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Marco Aurelio Denegri escribe sobre el fetichismo sexual

En su columna de esta semana, el polígrafo habla de dos estudios al respecto e invita a más investigadores a exponer más sobre el tema

Marco Aurelio Denegri

Marco Aurelio Denegri escribe semanalmente en "El Comercio". (Foto: Víctor Idrogo)

Marco Aurelio Denegri escribe semanalmente en "El Comercio". (Foto: Víctor Idrogo)

El fetichismo verdadero, sensu stricto, con exclusión de las partes genitales, es lo que se llama pars pro toto, la parte por el todo, por el conjunto o totalidad. El interés del fetichista se concentra en la parte, digamos en las manos o en los pies, o en el calzón o las medias, o en el sostén. Lo que pudiera valer el resto del cuerpo está, por decirlo así, concentrado en una sola parte, la cual vale por el conjunto o totalidad; y cuando se trata de prendas de vestir u objetos, éstos valen por sí propios, como elementos excitatorios y de complacencia, sin necesidad de que alguien los use para el disfrute sexual del fetichista. (Flaubert se deleitaba con las zapatillas de Louise Colet y se lo dice a ella repetidas veces en sus cartas.)

El fetichista considera objeto de excitación y deseo alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él. Esa parte o esa prenda fascina al fetichista y lo embelesa, excitándolo considerablemente y produciéndole goce intenso. (Téngase presente que el término fetiche se tomó del francés fétiche y éste del portugués feitiço, embrujo, hechizo, encantamiento.)

El verdadero fetichismo es exclusivo y excluyente. Pero los fetichistas radicales no abundan. Los que abundan son los que, priorizando su fetiche, no desdeñan, sin embargo, otras fuentes de atracción. Un fetichista de esta clase no se fija únicamente en el objeto fetichizado, aunque sí lo privilegia. Privilegia las manos o los pies, o las tres mentas, sobre todo la tetamenta y la nalgamenta, pero eso no le impide interesarse en otras partes de la anatomía. El verdadero fetichista no se interesa en otras partes. Por eso la exclusividad caracteriza su fetichismo. Hay dos estudios al respecto.

En primer lugar, el fetichismo sexual no existe en las culturas primitivas. En éstas hay o puede haber el fetichismo mágico-religioso, consistente en atribuir a un ídolo u objeto material o de culto propiedades mágicas o poderes sobrenaturales. El fetichismo sexual es, pues, un fenómeno propio de la civilización. En los pueblos primitivos no existe.

En segundo lugar, el fetichismo sexual es un fenómeno principalmente masculino. Hay mujeres fetichistas, claro está, pero no muchas y hasta donde yo sé, ninguna de ellas practica el fetichismo verdadero, esto es, exclusivo y excluyente.

Creo haber dicho lo fundamental en torno a un asunto muy interesante y a un tiempo no fácilmente dilucidable. Confieso que me satisfaría grandemente que otros investigadores lo expongan y diluciden con más propiedad y fundamento.

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