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La autodestrucción humana y las siete plagas, por Marco Aurelio Denegri

En su columna dominical "El ojo de Lima", el polígrafo Marco Aurelio Denegri comenta sobre las siete plagas que no podemos vencer desde mediados del siglo XX

Marco Aurelio Denegri

Marco Aurelio Denegri escribe todos los domingos la columna "El ojo de Lima".

Difusión

Tiempo ha compuse un ensayo cuyo título es una expresión de Niko Tinbergen con la que el ilustre etólogo holandés caracteriza al ser humano: “El asesino desorganizado.” 

Por cierto que hoy mantengo lo que antes dije sobre el particular y además estoy convencido, como lo estaba el célebre naturalista francés Buffon, de que el hombre no muere, sino que se mata. La mitad de la destrucción que hay en el mundo es autodestrucción. Esto me lo enseñó hace mucho tiempo Karl Menninger, en su obra titulada Man against himself (El Hombre contra sí mismo). 

Desde mediados del siglo XX hasta la fecha nos agobian varias plagas –siete plagas– y ninguna ha podido ser vencida. A continuación las enumero. 

1) Superpoblación.
2) Violencia.
3) Drogadicción y narcotráfico.
4) Terrorismo.
5) Destrucción ecológica.
6) Calentamiento global.
7) Aumento de las enfermedades.  

A todo lo cual se agrega la disminución de la inteligencia en el mundo y el boom consiguiente de la estupidez. 

Don Pío Baroja solía decir que todo era una farsa y que todos eran farsantes. Ahora se podría decir lo mismo, y con mayor razón. Y en términos evolutivos ha sido una farsa cortísima, que ha durado unos treinta o cuarenta mil años. No conviene retrotraer el fenómeno a la época antecedente del Paleolítico Superior, o sea el Paleolítico Medio, porque entonces ya no podríamos comunicarnos con el mal llamado Homo sápiens (el hombre que sabe), que en realidad debería llamarse Homo ínsipiens (el hombre que no sabe). 

—“No tengo nada; nada tengo” — 

Cuando el pronombre indefinido nada va pospuesto al verbo, entonces tiene que anteponerse al verbo la partícula no, o ni, nunca, jamás, nadie, ninguno; pero si nada precede al verbo, entonces falta la partícula. Ejemplo: “No tengo nada; nada tengo.” Se excluye de esta norma el caso en que nada equivale a algo, en interrogaciones retóricas; verbigracia: “¿Hay nada más bello?” 

Lo de las dos negaciones (que por lo demás no son, en el lenguaje común, las dos negaciones de la lógica formal); lo de las dos negaciones –repito– no es propio del castellano. En inglés, por ejemplo, se dice “I do not know nothing”, y en francés el adverbio ne (no) se usa siempre con verbo y suele ir con pas, point, rien, aucun, nul, personne en la misma frase, negaciones que gradúan el sentido.

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