La ciudadela de Machu Picchu le inspiraron al artista una serie de acuarelas publicadas en libro homónimo de 2013. En la imagen, el templo de las tres ventanas, en Cusco. (Dibujo de Ángel Valdez)
La ciudadela de Machu Picchu le inspiraron al artista una serie de acuarelas publicadas en libro homónimo de 2013. En la imagen, el templo de las tres ventanas, en Cusco. (Dibujo de Ángel Valdez)
Enrique Planas

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En un inicio, no tenía ningún afán de exponer sus cuadernos de viaje. Sobre esas libretas Moleskine apuntaba, a manera de diarios íntimos y gráficos, su periplo como acompañante de grupos de turistas, un trabajo que le permite cierto equilibrio económico. Ausente por semanas de su taller, aprovechaba los tiempos muertos para mirar el paisaje y ejercitar la mano. Una costumbre que adquirió de muy joven. Así, en una veintena de cuadernos, en los últimos veinte años ha reunido dibujos, notas al margen, anécdotas apuntadas de aquellos viajes planificados para extranjeros ansiosos por barrer el paisaje con sus cámaras.

Cada vez que el grupo visita un museo, una iglesia, un sitio arqueológico con su respectivo guía en Arequipa, Cusco o Puno, en esos momentos el pintor de incógnito se retrae y dibuja. Muchos de esos apuntes no serán terminados en ese momento, sino horas después en el hotel, o, si son más ambiciosos, en reiteradas visitas al destino turístico.

Valdez en pleno trabajo acompañado de pequeño crítico. Sus apuntes entroncan con la longeva tradición de los cuadernos de viaje. (Dibujo de Ángel Valdez)
Valdez en pleno trabajo acompañado de pequeño crítico. Sus apuntes entroncan con la longeva tradición de los cuadernos de viaje. (Dibujo de Ángel Valdez)

Por supuesto, más de un turista se ha percatado en el trabajo de Valdez y él muestra aquellos primeros apuntes a lápiz. Y conforme avanza el tour, los avances de los bocetos. Antes de que partan, al despedirlos en el aeropuerto, abre su cuaderno y revela una o dos ilustraciones terminadas. Los viajeros más sensibles se van encantados, sintiéndose testigos cercanos de todo el proceso creativo. “Y eso hace que las propinas se incrementen”, bromea el artista (ríe).

Por supuesto, no falta el impertinente que pregunta “¿How much?”. Y a pesar de las ofertas, ninguna está a la venta. Nunca ha querido deshacerse de ningún dibujo.

Macchu Pucchu en el lápiz del artista limeño.  (Dibujo de Ángel Valdez)
Macchu Pucchu en el lápiz del artista limeño. (Dibujo de Ángel Valdez)

Apuntes secretos

“De seres & lugares” es el título de la primera muestra dedicada íntegramente a estas libretas que, como obligan los tiempos de pandemia, se presentará de forma virtual organizada por el Centro Cultural Peruano Norteamericano de Arequipa. La exposición está dividida en dos secciones, una dedicada a personajes humanos y fauna en diversas posibilidades. La segunda, tiene que ver con lugares, en la que Valdez se enfoca en la arquitectura, la geografía y la botánica del paisaje.

Sobre ellos, el crítico Gustavo Buntinx destaca el “anacronismo flagrante” en las técnicas y sentires de estas piezas consideradas por la academia un arte menor.

Casona del estudio Courret, joya del Art Nouveau limeño, en el Jirón de la Unión.(Dibujo de Ángel Valdez)
Casona del estudio Courret, joya del Art Nouveau limeño, en el Jirón de la Unión.(Dibujo de Ángel Valdez)

En efecto, Ángel Valdez, artista plástico y curador, con estudios de antropología por la PUCP y de pintura en Bellas Artes, además de miembro del Proyecto A Imagen & Semejanza, colectivo que emprendió una notable revisión y recreación a partir del barroco peruano, podría considerarse también un miembro que llegó tarde al barco de cualquier expedición científica del siglo XIX.

Si bien para el artista limeño su intención no es replicar estas ilustraciones con fines científicos, sin embargo se declara un admirador de estos dibujantes, muchos ello invisibles para la historia del arte. Sin duda, la minuciosidad con que Valdez realiza sus trabajos está enlazada con aquella tradición.

Fachada lateral de la iglesia de San Francisco, en Yanque, en Caylloma. Flor del barroco arequipeño. (Dibujo de Ángel Valdez)
Fachada lateral de la iglesia de San Francisco, en Yanque, en Caylloma. Flor del barroco arequipeño. (Dibujo de Ángel Valdez)

Otra forma de entender el anacronismo que menciona Buntinx tiene que ver con uso de ciertas técnicas, la valoración de la luz y el color, el uso de la acuarela, y del puntillismo. Sin embargo, para el artista, la mayor demostración de incongruencia entre su obra y los tiempos actuales tiene que ver con la propia minuciosidad de un trabajo lento en medio de la actual cultura de la velocidad. “Puedo dedicar horas a estos cuadernos, es casi una liturgia para mí, hay algo casi religioso en el ensimismamiento, la meditación, lo contemplativo”, explica el artista.

“Mis viajes son un extraño acontecimiento. Por unas semanas, me ausento de mi casa, de mi familia y de mi vocación y estoy presente en una situación efímera, pasajera, en la que yo también me siento un extranjero, ajeno a quienes participan del viaje. De alguna manera estos cuadernos me sirvieron para hacer míos estos momentos y apropiármelos, darles una especie de impronta personal. En verdad, esto era un ejercicio plástico para mantener la destreza en el oficio que, poco a poco, se fue convirtiendo en una obra de arte un poco a mi pesar”, confiesa.

Inauguración y conversatorio virtual: Miércoles 30 de septiembre, 7:30 pm. Dónde: .


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