De izquierda a derecha: Jack Nicholson, Danny Lloyd y Shelley Duvall, en una escena de "El resplandor".
De izquierda a derecha: Jack Nicholson, Danny Lloyd y Shelley Duvall, en una escena de "El resplandor".

1979. El plan inicial decía que el rodaje duraría tres meses. Sin embargo, ha pasado casi un año y actores, director y todo el equipo de “” no deja de trabajar. No importa cuántas veces se repita una escena, lo importante es que a Stanley Kubrick le parezca que consiguió la toma perfecta.

Detrás de escena, la cámara continúa rodando. Se trata de Vivian Kubrick, la hija del director, quien no para de filmar todo lo que acontece tras el escenario.

“Haz un poco de arroz con algo. Algo, ya sabes. Arroz o pasta” le dice Jack Nicholson a alguien del otro lado de la línea del teléfono mientras se percata que Vivian y su cámara están viéndolo todo.

“¿Por qué tienes que enterarte de lo del arroz y la pasta, Viv?”, pregunta Nicholson tratando de mantener el buen humor. “Y si hubiera estado hablando de... negocios? ¿O tal vez de asuntos personales?, interviene en la conversación alguien de producción mientras el actor reclama porqué debe grabar a las 8p.m. y se queja minutos después del frío que le habían asegurado no se sentiría en el set.

Tiempo después, momentos como este y otros más de mayor tensión registrados por Vivian Kubrick, se revelarían en el documental “Making off de El resplandory en 2005 en el libro “”.

Jack Nicholson y Stanley Kubrick en una escena de "El resplandor".
Jack Nicholson y Stanley Kubrick en una escena de "El resplandor".


LA PERFECCIÓN DE UN DIRECTOR

A estas alturas de la historia, para nadie es un secreto las manías y el perfeccionismo de Stanley Kubrick al momento de rodar una película. Lo demostró en “2001: Una odisea en el espacio” (1968), en “La naranja mecánica” (1971) y en Barry Lyndon (1975).

La perfección que perseguía Kubrick, sin embargo, no era fácil de satisfacer y se debía lograr sí o sí, y pese a quien le pese.

“No hay otra forma de hacerlo, repito no la hay. Tengan el máximo cuidado pues el efecto compositivo de un camino diferente sería malo, malo, malo”, le indica Kubrick a su equipo de rodaje de “El resplandor” sobre la forma en cómo trabajarán la famosa escena en la que Jack Torrence camina dentro del laberinto en medio de la nieve.

Estrenada en 1980, “El resplandor” contó con un rodaje descrito por muchos como “cruel” y tan terrorífico como lo fue el resultado final de la cinta. Y el documental mencionado líneas arriba así lo demuestra.

“Mira esto. Se me cae el pelo. He cogido mechones de pelo del marco de la ventana”, le dice Shelley Duvall a Stanley Kubrick minutos antes de grabar la famosa escena del ataque con hacha junto a Jack Nicholson. ¿Qué responde el director? “¿Mechones de pelo? Ok” mientras sigue de largo.

Stanley Kubrick y Shelley Duvall, durante el rodaje de "El resplandor".
Stanley Kubrick y Shelley Duvall, durante el rodaje de "El resplandor".

Este no sería el momento más incómodo sufrido por Shelley Duvall. La actriz declaró tiempo después que durante gran parte del tiempo que duró el rodaje, su salud se vio afectada por la fuerte tensión que sufrió por parte de Stanley Kubrick.

“Viv, no simpatices con Shelley” le advierte el director a su hija mientras esta rodaba el documental. Y a la actriz le aclaraba: “Eso no te ayuda en nada”. A lo que esta le respondía que sí.

Resulta bastante chocante ver imágenes de Duvall durante el rodaje echada en el piso producto de una crisis nerviosa mientras que solo un grupo del equipo de producción se digna a atenderla. Tan solo unos metros más allá, Jack Nicholson y el propio Stanley Kubrick no parecen inmutarse de lo que ocurría a su alrededor.

