"El guerrero del arcoíris" es el más reciente rescate literario del autor de culto Guillermo Chirinos Cúneo (1946-1999).
"El guerrero del arcoíris" es el más reciente rescate literario del autor de culto Guillermo Chirinos Cúneo (1946-1999).
Juan Carlos Fangacio Arakaki

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Elusivo como él solo, se dio a conocer al mundo (es un decir) casi a regañadientes, concitando la atención de un puñado de lectores atraídos por su escritura febril. No han sido demasiados los que han seguido su obra –esquiva y dispersa también–, pero podrían y deberían ser muchos más.

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Del autor se conocen apenas unos cuantos datos claros: nació en 1946 y murió en 1999. En ese intervalo de 53 años se dedicó sobre todo a una vida errante, quizá como una forma de escapar de la esquizofrenia que lo acechaba. Se lo veía por San Marcos, luego en las calles de La Punta, y fue perdiendo contacto con la realidad entre uno y otro internamiento en hospitales psiquiátricos.

Pero sobre todo escribió, y escribió mucho. Lástima que de toda esa producción (más de mil poemas, según les contaba a sus allegados), hayan quedado escasos rastros. En vida, solo publicó una breve pero contundente plaqueta, (1967), editada con el apoyo de su madre y eterna protectora, Aída Cúneo.

Por eso es tan significativo el hallazgo y la publicación de otro libro suyo, “El guerrero del arcoíris”, a cargo del sello Máquina Purísima, de Cecilia Podestá. Una obra que había permanecido guardada por el poeta Armando Arteaga y que finalmente ve la luz, en cuidada y bella edición. Es el segundo libro de Chirinos Cúneo (aparte de contados textos sueltos que de tanto en cuando aparecían en revistas) y también por eso el principal acontecimiento literario local de este 2021.

DEL DESPRECIO A LA ÉPICA

“Tu huella de ángel se pudrió en la basura de la noche, donde el reverso de la luz nos muestra el delirio de un paraíso hecho añicos” (p. 67). Con pasajes como ese, en “El guerrero del arcoíris”, escrito a finales de los años 80, nos encontramos con un Guillermo Chirinos Cúneo mucho más sobrio y controlado que en “Idiota del apocalipsis”, de dos décadas atrás.

Diera la impresión de que, entre uno y otro libro, el desquiciamiento pueda haber sido en cierta medida domado por su autor. Y esa señal, en el plano meramente humano, otorga también una sensación de alivio y consuelo. Como cuando escribe: “Sinteticemos las formas, vibremos en la magia de la conciencia, pintemos nuestra ansiedad de luminosos presagios” (p. 75).

Como señala el escritor y crítico José Carlos Yrigoyen en el exhaustivo estudio que acompaña esta edición, a pesar de los contrastes entre “Idiota…” y “El guerrero…”, hay también “una continuación coherente”, por cuanto el nuevo libro representa “el sobrehumano triunfo de un hombre brillante frente a los demonios de su enajenación”.

Una de las pocas imágenes conocidas de Guillermo Chirinos Cúneo. Al lado, portada de "Idiota del apocalipsis", publicado en 1967.
Una de las pocas imágenes conocidas de Guillermo Chirinos Cúneo. Al lado, portada de "Idiota del apocalipsis", publicado en 1967.

VIDAS AJENAS

El análisis que realiza Yrigoyen sobre la obra de Chirinos Cúneo abarca también una interesante reflexión sobre cuánta atención deberían suscitar sus desórdenes y abismos psicológicos. Y aunque bien podría argumentarse que ese aspecto triste y oscuro del poeta corresponde al mero ámbito privado, y no al literario, Yrigoyen apunta acertadamente que “hay libros que no pueden comprenderse a cabalidad prescindiendo la vida del autor”.

Lo que no excluye, también, que no se suela caer en muchos casos en una suerte de romantización gratuita respecto al . En ese sentido, Yrigoyen cita un artículo del doctor Shaun McNiff, titulado “El mito del arte esquizofrénico”, para desmentir el absurdo de que se piense a los males psíquicos como una excepcional iluminación creativa.

“Los episodios alucinatorios, supuestos géiseres de inspiración literaria, se tornan ineficaces cuando el afectado no posee la cultura o la intuición para volcarlos de manera certera en palabras”, señala Yrigoyen, antes de precisar e insistir en que Chirinos Cúneo “hizo ímprobos esfuerzos por sobreponerse al caos mental que lo asediaba”.

¿Dónde ubicar entonces a una ‘rara avis’ como Chirinos Cúneo dentro de la tradición poética peruana? Al menos por cuestiones temporales, sería justo insertarlo dentro de la generación del 60 al lado de figuras como Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza o Juan Ojeda.

Sin embargo, bajo otros criterios, lo suyo también parece emparentado a autores como Luis Hernández o Josemari Recalde: no por una arbitraria conexión de la marginación y la tragedia, sino por la forma en que sus vidas influyeron en sus escrituras, y sus escrituras impactaron en sus vidas. Dimensiones indesligables en aquellos seres signados por el talento y la desesperación.

“El guerrero del arcoíris”

Autor: Guillermo Chirinos Cúneo

Páginas: 156

Editorial: Máquina Purísima

“El guerrero del arcoíris” puede adquirirse en las librerías El Virrey, Sur, Inestable, La Rebelde y próximamente en otros establecimientos.

"El guerrero del arcoíris", de Guillermo Chirinos Cúneo, en cuidada edición de Máquina Purísima. (Foto: Cecilia Podestá)
"El guerrero del arcoíris", de Guillermo Chirinos Cúneo, en cuidada edición de Máquina Purísima. (Foto: Cecilia Podestá)

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