Por Juan Carlos Fangacio Arakaki

Como si la pandemia no fuera mal suficiente, el reciente proceso electoral peruano parece habernos colocado en una situación límite. Altas dosis de ansiedad, propagación del miedo, conductas irascibles, amistades y vínculos familiares resquebrajados. Y aunque pueda decirse que se trate de una atmósfera típica de escenarios políticos, es indudable que este último nos ha golpeado con particular inquina: sea por el polarizado enfrentamiento, por la agitación de las redes sociales cargadas de noticias falsas, o por la propia emergencia sanitaria que aún nos mantiene en una UCI física y anímica.

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