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Costamagna: “Mis personajes están entre la cordura y la locura”

Entrevista a Alejandra Costamagna, a propósito de su libro de cuentos “Imposible salir de la tierra” (Estruendomudo)

Costamagna: “Mis personajes están entre la cordura y la locura”

Costamagna: “Mis personajes están entre la cordura y la locura”

Cualquier idea cercana a lo convencional está completamente lejos de los intereses de Alejandra Costamagna. La periodista y escritora chilena nacida en 1970 visitó Lima para presentar “Imposible salir de la tierra” (Estruendomudo, 2016), un libro que recoge un crisol con quizás sus mejores cuentos.

Se trata de 10 relatos que evidencian las vocación de una autora –ganadora de diversas distinciones literarias como el Premio Anna Seghers 2008 y el Premio del Círculo de Críticos de Arte 2007— para empoderar al lector y motivarlo a cuestionar no solo sus historias, sino también sus personajes. Decidirse a leer uno de estos cuentos exige estar preparado para un toparse con un final sorpresivo.

Alejandra Costamagna conversó brevemente con “El Comercio” sobre “Imposible salir de la tierra”, su libro de cuentos que ya está a la venta en las principales librerías de Lima.

-En cuanto a la selección de los cuentos. ¿Cuál fue el proceso para armar y ordenar “Imposible salir de la tierra” de esta forma?

Hay un puente entre Álvaro Lasso y yo, que es Andrea Montejo, mi agente literaria. La idea de hacer esta selección fue suya. Quiso una especie de muestra de distintos registros y estéticas, y yo me entusiasmé con la idea de hacer algo así fuera de Chile. Lograr, a través de las editoriales independientes, romper esta especie de cerco que impide nos leamos en países fronterizos.  Y luego ya con Álvaro se ajustaron algunas cosas, el orden de los relatos quizás, convirtiéndose ya en algo más tripartito.

¿Entre qué años escribiste los cuentos que incluye este libro?

Me parece que el cuento más antiguo es “El olor de los claveles”, del año 2005, mientras que “Are you ready?” es uno de los últimos. Cada uno pertenece a un momento muy distinto. Algunos fueron publicados en libros y otros en revistas.

¿Cómo son las mujeres  que aparecen en los cuentos de Alejandra Costamagna?

Primero debo decir que (en mis cuentos) hay muchas más mujeres que hombres. Pero no son mujeres ‘anti-hombres’ ni que estén en una lucha dual de ese tipo. Son mujeres a punto de tirarse a un abismo, pero por alguna razón se mantienen como haciendo equilibrio, como con una fuerza extraña que las atrae a la tierra. Jugando con el título del libro, esa imposibilidad de salir de la tierra es también una imposibilidad para caerse, perderse o dejarse llevar por las circunstancias. En uno de mis cuentos, “La epidemia de Traiguén”, el narrador parte diciendo “dicen que la mujer era muy pero muy loca”, y yo creo que es cierto. Mis personajes están en la línea difusa que hay entre la cordura y la locura. Pero más que esto último, es más como estar debajo de una piscina y ver todo medio borroso en una superficie extraña.

El relato “Cachipún” [N.R: en Perú, el ‘Cachipún’ es el juego ‘Piedra, papel o tijera’] cuenta la historia de dos mujeres que se sortean hombres para tener sexo. ¿Te has topado con alguna persona conservadora que te diga que dejas algo mal paradas a las mujeres?

Me imagino que esa lectura debe estar, debe haber algunos que digan ¡uy qué vergüenza! Pero no, me parece que hay algo en el género del cuento que a mí me interesa poner en tensión. Me interesa romper las expectativas del lector, darle la posibilidad de que entre –desde distintos lugares—y califique a los personajes como le dé la gana. Y así  como busco poner en tensión las formas del cuento, mi idea es hacer lo mismo con las convenciones sociales que tenemos en distintos ámbito. Te hablo de la construcción de la familia, del rol de la mujer, de la idea de la maternidad en una forma rígida, etc. Creo que de fondo hay un intento por romper el molde de la mujer como caricatura de revista en papel cuché.

Si nos basáramos en una forma anticuada de ver la vida, los protagonistas de ese cuento debieron haber sido dos hombres y no mujeres…

(Risas) claro, pero igual hay una lógica extraña porque estas dos hermanas, que son casi mellizas y se ‘fusionan’, están bajo las órdenes de un hombre que les encargó que lleguen ‘culeaditas y comiditas’ para que no perturben a los clientes del negocio, manifestándoles su deseo, sus ganas y su ‘hambre’. Así que, si bien acatan eso, también lo toman como una forma de goce y disfrute. El cuento adopta la forma del juego, que es el ‘Cachipún’, pero que a su vez es un acto sexual. Entonces, ¿hasta dónde jugar con la vulgaridad y tornarla en cierta ternura?

Se repite varias veces Japón en tus relatos. ¿Hay una obstinación con ese país?

(Risas) no. Mi papá es casado con una mujer japonesa, pero es casi anecdótico el dato. Creo que hay cierta figura más metafórica de pensar Japón como la imagen de algo muy distinto a lo nuestro, como ese contraste que pudiera haber sido Tombuctú, no sé. Es como cuando uno tiene una mentalidad muy occidental y debe imaginar cómo es el oriente. Y por otro lado, también hay ciertas características que asumimos (de los japoneses): la templanza, la idiosincrasia, que es tan distinta a la de los latinoamericanos. La idea es jugar a dicho contraste. Lo que pasa en “La epidemia de Traiguén” es una especie de crónica roja, que es como lo trataríamos aquí, pero en un ambiente que apunta a lo Zen.

