Por Ángel Navarro Quevedo

Antes de convertirse en uno de los rostros más entrañables de la televisión peruana, Enrique Espejo pasó cerca de diez años detrás de un escritorio, como empleado del ya desaparecido Banco Hipotecario. Y dentro de la monotonía laboral, nada indiciaba a sus compañeros que, mientras buscaba información para su tesis universitaria, encontraría un espacio cuando llegó a un canal de televisión como un extra. Ese giro casual, sumado a su acercamiento previo al teatro, terminó de encaminarlo hacia la pantalla chica, donde construyó una carrera de más de cuatro décadas.

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