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Enrique Verástegui: versos de rabia y luz

El poeta Enrique Verástegui será enterrado hoy en el Parque del Recuerdo, en Lurín

Enrique Verástegui

Los intereses de Verástegui abarcaron la matemática, la filosofía, la cosmología, entre otras materias. (Foto: Rolly Reyna)

El quehacer literario de Enrique Verástegui fue multifacético. Tulio Mora, su compañero en el movimiento Hora Zero, se refiere a sus ambiciones creativas y versatilidad: “Resalto de su poética su concepción del conocimiento como un todo. Es un aprendizaje que le viene de Pound y Ginsberg. Es la poesía del conocimiento. Una visión de interpretarlo todo desde la poesía: la matemática, la filosofía, el amor, la destrucción del capitalismo, etc., en volúmenes que tienen poemas de altísimo nivel. En esta mirada totalizadora y transversal de las cosas es que Verástegui obtiene el reconocimiento. Esto también nos ayuda a entender lo que consideramos un poema integral, pero que él lo hacía desde un lado luterano o del saber. Es un aporte indiscutiblemente destacado”.

Esta búsqueda de Verástegui –quien falleció el último viernes a los 68 años por un paro cardíaco, apenas un día después de su último recital– tuvo un punto de partida deslumbrante. En 1971, con tan solo 21 años, publicó “En los extramuros del mundo”, hito de la literatura peruana en la que un yo poético dispara un discurso rabiosamente romántico e inconforme en una urbe inclemente, decadente y violenta. Un poemario tan fresco como maduro, tan punk y callejero como lírico, y consciente del uso del lenguaje.

Sobre el impacto de su legado y evolución, el vate Roger Santiváñez afirma: “El radio de influencia de Enrique Verástegui es continental. Del conversacionalismo urbano y lírico de su decisivo primer libro, Verástegui avanzó hacia una experimentación técnica de considerables alcances y resonancias. A partir de ‘Monte de goce’, su poesía se abrió camino por los rumbos de la mística, la filosofía y la matemática aplicadas todas a una visión y comprensión poética del mundo que no descarta la utopía y el delirio. De ‘La máquina del poema’ a ‘Albus’ y ‘El teorema del Yu’, su obra configura un espectro impresionante de versos. ‘Splendor’, que reúne su creación en casi mil páginas, es el testimonio vivo de su genio, de su bondad infinita, y de la alegría y belleza que nos dio a todos los que lo admiramos y quisimos”.

—Batallar para crear—
Verástegui, además, fue un miembro notable de Hora Zero, el movimiento poético fundado por Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruiz. Algunas claves horazerianas: transformar la vida con un nuevo arte, ruptura con el establishment, lo cotidiano y marginal como experiencia preponderante, o la sintonía entre la furia y la belleza. Fue Pimentel quien reclutó a Verástegui. Él recuerda: “Enrique nos dio una poesía abierta al mundo, que tocó todos los temas con gran brillantez. Enrique escribió bajo la premisa de lo que dijimos en el manifiesto ‘Palabras urgentes’: ‘Se nos ha entregado una catástrofe para poetizarla’”.

Pimentel añade: “Estoy muy dolido. Enrique era mi hermano del alma, mi compañero de las cincuenta mil batallas [...] Yo hablaba con Enrique por teléfono todos los días. Nos reíamos, nos acordábamos de nuestras borracheras, de nuestras pendejadas. Y, sobre todo, hablábamos sobre nuestras futuras publicaciones. Para nosotros tener libros inéditos era como tener oro, diamantes. Por eso también nos matábamos de la risa, porque nos sentíamos millonarios”.

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