¡TOMA 1, TOMA 2... TOMA 127

Una de las anécdotas, por llamar de alguna manera a lo vivido durante el rodaje de “El resplandor” fue la cantidad de repeticiones que tuvieron las tomas de la cinta. Así tenemos que: la pelea entre Jack (Nicholson) y Wendy (Duvall) en la escalera se repitió 127 veces. La escena de la pelota que rueda hacia Danny en el pasillo del Hotel Overlook, 50 veces y la del hacha golpeando la puerta, 100 veces.

Shelley Duvall en la icónica escena de "El resplandor". Foto: Warner.
Shelley Duvall en la icónica escena de "El resplandor". Foto: Warner.


CAMBIOS INTERMINABLES EN EL GUIÓN

En medio de los ensayos y repasos de libreto con los actores, era común ver a Stanley Kubrick frente a su máquina de escribir. El director no dejaba de hacer cambios en la historia una y otra vez.

“No pensaba hacer nada entre la medianoche y las dos”. Le dice Jack Nicholson con ironía a una asistenta de producción que le entrega por enésima vez una nueva versión de su parlamento de mañana.

“No es el guión. Es solo...”, le responde ella. Mientras el actor termina la frase: “Es solo una idea con la que arrancar. Muy bien. El cine, te dan estas cosas y luego te lo inventas sobre la marcha”.

Detrás de escena de "El resplandor".
Detrás de escena de "El resplandor".


EL LEGADO DE KUBRICK

El resplandor” se estrenó en mayo de 1980 y no tuvo la mejor recepción, ni por parte de la crítica ni de Stephen King. La decepción del primer grupo respondía quizás a lo que pensaban recibir de la cinta: el clásico terror que se estilaba hacia finales de los setenta. Esto estaba muy lejos de lo que proponía Kubrick.

En el caso de King, “El resplandor” tuvo un gran error y ese fue elegir a Jack Nicholson de protagonista. Para el escritor estadounidense, el actor estuvo lejos de la esencia del Jack Torrance del libro.

Sobre la forma de trabajar de Kubrick, el cineasta Janusz Kaminski opina en el documental “Las visiones de Stanley Kubrick”: “El resplandor es el ejemplo perfecto de un cine de terror que no usa los elementos visuales del género. Nada indica que es una película de terror. Al hacer eso, el miedo de los personajes se hace mucho más creíble”.

“La sangre saliendo del ascensor, las gemelas que recuerdan a las fotos de Diane Arbus. Es decir, te lanza imágenes que te hacen reaccionar. Lo que te asusta es el hecho de conocer a estos personajes”, complementa el cineasta Caleb Deschanel en el mismo especial y describe la escena del “libro” que escribió Jack Torrence y que termina descubriendo aterrada, su esposa Wendy.

“Quiero saber qué dicen pero solo tengo páginas escritas a máquina y todas dicen lo mismo. Este es un momento crucial de la cinta. Es la mejor representación de la demencia”, sostiene.

La escena a la que hace referencia Deschanel es la del libro que ha supuestamente había escrito Jack Torrence mientras cuidaba el hotel. Wendy pensaba que las horas que su marido había pasado frente a la máquina de escribir habían dado fruto y un día decide ver las 500 páginas de este manuscrito. Para sorpresa suya en estas solo se podía leer la siguiente frase: “All work and no play makes Jack a dull boy” (“Tanto trabajar y tan poco jugar hacen que Jack se aburra”).

Este resultado meticuloso de escribir la misma frase en cada una de las 500 páginas fue producto de la mente de Kubrick. Margaret Warrington, la secretaria personal del director fue la elegida para escribir la famosa cita cientos de veces. Pero eso no fue todo.

Kubrick decidió que para efecto del doblaje de la cinta, la famosa cita debía variar según el país en que sería proyectado. Así, por ejemplo, en Alemania, se leyó: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” y en Francia, “Más vale pájaro en mano que ciento volando”.



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