Elsa Punset: En esta sociedad prima la distracción y el placer
Elsa Punset: En esta sociedad prima la distracción y el placer
José Miguel Silva

Conocida en España por su trabajo como especialista en temas relacionados a la inteligencia emocional, la escritora Elsa Punset conversó vía correo electrónico con “El Comercio” a raíz del lanzamiento de sus primeros libros (“Brujula para navegantes emocionales”, “Inocencia radical” y la serie infantil “Los atrevidos”) en nuestro país.

Los libros de Elsa Punset se venden en más de 14 países a nivel mundial y buscan ayudar a utilizar la inteligencia emocional en una dirección positiva. A su vez, su serie infantil tiene como objetivo ayudar a que los niños dosifiquen correctamente sus emociones.

Aquí la entrevista:

-¿Cuánto influyó en su formación como persona el haber sido criada en países tan distintos como Haití, Estados Unidos y España?

Soy hija de un español y de una francesa, y nací en Inglaterra. Mis padres eran exiliados, así que crecí como todos los niños que viven en familias que viven fuera de su país: disfrutando de la posibilidad de descubrir paisajes y personas diferentes, pero también sintiendo añoranza por tener un lugar propio. Esto me persiguió durante años. Al fin descubrí algo que me hace sentir en casa en cualquier lugar: que todos compartimos un lenguaje universal, el único que tenemos, el de las emociones básicas. Reímos, lloramos, nos emocionamos, nos enfadamos y sentimos igual, en cualquier rincón del planeta. Las fronteras políticas son inventadas y nos separan de forma artificial. Solo las emociones nos unen, nos permiten convivir y compartir desde cualquier rincón del mundo.

-Desde que publicó su primer libro ha ido variando los puntos que trata. ¿Usted escoge los temas sobre los que escribir o siente que sus lectores la influencian mucho?

Todos mis centros de interés gravitan alrededor de las personas. Estudié filosofía porque quería entender cómo somos por dentro, por qué somos capaces de hacer tanto bien, y tanto mal. A lo largo de los años, encontré más respuestas en la psicología y la neurociencia. Y cada día estoy más convencida de que tenemos que tenemos una gran llave de libertad, que es aprender a comprender y a entrenar nuestras emociones, nuestro cerebro emocional: sus reacciones, sus prejuicios, sus miedos, su creatividad, su capacidad para colaborar y convivir.

¡Y por supuesto que mis lectores me influyen! Primero, porque compartimos las mismas emociones humanas, así que me es fácil comprenderles. Y segundo, porque escribo para inspirar y para compartir cosas que quiero que sean útiles… así que cuando me escriben a través de Facebook y redes sociales y me preguntan, siempre reflejo sus preguntas en mis videos y libros (por ejemplo, recientemente me conmovió y contesté  “¿cómo perdonar y ayudar a padres que nos hicieron daño?”.)

-Todas las personas tienen fantasías y eso no necesariamente es malo, sin embargo, ¿cuándo ya las fantasías se convierten en algo negativo y peligroso para un ser humano?

Las fantasías son una compensación del cerebro, y pueden ser útiles por muchos motivos, por ejemplo si te sirven para soñar, imaginar y ensayar tus ideas y metas, también para suavizar la decepción con la que vivimos los humanos porque lo real no suele estar a la altura de lo que soñamos… Pero hay un problema: los estudios revelan que las personas que “sueñan” mucho con cosas maravillosas, se esfuerzan menos por conseguirlas en la realidad. ¡Así que equilibremos las fantasías con los retos y metas concretos! Tu vida es tu mensaje, decía Gandhi. Y podía haber añadido que tu vida es, también, tu obra. ¡Tenemos que lograr unir el pensamiento a la acción!

-¿Por qué los avances de la tecnología no han propiciado una mejor comunicación entre las personas?

El mundo nunca ha estado tan abierto a las personas: los medios tecnológicos están disparando la generación, el acceso y la aplicación de las oleadas de conocimientos que nos rodean. Podemos aprender, investigar y también producir de manera más sencilla y barata que nunca antes en la historia. Cada vez importa menos tu edad, sexo, condición, origen… ¡Es un momento apasionante para vivir! Sin embargo, la tecnología no garantiza una respuesta a nuestras necesidades básicas de relacionarnos con los demás. Es solo un medio, que podemos usar bien o mal.

-¿Se siente más cómoda escribiendo para adultos o para niños? ¿Cuál cree que es la principal diferencia que usted afronta al momento de dirigirse a estos distintos públicos?

Trabajo en muchos medios distintos, incluido el audiovisual (en mi YouTube: Elsa Punset oficial les invito a encontrar muchos videos con sugerencias muy prácticas para entrenar las emociones). Me gusta dirigirme tanto a adultos como a niños (a Perú estará llegando ya mi colección para niños, “Los Atrevidos”, que son cuentos para entrenar la inteligencia emocional de los niños con un taller para los papás), porque la vida es un continuo: los adultos somos lo que somos en función del niño que fuimos… Y afortunadamente la ciencia ha demostrado que podemos aprender hasta el último día de nuestra vida.

-¿Por qué le cuesta tanto a la sociedad occidental desligarse del culto a la juventud física?

