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RODRIGO BEDOYA FORNO
En un mundo donde lo que da de comer es la figuración, Keanu Reeves es una especie de fantasma, de espectro, de individuo que aparece y desaparece sin la menor explicación. Es bien complicado seguirle la pista a este intérprete que ha trabajado con cineastas de la talla de Stephen Frears, Francis Ford Coppola, Bernardo Bertolucci; que tocó el cielo con “Matrix” (una cinta que marcó una época), pero que, de la nada, decidió bajar las revoluciones y aparecer en cintas pequeñas, casi clandestinas.
Sí, la carrera de Keanu Reeves es una incógnita, tanto o más que su vida privada, marcada por la muerte de su hija cuando era un feto y del deceso de su enamorada en un accidente de tráfico. El destino no ha sido amable con Keanu. Más bien, todo lo contrario.
Por eso, verlo desde mañana en “47 Ronin: la leyenda del samurái” es como volver a ver un amigo con el que no se tenía contacto, y notar que está bien, saludable, haciendo lo que le gusta. En este caso, una película de samuráis.
“Me encantaron los temas del honor, la venganza y el sacrificio en el guion, además de la trágica historia de amor. Además, me gustó mi personaje, un tipo que está tratando de recuperar honor”, explica el actor.
INTERÉS ORIENTAL
No resulta extraño ver por qué la historia del filme interesó tanto a Reeves: la leyenda de los 47 Ronin, un grupo de guerreros samuráis que se unieron para vengar a sus maestros, es conocida en Japón. “Yo no estaba familiarizado con la leyenda, pero inmediatamente me enteré del proyecto, hice mi investigación y leí lo más que pude sobre el tema. La película es uno de esos raros ejemplos de algo que se aparece en tu camino y es muy divertido desde el comienzo”, explica el intérprete.
En “47 Ronin...”, Reeves interpreta a Kai, un guerrero mitad británico mitad japonés que llega a un pueblo para liberarlo del poder que tiene una bruja sobre él. “Traté de familiarizarme lo más posible con el material original y pensar sobre la posición de mi personaje en la historia. Siempre pensé que el cuento del extranjero que llega a un pueblo es universal, porque en todas las ciudades o pueblos existen problemas de integración. Traté de conectarme con Kai y cómo el ser un extranjero lo afectaba. Quería que mi personaje tuviera dignidad y respeto frente al mundo que lo rodea y frente a los otros. También quería que fuera capaz, que sea un cazador y un rastreador que está conectado con la naturaleza”, dice Keanu.
La idea de los realizadores fue no usar puros efectos especiales, sino más bien crear algunos escenarios reales. “Se construyeron unos sets tan impresionantes que, de verdad, tienes la impresión de estar en ese mundo”, comenta Reeves, quien también se sintió impresionado por el trabajo en 3D. “Los cineastas sabían que estaban haciendo una película en 3D desde el principio, y todo se consideró desde esa óptica. Aprecié mucho que se tomaran el tiempo y el esfuerzo de trabajar de acuerdo a eso. Fue genial ver el cuidado que tuvieron con la historia y la forma de contarla”, complementa el actor.
Keanu Reeves andaba perdido, sin dar rastros de nuevos proyectos. De pronto, aparece, cual espectro, con “47 Ronin: la leyenda del samurái”. ¿Se volverá a perder el actor? Pues nadie lo sabe. Keanu es así: le gusta despistarnos. Tan solo nos queda seguirle la pista.

