Ese cuento es la historia de una mujer desesperada por un hombre que va a buscarlo hasta el Japón, sin conocer absolutamente nada de ese país…

Sí, estos personajes siempre están en búsqueda de entender algo que no llegan a comprender con palabras. Y creo que el viaje a Japón, sin entender el idioma o los códigos, es como la exacerbación del no hallarse, del ser un extraño.

Todos los escritores dicen querer por igual a sus cuentos pero por alguna razón especial está “Imposible salir de la tierra” en la portada de tu libro. ¿Cuál es?

Creo que en este cuento hay una especie de reminiscencia atmosférica de mi infancia, que no tiene que ver con la anécdota, sino tal vez con algo muy básico: la relación que tengo con mi hermana. Esa imagen medio de catalepsia (que tienen los personajes) generó el cuento, pero luego la idea se fue a cualquier parte. Ese primer enganche me acerca a la idea de sentirte como un extraño en tu propio cuerpo.  Y al comienzo me preguntabas cuál es la característica de las mujeres (de mis cuentos) y creo que es que (ellas) nunca se hallan, se sienten ajenas en su cuerpo,  entorno y sociedad.

Eres periodista. He revisado tus entrevistas a escritores regionales de Chile ¿Cuánto te sirves de tu trabajo periodístico eso para poder crear cuentos? Hace unos días charlaba con un escritor y me dijo que sus cuentos son 70% ficción y 30% realidad.

Yo refutaría a ese entrevistado y te diría que lo mío es 68% y 32%. El tema es que no sé cuál es cuál (risas). Recuerdo mucho cuando hice esas entrevistas. Una de ellas fue a un personaje que todo el tiempo tenía un discurso muy ‘Rulfiano’. Vive en un entorno en el que casi cree ver muertos y llega a un lugar y pasa como si las paredes le hablaran. Teniendo todas las voces de esos entrevistados y quizás los lugares donde uno va a escribir crónicas, es como si todo se uniera a un universo del recuerdo que se mezcla con mis propios recuerdos. Y todo eso genera una ‘gran superficie del recuerdo’. Y así todo entra en un mismo registro. En ese sentido, para mí entrevistar es poder tener diversas voces que luego podría ficcionar. Y por otro lado, si bien yo hace un tiempo que no hago periodismo sostenidamente–salvo críticas de teatro—está también la disciplina que te genera llenar una página y en el camino estar dispuesto a trabajar con borradores, y a pensar que estos sirven mucho. Porque uno no escribe un texto de una. Siempre hay vacilaciones. Y esa especie de presión de la escritura ha sido muy enriquecedora para mí.

¿Qué crees que hace que “Imposible salir de la tierra” no sea solo un relato más sobre una mujer con problemas psicológicos que intenta suicidarse?

Creo que ahí hay una fuerza de la tierra, de esa especie de imán que no la deja morir (a la protagonista). Y probablemente está el sedimento de la historia del pasado. Es como si el cuento crece porque el pasado, donde entra su hermana y padre, va cogiendo más fuerza y le genera deseos de permanecer acá. Creo que en esta chica hay una capacidad de reflexionar sobre el momento lo que la convierte en diferente a cualquier loca que se quiere tirar por la ventana.

Siendo latinoamericanos marcados por el ‘Boom’ de Vargas Llosa, García Márquez, Donoso, etc. ¿Te parece que los autores de esa generación tenían muchos más temas para tocar en sus historias que los actuales? ¿Se han dejado esos temas grandes para mirar lo íntimo?

A mí me parece que lo que ha variado es la forma de contar esas historias (del pasado). Borges decía que en el fondo hay tres o cuatro temas en la literatura y luego solo queda reescribir a partir de eso. Me parece que en los tiempos del ‘Boom’ estaba la idea de hacer novelas totales, que abarcaran todo, en las que se hable de un gran contexto. Creo que se ha vuelto a dar valor a la épica de lo cotidiano. Quizás hoy son los mismos temas, pero vistos en distintas escalas, más puertas adentro, enfocados desde otro lugar.

A veces aquí en Perú se dice que hay muchos libros para pocos lectores. ¿La idea se repite en tu país?

Las formas de lectura van variando. Y cuando se habla de que la gente hoy no lee, quizás no sea tan así.  Me parece que la gente lee, pero lo hace también en otros formatos. Leer en computador finalmente también es leer. Habría que encontrar otras herramientas para medir los índices de lectura. Lo que sí está pasando es que la gente tiene menor capacidad de concentración para poder leer un texto de mayor extensión y profundidad. Y esto pasa porque existe una dispersión muy grande que tiene que ver con las redes sociales y la dinámica de la rapidez. Pero me parece que habría que buscar formas de lecturas aprovechando esos otros formatos y así darle cierto sentido a tanta dispersión.

Finalmente, ¿qué sensación te genera que tus cuentos lleguen a una ciudad como Lima? ¿Lo imaginaste al inicio de tu carrera?

Estoy agradecida y me siento honrada por publicar con Estruendomudo, que desde Chile se ve como un hito en las editoriales independientes. Ellos han construido su catálogo con mucha consecuencia y calidad. Admiro mucho el trabajo de Álvaro Lasso. Es una satisfacción doble porque, por una parte publico en Estruendomudo, y por otra estoy en un país vecino pero que a veces parece tan lejano. Lo bueno es que ahora esta editorial ha llegado a Chile y llevarán autores peruanos allá, lo cual me parece muy bueno.


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