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Lanzan primera edición electrónica de novela de Ribeyro

Julio Ramón Ribeyro vuelve a ser protagonista de la Feria del Libro Ricardo Palma con el lanzamiento de la edición electrónica de "Crónica de San Gabriel"

Lanzan primera edición electrónica de novela de Ribeyro

Lanzan primera edición electrónica de novela de Ribeyro

Un joven Ribeyro posa en su estudio de Miraflores para el lente del español Baldomero Pestana, en 1959.

Julio Ramón Ribeyro siempre ha sido la estrella más brillante de la Feria del Libro Ricardo Palma. Para muchos, será inolvidable la noche del 16 de junio de 1992, cuando al lado del alcalde miraflorino Alberto Andrade y su editor Carlos Milla Batres, el cuentista presentó en un abarrotado Salón de Actos municipal el cuarto tomo de “La palabra del mudo”. La multitud que quedó fuera esperó en el llano un saludo de su escritor, dejando sentir su ovación: “Julio es del pueblo”, gritó. Tras terminar el acto, Ribeyro decidió salir al balcón. Quien haya estado allí lo recordará: un instante de emoción, admiración pura y cariño popular. Tremendo balconazo.

Y aunque hace 23 años que el escritor ya no está con nosotros, cada aparición de un texto suyo alborota la feria miraflorina. Esta vez, dos de sus novelas, el género menos conocido de su producción, despiertan el entusiasmo: la reedición de “Cambio de guardia” y el lanzamiento para e-book de “Crónica de San Gabriel”. Momento ideal para analizar el valor de esta producción dentro de su universo narrativo.

Y es que, como señala el crítico Alonso Rabí do Carmo, resulta lugar común decir que Ribeyro no fue un buen novelista. “En relación con su cuentística, sus penetrantes ensayos y su diario, sus tres novelas podrían quedar algo opacadas”, admite. “Sin embargo, segmentar de esta manera su obra y realizar comparaciones entre las partes puede empobrecer su lectura”.

Son tres las novelas de Ribeyro: “Los geniecillos dominicales” (1965), “Crónica de San Gabriel” (1960) y “Cambio de guardia” (1976). Como señala Rabí, la primera de ellas se ubica en el realismo urbano propio de la década del 50. La segunda, para él la más relevante, es un ‘bildungsroman’ (novela de formación) en toda regla, y la última, considerada por muchos “fallida”, revela una poco estudiada voluntad experimental. “En mi opinión, hay que redescubrir al Ribeyro novelista”, afirma.

—De distancias cortas—
Para el escritor Guillermo Niño de Guzmán, tan próximo al autor de “Los gallinazos sin plumas”, está claro que Ribeyro no era un corredor de maratón sino un experto en las distancias cortas y medias. “Prefería ir al grano y atrapar lo esencial en una decena o veintena de páginas. Era un cuentista nato”, afirma. Sin embargo, a diferencia de Borges, su colega no desdeñó la novela. “Simplemente, sabía que no poseía el aliento y la constancia necesarios para acometer empresas narrativas de gran envergadura”, añade.

Cuando se habla de aliento, Abelardo Sánchez León, también viejo cómplice de Julio, piensa que era el mismo cuerpo el que le dictaba sus distancias de escritura. Por ello, si sus intentos más ambiciosos resultan truncos fue por falta de físico, no de ganas. “Ribeyro fue el escritor que mayor conciencia tuvo de la energía física y anímica que requiere todo acto creativo”, explica. “A pesar de jactarse de haber sido de joven un habilidoso futbolista, siempre fue un muchacho flaco. Su enfermedad, a los 40 años, lo convenció de que carecía de la fortaleza necesaria para ser un verdadero novelista, y fue consolidando su faceta de gran cuentista que, incluso, inventó esos géneros breves y testimoniales plasmados en las prosas apátridas, en los dichos de Luder y en sus diarios. Pero Julio no tenía la fuerza de armar grandes universos narrativos y prefería lo íntimo, el análisis de los personajes, la ambientación de interiores”, advierte el sociólogo y poeta.

