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Javier Cámara: El ego es inmenso, terrorífico y te puede comer

El actor español se esmera en pisar tierra en medio de su carrera exitosa, a la que ahora suma “Siete semillas"

Javier Cámara: El ego es inmenso, terrorífico y te puede comer

Javier Cámara: El ego es inmenso, terrorífico y te puede comer

Huir de los prejuicios. No dejarse engullir por el ego. O al menos se intenta. Con esa postura, Javier Cámara selecciona los proyectos en los que se expone a un lente.

Es posible que este sea uno de los factores que han llevado a Cámara de un lado a otro en los últimos meses. “Truman” –en la que trabajó junto a Ricardo Darín– le valió un premio Goya a Mejor Actor de Reparto, luego viajó a Venecia para encarnar a un cardenal bajo las órdenes del notable director italiano Paolo Sorrentino en la serie de HBO “El joven Papa”, después se sumó al rodaje de “La reina de España” (dirigida por Fernando Trueba y protagonizada por Penélope Cruz) , y tras ello cruzó el Atlántico para recaer en el Perú.

Hoy concluye el rodaje de “Siete semillas”, basado en el ‘best seller’ de autoayuda “Los secretos de las siete semillas” de David Fischman. En esta cinta peruana, quien necesita orientación es el protagonista perdido en la vida interpretado por Carlos Alcántara. En busca de un cambio, será clave un encuentro con el personaje de Javier Cámara, una suerte de guía espiritual.

— ¿En qué momento lo halla “Siete semillas”?

Me encuentra en un momento constante de cambios. “Siete semillas” plantea una evolución a un personaje –el de Carlos Alcántara–, un cambio en la forma de vivir, ser flexible y no estar siempre en un mismo lugar. Existe una frase un poco conservadora: “No cambies nunca, quédate como estás”. Esta frase, que suena a halago, a mí me parece negativa muchas veces. Por eso creo que “Siete semillas” es un proyecto que me va a enseñar. No sé qué me va a enseñar, pero aquí estoy por eso. Hay proyectos que te enseñan más de lo que tú vas a enseñarles a ellos.

— ¿Por qué venir al Perú?

Me gusta rodar en otros países. Cuando la idea del guion te atrae y toca algo tuyo a miles de kiló- metros de tu lugar de origen, dices que es un proyecto que va a empatizar con mucha otra gente. Soy buen espectador y me gusta disfrutar del cine. Y de repente digo: “¿Cómo harán esta película, que tiene el peligro de venir de un libro que ayuda, informa, gestiona…?”. El guion tiene buen ritmo, personajes ricos y un mensaje, aunque las películas con mensaje son complicadas, porque a veces el mensaje queda por delante de la historia… Hay un equilibrio que es complicado de lograr. Nada, quiero estar aquí para verlo.

— ¿Es un espectador con prejuicios?

Todos tenemos prejuicios y estoy aprendiendo a no tenerlos, aunque el cine de género nunca me ha fascinado. Me dicen: “Vamos a ver una película de terror”, y respondo: “No me gusta el terror, me da miedo”. O le veo el truco.

— ¿Qué tal se lleva con los libros de autoayuda?

He regalado varios y me han regalado varios. Hay una parte descreída en mí y una persona que se siente autosuficiente con lo que hace, en tanto que los libros de autoayuda hablan de lo inmaterial, lo espiritual y del sitio en el que uno tiene que estar, de la tranquilidad con uno mismo y de la calma en las pequeñas cosas. Pero de vez en cuando conectas con esas cosas y te parece que eso es más interesante que la parafernalia de cualquier festival. Entonces piensas: “A lo mejor me estoy perdiendo de algo”. A mis casi 50 años, quiero abrir otras compuertas de mi cerebro, corazón y alma. Más que nunca estoy abierto a aprender.

— Proviene del pueblo La Rioja, en España. Su padre era agricultor y saxofonista. Cuando usted se fue de casa, estaba bastante enojado con él. ¿Cuándo se le pasó el enojo?

Cuando ves que la vida es otra cosa. El enojo se te pasa cuando cumples años. Cuando tienes 17, te enojas muchísimo con tus padres, porque si no rompes con ellos, no vas a romper contigo mismo. Hay que matar metafó- ricamente –como decía Freud– a tus padres para que esa crisálida o gusano que eres se transforme en una mariposa. Y dejas de enojarte cuando ves que la vida es difícil y complicada, y que ese nido en el que te estaban protegiendo era bastante interesante. Cuando vas adquiriendo experiencias, te vas perdonando a ti mismo por lo mal que hiciste. Luego tuve poca suerte porque mi padre falleció cuando yo tenía 24 o 25 años, y yo estaba volviendo con mi primer éxito como actor a casa, como quien quería decir: “Mira, esto es así…”.

— ¿Cómo le afectó volver y no encontrarlo?

Bueno, afecta… Pero te perdonas a ti mismo. La vida es así. Hay gente a la que nunca le tocó vivir lo que estamos hablando y vive con un resquemor interno todo el rato frente al mundo. Uno va quemando etapas de la vida, y yo creo que las quemo bastante tarde. Llego tarde a los acontecimientos de mi propia vida. Siempre me ha pasado eso. Me marché tarde de casa, aprendí mi oficio tarde, pero, bueno, me está yendo bien. Ojalá me muera tarde también.

— ¿Su papá estaría orgulloso de lo que ha hecho?

Él estaría felicísimo. Lo echo de menos en muchas circunstancias. Cómo me encantaría decirle a mi padre: “Ven al Perú”.

— ¿Cómo está ahora su vínculo con la agricultura?

Cuento con un dedo para las plantas y con otro para la música. Nunca estudié música, pero tengo un oído bastante bueno. En casa tengo una ‘green zone’, como dirían los ingleses, una terraza llena de plantas. De hecho, “Siete semillas” se vincula mucho con la agricultura.

— Cesc Gay, director de “Truman”, cuenta que no soporta leer nada sobre él. ¿Pertenece a ese club?

Cesc está aceptando a sus 49 años que se está convirtiendo en alguien famoso. Le llegó tarde todo esto y está como diciendo: “Incluso no soporto lo que digo de mí mismo”. En mi caso, he dicho muchas tonterías en mi vida. En las entrevistas, intento ser lo más coherente posible, porque luego escuchas cosas terroríficas de ti mismo. Es fácil sacar de contexto las palabras. Hay que aprender a lidiar con todo.

— Es como una inmersión frecuente en la aventura y el misterio.

Aprendes que la actuación es un trabajo humilde y que están poniendo en tela de juicio permanentemente tu labor. Un actor es solo un pequeño instrumento en un engranaje de relojería.

— En ese contexto, ¿el ego dónde se queda?

El ego es inmenso, terrorífico y te puede comer. Se les presta demasiada atención a los actores. Das entrevistas y puedes llegar a creer que eres importante. Los cerca de 20 años en los que estuve viviendo en mi pueblo me sirvieron para darme cuenta de que no era nada especial. He conocido a gente mucho más brillante y divertida, pero por mi cabezonería, testarudez o ganas he conseguido continuar en esto más que otros, sin robarle el puesto a nadie. Hago mi trabajo, a veces bien y otras veces mal. Al ego hay que colocarlo en un lugar que te ayude, no que te reste.

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