"Doctor Strange": nuestra crítica del filme de Marvel

En la senda del Batman del director Christopher Nolan y algún capítulo de Los Vengadores o de la saga del Capitán América, “” está mucho más cerca del éxito que del fracaso. La dirige Scott Derrickson, quien tenía ya una prometedora carrera en la industria, sobre todo por su guion de “El exorcismo de Emily Rose”(2005) y por su labor como realizador en “Siniestro” (2012), ambos ejercicios de terror basados en experiencias sobrenaturales, con un carácter más reflexivo y dramático que el promedio.

 Quizá sea esa predilección por retratar conflictos ultraterrenales en los que el mal parece apoderarse de sus personajes lo que llevó a los ejecutivos de la Marvel a contratar a Derrickson para “Doctor Strange”. Y es que este, además de ser uno de los cómics menos conocidos de su catálogo –por lo menos para los neófitos–, se diferencia de personajes adolescentes y cínicos como Spiderman o Iron Man.

La historia empieza así: tras un accidente en su automóvil, Stephen Strange (Benedict Cumberbatch), médico acaudalado de Nueva York, queda gravemente herido y pierde la motricidad de sus manos. Imposibilitado de retomar su trabajo como cirujano y en su desesperada búsqueda de sanación, terminará probando la vía mística a través de un viaje a Nepal, donde se convertirá en alumno de la maestra interpretada por Tilda Swinton.

Como puede adivinarse por esta sinopsis, Strange es una especie de hombre atormentado y su camino hacia los superpoderes está marcado por la redención con un sentido más oriental que occidental. No mentiríamos ni un poco si dijéramos que “Doctor Strange” –por lo menos desde lo visto en este filme– prefiere las reflexiones morales, las culpas y los tormentos interiores del universo de DC Comics (Batman, Superman), en lugar del humor de camaradería y la ligereza de Marvel. Por otro lado, este punto de partida de “Doctor Strange”, además de recordar el entrenamiento físico y espiritual en una zona recóndita de Oriente del Bruce Wayne de “Batman inicia” (2005), sigue a Christopher Nolan en otros aspectos. En el mundo paralelo al que acceden estos antihéroes de conciencia trágica y ambivalente –que incluyen al tibio villano Kaecilius (Mads Mikkelsen)–, vemos a los edificios de las ciudades caer como un castillo de naipes, o como superficies de un cubo mágico que no dejan de poner todo de cabeza. Especie de juego con el espacio y la tridimensionalidad de la imagen que ya había sido mostrado en “Inception” (2010), también de Nolan.

En efecto, con toques de un humor cáustico que recuerda al de la serie “Dr. House”, este “Doctor Strange” no solo acierta con su elenco –centrado excesivamente en el talento de Cumberbatch–, sino también en sus especulaciones borgianas (bucles temporales, relatividad de espacio-tiempo, transgresión de las leyes de la naturaleza), refrendadas con materias espectrales y viajes astrales que hubieran ruborizado al mismo Stanley Kubrick de “2001, odisea del espacio” (1968).

Los desaciertos empiezan con subtramas muy flojas, como la relación de amor-odio que el protagonista tiene con su colega interpretada por Rachel McAdams, o con el mismo aprendizaje oriental, apresurado en demasía. Las fibras dramáticas, por su parte, son más verbales que propiamente sentidas. Lo que no quita que este sea un espectáculo fascinante y sofisticado, que trata de evitar la gratuidad de su exquisita psicodelia con referencias constantes a los “multiversos” de la ciencia moderna. Un triunfo a medias, que podría marcar un nuevo y más interesante camino para Marvel.

LA FICHA
Género: aventura, acción, fantasía.
País: EE.UU., 2016.
Director: Scott Derrickson.
Actores: Benedict Cumberbatch, Tilda Swinton, Rachel McAdams, Chiwetel Ejiofor.

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