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"Ghost in the Shell": lee nuestra crítica de la película

Sebastián Pimentel sostiene que la cinta acierta en ahondar en la búsqueda del pasado del personaje de Scarlett Johansson

Ghost in the Shell: lee nuestra crítica de la película

Ghost in the Shell: lee nuestra crítica de la película

Mucha expectativa causó la versión en ‘live action’ (versión con actores de carne y hueso) de “Ghost in the Shell”. Más que una película, se trata de un universo basado en el manga –historieta japonesa– de Masamune Shirow y en las películas animadas dirigidas por Mamoru Oshii. Estas últimas, y sobre todo la primera, de 1998, son consideradas cintas de culto y clásicos del género ciberpunk por mezclar el thriller criminal con alguna distopía que incluye mucha tecnología robótica e informática.

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Esta “Ghost in the Shell”, dirigida por Rupert Sanders, cumple al trasladar la arquitectura barroca y de elegante decadencia de las cintas originales. Imágenes con profundidad de campo y de encuadres oblicuos que dan la sensación de desequilibrio en un cosmos urbano que parece inabarcable. Sin embargo, los atractivos de los filmes de Oshii recaían también en la historia de Masamune Shirow que recogía el tema de los replicantes o robots de “Blade Runner” (1982), los cuales van en busca de un alma propia y cuestionan sus borrosos límites entre artificio y naturaleza humana.

Pero el filme de Sanders está lejos de naufragar en el embelesamiento formal. Scarlett Johansson es Major, una mezcla de cerebro humano y cuerpo de máquina que trabaja para un comando de élite llamado Sección 9. Ellos deben luchar contra un enemigo terrorista, Kuze (Michael Pitt), quien pretende ‘hackear’ la mente de las personas. En el proceso, Major se da cuenta de que su memoria quizá sea un implante y que debe recuperar su verdadero pasado.

La supervivencia del alma y la autonomía de un espíritu que pueda diferenciarse de un programa instalado en el cerebro desde algún sistema de control externo son algunos temas de esta odisea que mezcla el policial negro con la especulación filosófica. Por supuesto que esto no es nuevo, pero hay ingredientes interesantes en esta historia que parte de las ideas de Shirow y Oshii (no solo tenemos lo indefinido de una entidad híbrida entre lo biológico y lo maquinal, sino también la capacidad de comunicación mental o la posibilidad de conexiones cerebrales directas que permiten conocer las memorias de otros seres).

Este “Ghost in the Shell” propone un tratamiento narrativo que integra las dos películas de Oshii, y lo hace en un equilibrado interregno entre la libertad de recreación de las ideas originales y el respeto a sus personajes e imágenes icónicas. Un acierto de su guion tiene que ver con la búsqueda, por parte de la protagonista, de su verdadero pasado. Lo que no convence quizá sea la multiplicación excesiva de diferentes líneas narrativas, que se van acumulando con fluidez y claridad, pero sin mucha hondura.

Por ejemplo, se extraña un mayor desarrollo del que quizá sea el mejor personaje del filme, Kuze (Michael Pitt), un cyborg abortado y fugitivo de aires shakespeareanos, que aporta flancos emotivos y perturbadores. Una intensidad que parece enfriarse con la interpretación de Johansson, demasiado apegada al lado robótico de su naturaleza. Por otro lado, las secuencias de acción cobran un nuevo brío gracias al indiscutible talento de Sanders para la caligrafía audiovisual.

El resultado final es satisfactorio. A veces, deslumbrante. Se trata de una película inteligente y detallista, muy inspirada visualmente y de una sofisticación pocas veces vista en la cartelera local.

FICHA TÉCNICA

Título original: “Ghost in the Shell”
Género: Ciencia ficción, acción, drama.
País: EE.UU., 2017
Director: Rupert Sanders.
Actores: Scarlett Johansson, Takeshi Kitano, Pilou Asbaek.

Calificación: Tres estrellas y media (3 y 1/2)

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