa Rosa de Lima. “Ella siempre estuvo en mi imaginario como un ser mítico con súper poderes”, afirma el artista. “No puedo olvidar mis primeras lecturas infantiles de las tradiciones peruanas, los mosquitos de Rosa fueron mi primer acercamiento a esta santa mujer, devota y dulce”, señala.

"Santa Rosa" (2016), lienzo de José Luis Carranza.
"Santa Rosa" (2016), lienzo de José Luis Carranza.

Pero son dos cuadros dedicados a la santa los que fascinan a Fernández: el pintado por Francisco Laso en 1859, (“donde encuentro a una santa más humanizada refugiada en una esquina mirando al cielo inquieta y hasta perturbada”, dice), y el pintado en 2016, siglo y medio después, por José Luis Carranza. “En él, no sólo me llamó la atención encontrar una figura femenina en su obra, sino hermanada a la de Laso con la vista al cielo”. Er artista limeño también destaca la gran interpretación de la santa a cargo de Fiorella Penanno en “Rosa Mística”, filme dirigido por Augusto Tamayo en 2018. “Su actuación me terminó de humanizar a la santa y creo que logró en mí una reconciliación con la divinidad y la santidad, desplazando esa idea inicial y lejana de una santa sobrenatural para dejarme la imagen de una mujer apasionada y virtuosa”, señala.

Fiorella Pennano interpreta a la santa en "Rosa Mística" (2018), filme de Augusto Tamayo.
Fiorella Pennano interpreta a la santa en "Rosa Mística" (2018), filme de Augusto Tamayo.

Por su parte, su colega Miguel Aguirre confiesa que en su etapa como católico nunca fue devoto de Santa Rosa o de su iconografía (”soy más bien de Sarita Colonia”, dice) pero ante la pregunta le viene inmediatamente a la cabeza el díptico fotográfico que realizó Natalia Iguíñiz en 1999 titulado “Santa Rosa”. “Usando como modelo la pintura que de la santa realizó Francisco Laso en 1859, Natalia se centra exclusivamente en las manos entrelazadas sobre el pubis y fotografió a una modelo realizando ese gesto en dos momentos: con el hábito dominico y desnuda e inscribió sobre las imágenes usando un ploteado en vinil transparente: “¿Es posible una religiosidad reconciliada con el cuerpo?”, dice.

Santa Rosa (1999) de la artista visual Natalia Iguiñiz.
Santa Rosa (1999) de la artista visual Natalia Iguiñiz.

Como recuerda Aguirre, la obra de Iguíñiz fue parte de una muestra curada por el crítico Luis Lama para la galería Pancho Fierro en la que los artistas invitados replanteaban la pintura de Laso. “Las fotos de Natalia desataron las iras del entonces arzobispo Juan Luis Cipriani, quien pidió su retiro al Alcalde Andrade. Lama se negó a ello y prefirió clausurar la muestra. La obra y lo que causó en las mentes más conservadoras de esta ciudad forman parte de nuestra historia contemporánea del arte”, afirma.

Apunte de la santa en el trazo del pintor Eduardo Tokeshi.
Apunte de la santa en el trazo del pintor Eduardo Tokeshi.

Y es que, como advierte el pintor Eduardo Tokeshi, todos tenemos una Santa Rosa en el imaginario. “Yo la ubico en ese universo real maravilloso donde todo puede ocurrir: volar, sanar enfermos, batallar contra el mal e inclusive batallar contra colegas. Casi un personaje del “stranger things” o el universo Marvel de hoy. ¿Si creo en Santa rosita, su pozo y su parafernalia milagrosa? si, con todo mi corazón”, afirma categórico, entregándonos además dos muestras de su personal visión de la santa.

Visión contemporánea de la santa en dibujo de Eduardo Tokeshi
Visión contemporánea de la santa en dibujo de Eduardo Tokeshi

ACTUALIZACIÓN: Se incorporó a la nota testimonio de la pintora Patricia Eyzaguirre sobre la obra de Sérvulo Gutiérrez.


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