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"Noé", uno de los grandes mamotretos del 2014 [CRÍTICA DE CINE]

Alberto Servat comenta la película de Darren Aronofsky que ya se ha convertido en una de las más taquilleras del año

Noé, uno de los grandes mamotretos del 2014 [CRÍTICA DE CINE]

Noé, uno de los grandes mamotretos del 2014 [CRÍTICA DE CINE]

ALBERTO SERVAT

“Dijo el Señor: ‘Voy a eliminar de la superficie del suelo a los hombres que he creado y junto a ellos a las bestias, los reptiles y los pájaros del cielo, porque me arrepiento de haberlos hecho’. Pero Noé fue agradable a los ojos del Señor”. Ese es el comienzo del diluvio universal tal como podemos leer en el libro del Génesis. Punto de partida también, me imagino, para el guion de la película de “Noé”, la nueva cinta de Darren Aronofsky.
 
Una superproducción que retoma el carácter grandioso de las historias bíblicas en la pantalla grande. Un género cinematográfico que se impuso desde el nacimiento del cine y que hacia fines de los años 50, con el advenimiento del cinemascope y otros inventos afines, se había consolidado como sinónimo de gran espectáculo.
 
Por supuesto, no se trataba de películas demasiado fieles a las Sagradas Escrituras ni a las otras fuentes literarias en las que se basaban. Nada de eso. Nadie esperaba literalidad en la adaptación porque, para comenzar, no era posible. El cine tiene su lenguaje, sus fórmulas narrativas, su manera de contar una historia. Y a falta de episodios románticos o intrigas más contundentes, el ingenio de los guionistas se ponía de manifiesto. El resultado han sido películas de dimensiones extraordinarias que aun hoy pueden dejarnos sin aliento. “Los diez mandamientos” (1956), de Cecil B. De Mille, por ejemplo, es un espectáculo de cuatro horas con un reparto estelar, una intriga absorbente, la palabra de Dios en el lugar preciso y los efectos especiales más avanzados de su época.
 
No podemos decir lo mismo de “Noé”, de Aronofsky. Que, para comenzar, arranca como una historia pesada y solemne. Allí encontramos a un Noé (Russell Crowe) sin demasiadas razones para que simpaticemos con él. Un aspecto que podría resultar interesante de no ser porque avanzada la historia ya no se trata solo de un patriarca al que Dios encomienda un trabajo. No. En una era dominada por los superhéroes, una producción de estas dimensiones no podía ser ajena a esto. Y Noé se convierte en un superhéroe y llama en su ayuda a los antepasados de los Transformers, que no son sino ángeles caídos que ayudan en la construcción del arca. ¿Transformers? Sí, Transformers. Tal vez con estos elementos el espectador contemporáneo puede conectarse con la historia bíblica, debe pensar el señor Aronofsky. De pronto, todo el episodio bíblico empieza a derrumbarse y pasa a un segundo plano debido a una mezcla de elementos de todo tipo. No puede estar ausente tampoco el tema de la familia disfuncional. Y la de Noé lo es tanto como las del cine de Todd Solondz, solo que sin la contundencia ni el marco que lo justifique.
 
Lo de menos en “Noé” es lo épico por no decir lo bíblico. El diluvio en sí es poca cosa si lo comparamos con las últimas películas de destrucción masiva que hemos visto. El desfile de los animales es, a todas luces, producto de un buen programa de computación. Y los elementos de la escenografía pobres e inadecuados, como el vestuario, que luce como una nueva línea de French Connection, a prueba de huaicos e inundaciones.
 
Hacia el final de la película Noé cambia nuevamente de identidad y deja de ser un superhéroe para convertirse en un patriarca fundamentalista a quien sus propios hijos quieren eliminar. Ya no importa si su misión es la voluntad de Dios o producto de una mente intolerante. Para entonces ya hemos perdido toda la fe en la película. Y los ruegos de Jennifer Connelly poco o nada nos importan –¡lamentos de madre de familia del siglo XXI en la consulta del psicoanalista y siempre bien peinada!– porque lo único que pedimos es que la película termine.
 
Dicho esto, no queda sino recordar a “Noé” como uno de los grandes mamotretos del 2014. Eso no lo olvidaremos.

Y tú, ¿ya viste "Noé"? Cuéntanos qué te pareció.

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