Este 2017 se cumplen 10 años desde que recibió el Premio Luces a mejor modelo. Fue el primer reconocimiento a su carrera, tras ganar el concurso Elite Model Look Perú, que la llevó a representar al país en el certamen mundial en Turquía, primera parada de una exitosa carrera que empieza a tomar nuevos rumbos.

Las fiestas de Navidad y un desfile –el retorno de Giuliana Testino a las pasarelas– la trajeron de regreso a Lima. Con 25 años, Juana llegó cargada de proyectos pero también dispuesta a compartir una noticia de la que ya puede hablar abiertamente: su incursión en el cine a través de “Los últimos”, cinta producida por el argentino Luis Puenzo (Óscar a Mejor Película Extranjera por “La historia oficial”). La película, en etapa de posproducción, es dirigida por Nicolás Puenzo y tiene a Natalia Oreiro como una de las protagonistas.

Atrás quedó la inseguridad de esa chica que a los 16 años empezó a descubrir el mundo, desde los preceptos de una educación católica y una cultura tradicionalista. “Irme a ciudades como París o Nueva York, donde la sociedad es totalmente abierta, me costó mucho”, reconoce Juana, que alguna vez quiso estudiar Administración e iniciar una carrera en Educación Especial. El nuevo camino que decidió recorrer la hizo encarar la inseguridad, en un mundo donde la belleza superficial opaca el ser interior.

— ¿Qué te dio fortaleza cuando empezaste en el mundo de la moda?
Aceptarme a mí misma. Mi color de piel, mi contextura, mis ojos. Comenzar a validarme por mí misma.

— ¿Esa fue tu manera de encarar este escenario tan competitivo?
Desde muy pequeña me he sentido una persona muy competitiva. Me gustan los retos, y creo que eso me ayudó a lograr lo que he logrado. La industria de la moda es totalmente competitiva, y si no lo eres, te pierdes y eres una más del montón. Lo que yo trato de lograr es que no vean solo como soy desde el caparazón sino adentro.

— ¿Cómo sientes que ha cambiado el concepto de belleza?
Hablamos de una historia que viene desde los años 90, en la era de las supermodelos y que ahora ya no hay, pero que estamos tratando de retomar. Si ahora están cambiando los tipos [de belleza] es por la economía de países que van desarrollando y la mentalidad de las personas. Estamos evolucionando y aceptando más a diferentes bellezas.

— ¿Fuiste alguna vez discriminada?
No, pero sí sentí que no había tanta oportunidad de trabajo. Me siento más afortunada que si hubiera sido de piel negra, y eso es un poco raro: el tener que cuestionarte el saber que si soy de piel exótica mi carrera va a durar más tiempo que si hubiera sido rubia o de piel morena. ¿Sabes? Siempre escuché comentarios que decían que por qué me iba a París, si allí no les gustan las chicas como yo.

— Pero saliste en “Vogue París”
¡Exacto! Si me hubiera aferrado a esos pensamientos nunca tendría lo que he logrado. Siempre he tratado de hacer caso a mi intuición. Ahora todo el mundo está yendo a Nueva York, que es donde me establecí hace dos años y empecé a trabajar [hace tres] con The Lions, que es una agencia de talento más que solo de modelos, porque ahora todo ha cambiado: tienes que tener algo que dure más tiempo.

— Allí tu intuición habrá entrado a tallar.  ¿Hacia dónde te llevó?
Hace dos años hice una colaboración para una marca de ropa sostenible. Ahora estoy creando una marca con 10 artesanas de Ventanilla. Se llama Nuna Awaq, que significa en quechua “alma de artesano”. Íbamos a trabajarla el año pasado, pero me salieron otros proyectos.

— ¿Qué pasó?
El 2016 fui contratada por la productora argentina de Luis Puenzo [“La historia oficial”], quien buscaba el rol femenino principal para una película cuyo director es su hijo Nicolás. El guion es de Nicolás y Lucía Puenzo.