La tiranía de la edad es un prejuicio profundo y arraigado basado sobre un instinto evolutivo clamoroso, que la asocia a la decadencia y la muerte. Por ello, no nos dejan envejecer de forma creativa y plena. La sociedad nos refleja una imagen vergonzante y disminuida de las etapas de madurez. Y como las expectativas se suelen cumplir como una profecía, muchas personas se adentran con vergüenza y temor en esas etapas de la vida. Otras, sin embargo, están contradiciendo con su ejemplo personal y profesional el instinto atávico y la censura social que acompañan el paso de la juventud a otras etapas, al margen del papel que la naturaleza y la sociedad les asignó al nacer.

Piense que el paso a la madurez es algo relativamente nuevo: a principios del siglo XX, la media de vida en el mundo estaba en torno a los 31 años. Pocos teníamos la posibilidad de reinventarnos como seres únicos e independientes al margen del papel evolutivo del que nos dotó la naturaleza, hace miles de millones de años. ¡Ahora es cuando nos toca hacerlo!

-¿Cuáles son las consecuencias que se presentan en una persona que durante su adolescencia y juventud fue criada con amor condicional por parte de sus padres?

Es una bonita pregunta que no suelen hacerme, porque creo que en general las personas no solemos distinguir entre amor condicional e incondicional. El amor condicional es “querer a cambio de algo”: con este tipo de amor, vuelcas tus expectativas sobre el niño o la pareja. Le quieres, pero a cambio esperas que te de algo, que cumpla tus expectativas.

El amor incondicional en cambio quiere a la persona sin más. No significa eso que aceptes todos sus actos, pero si que aceptas que su vida tiene valor pleno solo por existir. No necesitas ni exiges que te “pague” a cambio por quererla.

Cuando te quieren con amor condicional, te vuelves dependiente porque tienes que cumplir las “condiciones” tácitas o explícitas de otra persona. Sientes que eres desleal o que no mereces amor si no consigues cumplir esas condiciones: por ejemplo, sacar buenas notas, ser médico (cuando realmente tú quisieras ser florista o guía turístico), etc. ¿Cómo queremos a nuestros hijos? ¿Y a nuestra pareja? ¿Qué les exigimos a cambio de nuestro amor? ¡Es importante que nos lo preguntemos con sinceridad!

-Lamentablemente, la resiliencia es algo que no puede comprarse en el supermercado. ¿De qué forma uno puede obtener esta capacidad? ¿Son solo algunos los elegidos o todos en algún momento podemos llegar a tenerla?

La resiliencia es nuestra capacidad de superar obstáculos. Literalmente, es un término que se usa en física para describir algo capaz de regresar a su forma original después de haber sido comprimido. Las personas resilientes son flexibles en el sentido psicológico. Se reponen antes de los fracasos y pérdidas. ¿Cómo lo hacen? Suelen ser empáticos, es decir, tienen facilidad para ponerse en la piel de los demás: eso les permite sentirse menos solos, no encerrarse tanto en su dolor. Miran al futuro con esperanza, y suelen encontrar una lección en cada crisis. Son básicamente más optimistas. Y eso se puede entrenar.

Recordemos que nuestro cerebro programado para sobrevivir tiende a magnificar y memorizar lo negativo. Así que para ser más resiliente, ¡entrena tu cerebro en positivo! ¿Cómo? Buscando algo bueno en cada circunstancia (por ejemplo, con preguntas neutras como “¿qué es útil aquí? ¿Qué elecciones tengo?”), entrenando la capacidad de ser agradecido (en casa hacemos regularmente listas de cosas por las que nos sentimos agradecidos), sacando una lección de cada cosa difícil que nos pasa, fortaleciendo nuestros vínculos afectivos con los demás, haciendo el esfuerzo de vivir en el presente (por ejemplo con la meditación, o simplemente disfrutando más del día a día), cambiando nuestros discursos internos (suelen ser bastante negativos), cuidando de nosotros mismos con más cariño, buscando momentos a diario para la risa y el buen humor…

Todas las emociones y las habilidades sociales y emocionales (eso incluye la resiliencia y la serenidad y el optimismo…) ¡se pueden entrenar como un músculo!

-Además del placer físico que nos genera, ¿qué otros aspectos del sexo dejamos de lado en lo emocional y afectivo?

Vivimos en una sociedad donde primamos la distracción y el placer. El placer es adictivo y necesita estímulos cada vez más fuertes para generarse. Así que hemos creado sociedades que son muy adictivas. El sexo puede experimentarse de esta forma, por supuesto, pero es mucho más que eso. Y me parece que, al menos en Europa, no formamos bien a los chicos  para que entiendan la riqueza afectiva y sexual de la que son capaces, y lo importante que son los vínculos con los demás en su vida (son un indicador de salud física y mental muy potente.)

-¿Qué mensaje o saludo le envías a los peruanos, un público que espera descubrirte por completo a partir de ahora?

Visité Lima por vez primera hace dos años, durante una gira por América. Y me encantó la ciudad, la belleza de la arquitectura, la magnífica gastronomía, la amabilidad de las personas, la diversidad cultural, y ese tiempo melancólico y sereno que me recuerda a Inglaterra... ¡Quedé con muchas ganas de poder descubrir el resto del país!¡Así que espero que el descubrimiento sea mutuo!