Enrique Planas

A estas alturas, después de cuatro meses de anunciado el Premio Alfaguara y once viajes de presentaciones para promocionar una novela como “El tercer paraíso” (su llegada a la feria del libro de Lima supuso el decimosegundo en estas pocas semanas), su autor, Cristian Alarcón, aún intenta recuperar el tiempo que había aprendido a conservar calmo. Años antes, uno de los cronistas más brillantes de la región había descubierto el campo como un lugar de reclusión, donde había podido escribir sus libros anteriores ajeno al paso del tiempo, puesto el freno a la vorágine periodística.

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