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¿Color alma?, por Marco Aurelio Denegri

"Yo me pregunté inmediatamente cuál es el color del alma", reflexiona el polígrafo Marco Aurelio Denegri

Caliente y valiente, por Marco Aurelio Denegri

Caliente y valiente, por Marco Aurelio Denegri

Cuando hace algún tiempo comenté el libro de memorias de Manuel Acosta Ojeda, Arte y Sabiduría del Criollismo, publicado por la Escuela Nacional Superior de Folklore, dije, entre otras cosas, que en el vals de Acosta, “Canción de fe”, hay una expresión incomprensible, al menos para mí. Dice Acosta:

Ese día el hombre
Será de color alma

Esto figura en la página 234. Yo me pregunté inmediatamente cuál es el “color alma”, y confesé no saberlo. Felizmente, ahora ya lo sé, luego de haber leído el poemario de Maruja Valcárcel, Bordando suavemente el Viento. En su poema “Color de alma”, dice Maruja lo siguiente: “color malva, /[…] no es color de mar / pero sí color de alma”.

El color de la flor de malva es morado pálido, tirando a rosáceo. Es un color delicado, pero nunca me imaginé que era el color del alma.
 

—Hombre Solitario—

“Yo no puedo tener amigos”, le confesó Salvador Dalí al pintor Carlos Revilla. (Voces, 2016, 16: 61, 8.) Recordé inmediatamente, aunque sin ánimo comparativo, que antiguamente el emperador de la China tampoco podía tener amigos, porque tenerlos equivalía a tener iguales. Por eso uno de sus títulos era el de Hombre Solitario. 


—El neologismo—

Cuando el neologismo es a todas luces una barbaridad, entonces, oportunamente, hay que combatirlo. Tal el caso, por ejemplo, de la palabra surrealismo, que es una barbaridad por donde se le mire, pero que no fue combatida a tiempo, razón por la cual terminó por imponerse y hoy figura en el Diccionario de la Academia, que a este paso terminará por admitir también fulbito, que es otro disparate muy difundido. Cuando los disparates arraigan, es muy difícil y hasta imposible desarraigarlos.

A estas alturas, ¿quién se atrevería a desarraigar disparates tristemente célebres? Verbigracia, la esdrujulización del apellido catalán Figaró, que hoy todos pronuncian Fígaro; o ese otro disparate de llamar María Antonieta a quien en verdad se llama María Antonia; o esa otra barbaridad de llamar Canal de la Mancha a lo que en realidad es Canal de la Manga, porque manche, en francés, es manga, no mancha. 

Juan Eugenio Hartzenbusch decía que para que un neologismo sea admisible debe reunir las siguientes condiciones:

1) Estar bien formado. 2) Ser necesario. 3) Ser fácilmente comprensible. 4) Ser lógicamente justificable. 5) Tener, cuando ello buenamente ocurra, procedencia latina o griega, lo que facilitará la admisión de la voz propuesta. 6) Que el neologismo al menos sea bello.“Yo me pregunté inmediatamente cuál es el “color alma”.


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