De izq. a der.: Bill Paxton como Fred Haise, Kevin Bacon como Jack Swigert, y Tom Hanks como James Lovell. La tripulación del Apolo 13 de la ficción en la cinta de Ron Howard de 1995.
De izq. a der.: Bill Paxton como Fred Haise, Kevin Bacon como Jack Swigert, y Tom Hanks como James Lovell. La tripulación del Apolo 13 de la ficción en la cinta de Ron Howard de 1995.
Juan Carlos Fangacio Arakaki

Si el hombre ya había pisado la Luna el 20 de julio de 1969, ¿qué de interesante podía haber en una misión que, básicamente, tenía como siguiente propósito traer más de 100 kilos de roca lunar? Así despegaba el Apolo 13, sin mayores luces, un 11 de abril de 1970, con los astronautas James Lovell, Fred Haise y Jack Swigert a bordo. Y con dos problemas principales: primero, los agoreros que creían que el número 13 no les presagiaba un buen viaje; segundo, la apatía de una sociedad que ya había vivido la gesta de Neil Armstrong y Buzz Aldrin y que no comprendía esta nueva expedición, de corte más científico. El objetivo de pisar el satélite se había conseguido. Ahora tocaba estudiarlo.

Ningún canal de televisión transmitió la salida del Apolo 13, señal inequívoca del desinterés. Pero de pronto, toda la situación cambió: un alambre averiado provocó un cortocircuito y la fuga del tanque de oxígeno de la nave. El sueño de sus tripulantes de llegar a la Luna se perdía en la inmensidad del espacio y la prioridad se volvía conseguir el tiempo suficiente para respirar. Había que seguir el trayecto planeado, darle la vuelta a la Luna sin descender, y regresar a la Tierra en el menor tiempo posible.

Era un plan de rescate que lidiaba con lo imposible, y que debía pelearse desde dos frentes: abajo en la Tierra, los controladores de la NASA utilizaban la telemetría para calcular el ángulo de vuelo correcto o bloquear el dióxido de carbono que amenazaba con matar a los astronautas. Y arriba, en el pequeño módulo lunar, los tres protagonistas luchaban con recursos limitados, con temperaturas bajísimas, con sus propios desechos acumulándose en bolsas (no podían siquiera expulsar la orina de la nave, para no alterar la trayectoria del vuelo).

Todo eso se narra en el libro “Lost Moon”, coautoría del astronauta Lovell y el periodista Jeffrey Kluger. Cuando la misión del Apolo 13 se convirtió en un retorno desesperado a la Tierra, millones de personas en todo el mundo se colgaron de la información, pendientes de lo que parecía una película de Hollywood. “Nadie me cree cuando lo cuento –confesaría Lovell–, pero durante los seis días que estuvimos en el espacio no teníamos idea de la expectativa de la gente. Nunca imaginamos que millones nos estaban siguiendo por radio, la televisión y los diarios”.

Tras casi una semana de deriva cósmica, Lovell, Haise y Swigert descendieron sanos y salvos sobre el mar del Pacífico Sur, cerca de la isla de Samoa, convirtiéndose en héroes instantáneos. Circundar la Luna los convirtió en los tres seres humanos que más lejos han estado de la Tierra (a 400.171 kilómetros, exactamente, un récord que mantienen imbatible hasta la fecha). Después de este episodio, ninguno volvió a salir del planeta.

Los reales Jack Swigert, James Lovell y Fred Haise, horas antes del despegue. (Getty Images)
Los reales Jack Swigert, James Lovell y Fred Haise, horas antes del despegue. (Getty Images)

AVENTURA DE PELÍCULA

El punto de quiebre en la relevancia del Apolo 13 se puede resumir en una frase: el “Houston, tenemos un problema” enunciado por Lovell, pero más recordado en boca de Tom Hanks en la película “Apolo 13”, dirigida por Ron Howard en 1995. Una cinta que conmemoraba 25 años del acontecimiento y que ahora cumple a su vez 25 años. De hecho, la frase real transmitida a la NASA no la dijo Lovell sino Swigert, y fue “Houston, hemos tenido un problema aquí”, pero su construcción no tenía la misma carga dramática que la usada en el guion.

Para entonces, el cine sobre el espacio ya había conseguido dos grandes hitos con “2001: A Space Odyssey” (Stanley Kubrick, 1969) y “Solaris” (Andrei Tarkovski, 1972). Una desde los Estados Unidos y la otra desde la Unión Soviética, ambas convirtieron la carrera espacial de la Guerra Fría en un duelo de lecturas filosóficas y metafísicas, pero sobre todo de alto nivel cinematográfico.

El “Apolo 13” de Howard, en cambio, fue la notable reivindicación de un cine comercial que en los años 90 exploraría el mejor empleo de los efectos especiales (antes de las vacías y falsas exhibiciones digitales que abundan hoy). Una equilibrada mezcla de la épica fuera de la estratósfera y las honduras humanas de los tripulantes, que dejaría su estela en películas más recientes como “Sunshine” (2007), “Interstellar” (2014) o “Ad Astra” (2019).

Que el Apolo 13 haya inspirado una aclamada película antes de que pudiera hacerlo el Apolo 11 (“First Man”, sobre Neil Armstrong, palidece al lado de todas las mencionadas antes), da cuenta de la naturaleza de cada una de las misiones. El Apolo 11 fue el triunfo puro, la consecución de un sueño sideral; pero el Apolo 13 posee la épica del rescate y la supervivencia. Aunque técnicamente un fracaso, lo destacable fue la recuperación de ese fracaso. Y, como en los mejores relatos, eso termina siendo una victoria mayor.

RECURSOS WEB

  • La película dirigida por Ron Howard en 1995, protagonizada por Tom Hanks, puede verse en el app de Movistar Play.
  • En You Tube puede ver el documental “Las 13 claves del Apolo 13”, con detalles poco conocidos de la misión lunar. .
  • Una simulación en tiempo real de la tensión generadas por las fallas técnicas en la nave también puede verse .

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