No falta además quien diga que Ribeyro escribió novelas con el ánimo de probar suerte y subirse al tren del ‘boom’ latinoamericano. Niño de Guzmán desmiente esa hipótesis categóricamente: “Si se repara en las fechas de composición de su primera novela, ‘Crónica de San Gabriel’, sin discusión, la mejor de sus incursiones novelísticas, se comprobará que fue escrita en 1956-1957, mucho antes del estallido de aquel fenómeno literario. En cuanto a ‘Los geniecillos dominicales’, concebida luego de la irrupción de novelas innovadoras como ‘Rayuela’ y ‘La ciudad y los perros’ (ambas publicadas en 1963), no hay nada en ella que delate su influencia”, afirma. Para el autor de “Caballos de medianoche”, solo en “Cambio de guardia” se advierte la aplicación de técnicas acordes con el espíritu renovador del ‘boom’.

“Esta novela fallida apareció tardíamente, pues había sido pergeñada entre 1964 y 1966. Allí Ribeyro plantea una estructura fragmentaria con el afán de dar una imagen totalizadora de una sociedad en crisis y presenta una variada galería de personajes y sus pequeños dramas cotidianos. Por desgracia, las costuras resultan demasiado visibles y el artificio prevalece sobre la fuerza expresiva”, señala.

—¿Cuál es la mejor?—
Todos los consultados coinciden en elegir “Crónica de San Gabriel” como la mejor novela de Ribeyro. “O al menos la menos irregular”, matiza José Carlos Yrigoyen. Para el crítico, el lector siente que el escritor nunca estuvo cómodo con este género. “‘Los geniecillos dominicales’ y ‘Cambio de guardia’ son demasiado episódicas y uno tiene la impresión, sobre todo en la segunda, de estar leyendo un texto lleno de costuras donde distintas narraciones cortas se amalgaman en una estructura precaria y forzada. Sus buenas ideas y personajes memorables quizá hubieran hallado un mejor destino en el cuento”, afirma Yrigoyen, quien advierte otro problema de sus novelas, inexistente en sus relatos: una fuerte tendencia al estereotipo. “Es el caso de Ludo Totem, artificioso y poco creíble en su papel de protagonista de ‘Los geniecillos dominicales’”, añade.

De “Crónica de San Gabriel”, Niño de Guzmán destaca la prosa sencilla y cuidada para desarrollar una trama interesante, con personajes sólidos y una impecable ambientación. “El tono sobrio y la sensibilidad para captar las contradicciones del comportamiento humano sobresalen en esta historia sobre las tribulaciones de un joven capitalino que visita una hacienda de la sierra peruana”. Un tema que, como advierte Sánchez León, hermana este libro con su famoso cuento “Silvio en el Rosedal”.

¿Qué pensaría el flaco Ribeyro de estas conclusiones? Su amigo Fernando Ampuero comparte una anécdota muy ilustrativa. “Yo conversé con Ribeyro sobre las tres novelas que publicó y le dije que solo una de ellas estaba a la altura de sus mejores cuentos”, recuerda, refiriéndose a “Crónicas de San Gabriel”. “Admiraba lo bien escrita que estaba su primera página y también su buen ritmo narrativo. Le confesé incluso que había temblado de emoción cuando la leía y que, a mi criterio, Leticia era uno de sus más fascinantes personajes literarios. Él se quedó un segundo en silencio. Luego sonrió, dándome a entender que opinaba lo mismo, y me dio un abrazo”, recuerda.

EN LA FERIA RICARDO PALMA

"Cambio de guardia"
Domingo 10 de diciembre, 5 p.m.
Auditorio Antonio Cisneros.
La librería El Virrey de Lima lanza esta reedición de la novela que Ribeyro publicara en 1976. Participarán en la presentación Julio Ribeyro Cordero, hijo del autor, y los estudiosos de su obra Giancarla Di Laura y Jorge Coaguila.

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