— ¿Y cómo te encontró?
Por Google [ríe]. La película está basada en el problema del agua y los recursos naturales en Sudamérica y cómo se llegó a un tiempo apocalíptico. Tenían a Peter Lanzani, que es Pedro [su pareja en la ficción], y a Germán Palacios, que es un fotógrafo de guerra. Les faltaba Yaku (que significa agua en quechua), una chica de 17 años. Por meses buscaron en Bolivia, Chile y Argentina. Luis Puenzo buscó en Google y salió una foto de mi rostro, sin nombre, y sin saber quién era pidió a su producción que me encontrara. Me contactaron en diciembre del 2015 pero respondí en enero. Mi mamá siempre dice: “El tren pasa una vez, tú decides si lo tomas o no”. Y para mí estaba pasando otra vez, después de varios años. Así que lo volví a tomar.

— ¿Cómo empezaron a trabajar?
Casi todo fue virtual: el cásting, las entrevistas, el coaching para entrenarme en el personaje. Yo estaba en Nueva York y ellos en Argentina. Hablaba con el director, tratando de encontrar similitudes del personaje con mi vida personal. Y dado que la chica es quechuahablante, en un mes y medio aprendí lo que necesitaba decir. Grabamos la película en español y quechua, entre abril a junio, en Buenos Aires, Chile y diferentes locaciones de Bolivia: Colchani, Uyuni y el lago Poopó, que es el segundo más grande de Sudamérica pero el 2015 la NASA lo declaró seco por el calentamiento global y la minería irresponsable. Las grabaciones fueron allí para mostrar lo que estos chicos están experimentando en un campo de refugiados, en tiempo de guerra por los recursos naturales. Es una historia bella, de un futuro no muy lejano.

— ¿Te fue fácil cambiar el chip de modelo por el de actriz?
Una vez me preguntaron cómo de modelo de pasarela pasé a ‘afearme’. ¡Afearme! El personaje es maltratado por lo que le ha tocado vivir. Yaku ve la vida de una manera en que la belleza superficial no es lo que vale. No tomo agua, no como bien, estoy en un campo de refugiados, solo quiero tratar de vivir al día siguiente.

— Todo lo contrario a tu vida de modelo.
Exacto. Y fue muy duro, porque además había que estar maquillada [sucia] todo el día, de pies a cabeza. Salir de la vida rutinaria que tienes a un mundo que es prácticamente desértico, con gente que no conoces pero a la vez es tu familia. Una de las cosas que me ayudó fue perderme en el momento, en la escenografía, y sentirme parte de ese mundo.

— Saliste de tu zona de confort y descubriste un talento.
Sí. Una de las cosas que trato es nunca conformarme con lo que tengo, y no es porque no lo valore. Estoy totalmente agradecida. Pero es importante tener curiosidad en la vida, es lo que me ayuda a tomar estos retos. “Los últimos” es mi primera aparición en un protagónico y en un largometraje. Lo único que hice alguna vez fueron campañas de L’Oreal. Esa faceta para ser actriz también me llevó a hacer una campaña, que es la más grande que he hecho últimamente, con American Eagle y jóvenes [millenials] que están en el mejor momento de sus carreras, como Troye Sivan y Hailee Steinfeld, que fue nominada al Óscar, y muchos artistas y activistas más. La campaña apareció en "Times Square", fue supergrande y un logro para mí.

— Después de esto, ¿hacia qué otra cosa te llevará tu curiosidad?
Tengo muchas ideas. Quiero apoyar proyectos de ayuda social, y que con mi nombre o mi imagen se puedan hacer convenios, quiero crear esa base aquí en el Perú y no alejarme tanto como lo he hecho por trabajo estos últimos años. Quiero regresar y apoyar. El Perú tiene muchas riquezas que ofrecer y a mí no me faltan palabras para hablar del país fuera, soy una embajadora de corazón.

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