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Berlinale 2015: "Taxi" y el poder de la realidad

Enviado especial de El Comercio, Rodrigo Bedoya Forno, escribe sobre la cinta iraní, candidata de fuerza al Oso de Oro

Berlinale 2015: Taxi y el poder de la realidad

Berlinale 2015: Taxi y el poder de la realidad


RODRIGO BEDOYA FORNO  (@Zodiac1210)
(Enviado especial a Berlín)
 

Jafar Panahi no puede hacer cine: una interdicción dictada por la justicia iraní el 2010 le impide realizar películas por los próximos 20 años. Increíble, pero cierto. Sin embargo, el realizador se las arregla para, igual, dirigir cintas apasionantes, que revelan una dimensión social alucinante a partir de los elementos más comunes y cotidianos.

“Taxi”, filme en competencia en la Berlinale, parte de un punto muy básico: Panahi es un taxista que va recogiendo gente. Y esas personas conversan con él: algunos lo reconocen, otros le increpan su poca capacidad como chofer, su sobrina se divierte con él mientras ella  misma trata de hacer una película, un hombre moribundo hace su testamento en el carro y hasta le da una jalada a su abogada, quien va a ver a una mujer injustamente presa por ir al estadio a ver un partido de vóley.

Con tan solo dos cámaras puestas en el carro, el realizador nos presenta su gran teatro del mundo: cada una de las personas tiene la capacidad para hacer que las situaciones cambien del humor a la tensión, de la tristeza a la risa, del absurdo a la calidez. Y esos cambios pueden ocurrir en la misma secuencia, con esa cámara implacable que revela las más contradictorias de las conductas.

Panahi trabaja en los límites de la realidad y la ficción, y hace que uno siempre dude sobre lo que estamos viendo.  Así, la verdad y lo absurdo conviven en un solo panorama: uno que puede ser muy divertido pero muy trágico. Y la imagen es aquella capaz de marcar esa contradicción; una contradicción en la que viven todas las personas de un país como Irán.

En un momento, la sobrina de Panahi le dice que su profesor de cine prohíbe que los buenos de una película tengan nombres de iraníes y usen terno, como si la gente común y corriente no pudiera ser protagonista de una película. Pues Panahi se propone, en “Taxi”, filmar a esa gente, demostrar que los actos cotidianos también pueden ser heroicos. Y en ese aspecto la imagen es aquella que revela esa dimensión del hombre común; una imagen que se empeña en ser censurada por los organismos oficiales, pero que está ahí, revelando los actos más perversos pero también los más cálidos, aquellos que dan fe que la situación va a cambiar.  Panahi se confirma como uno de los grandes cineastas de hoy. El Oso de Oro ya tiene un fuerte candidato. 

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