“Hay mucha novela con crítica social que pasa desapercibida”
José Miguel Silva

Con “La sangre de la aurora”, la escritora ganó el Premio Las Américas de Narrativa Latinoamericana 2014 y, sin embargo, quedó una sensación de que la novela no recibió la atención mediática merecida si tenemos en cuenta su notable calidad.

En menos de 100 páginas, la autora enlaza las historias de una periodista, una senderista y una campesina que, a su manera, atestiguan el avance de la violencia terrorista que azotó el Perú en un momento específico del periodo comprendido entre 1980 y el año 2000.

Sin embargo, Salazar no se detiene en dicha temática –trabajada ya por varios de sus colegas en múltiples cuentos, novelas y ensayos de diversa factura—sino que profundiza en aquella violencia mucho más condenable pero casi siempre invisibilizada: la que se comete contra las mujeres.

La escritora, crítica literaria, catedrática y periodista volvió al Perú para presentar una nueva edición de su elogiada novela,  esta vez con un novedoso anexo que incluye comentarios firmados por destacados estudiosos de nivel internacional: como Diamela Eltit, Federico Falco, Alina Peña Iguarán y Joseph M. Pierce.  

-Casi tres años después de lanza la primera edición de “La sangre de la aurora” y dos ediciones después, lo cual puede tomarse como un éxito, ¿no le da miedo que la encasillen como escritora a través únicamente de esta novela?

No. Creo que está bien que me identifiquen porque es mi novela. Lo tomo como un aliciente para seguir trabajando. Está bien que una novela circule y más en distintas ediciones, sobre todo en un país como el Perú, que es algo bastante excepcional sobre todo si tenemos en cuenta que sale con una editorial independiente.

-¿Los grandes elogios recibidos por su novela le significaron algo de presión para lo que vino después?

Un poquito. Y está bien que te pongan la valla alta, pero creo que uno también como escritor debe ser ambicioso. Más allá del reto de superarse uno mismo, uno debe siempre comparar su escritura con la de los escritores que uno más admira. Y ese nivel de valla es el que uno debe ambicionar.

-Se ha escrito mucho sobre la época de la violencia. ¿Tuvo esto en cuenta para que “La sangre de la aurora” no se parezca a esos libros o cuentos publicados en los últimos años?

Claro que sí. A mí me interesaban dos cosas. Primero posicionar y representar en la novela de forma clara la voz femenina, entendiéndola como lo distinto, lo diferente, lo subalterno. Y también me interesó replantear ciertas consideraciones del realismo, que es la vena genérica más céntrica en la tradición literaria peruana. Quise replantear ambas cosas y por eso creo que la novela en muchos aspectos se aparta de la típica literatura de violencia política. No es una novela más de este tipo por la manera en cuenta las cosas, porque es una novela fragmentaria, por la experimentación con el lenguaje, por el tipo de personajes que presenta y al mismo tiempo –aunque suene algo contradictorio—no es exclusivamente una novela del conflicto armado. Está ubicada en el contexto del conflicto armado pero su tema principal es la violencia contra la mujer. Es una novela que es parte, rompe el esquema y al mismo tiempo va por otras cosas.

-Ha publicado usted artículos periodísticos y esto me hace recordar que una de las protagonistas de la novela es una periodista. ¿Por qué consideró necesario darle este oficio a una de las mujeres de su historia?

Ella es una foto-periodista, casi como una fotógrafa de guerra que me interesó por varios motivos. Primero porque al ser ese tipo de personaje era alguien que podía hacer más viable el tránsito de la costa a la sierra. Me interesaba un personaje que se pueda mover en las dos esferas. Y el hecho de tener esa profesión la hacía alguien móvil. Ese nomadismo era bastante práctico para efectos de la narrativa del libro. Y el hecho de buscar que se cuente lo que está pasando, aunque haya ciertos mecanismos de censura con respecto a lo que se está contando. A veces (ella) prefiere no contar las cosas, o hacerlo de forma distorsionada. Por otro lado, no es gratuito que fuera fotógrafa porque la novela reflexiona sobre cómo ejercer la memoria. Qué es lo que se cuenta, qué es lo que queda fotografiado. Hay también un tema de representación de la imagen. La idea de que esta última no necesariamente tampoco muestre todo. (En la novela) se cuestiona qué queda fuera del encuadre en varios sentidos: me refiero a la imagen y a las historias oficiales.

-¿De qué manera cree usted que se invisibiliza el papel de las mujeres en la literatura peruana actual?

La cantidad de mujeres escritoras cuyas novelas y textos aparecen publicitados o reseñados en medios de comunicación masivos es casi un 20% con respecto a los hombres. Hace poco vi varios eventos sobre el Quijote y había mesas interesantísimos pero no había ninguna mujer. O sea, ¡hay varias! Se llenan varios paneles solamente de hombres. Hay mucho por hacer en ese caso. Son pequeños detalles. Y para visibilizar, pues simplemente hay que hacer la cosa inversa: incluir más mujeres en paneles, por ejemplo.

-¿Es importante que una novela tenga crítica social de lo contrario corre el riesgo de pasar desapercibida?

Depende. Actualmente hay mucha novela con crítica social que pasa desapercibida. Más bien lo que no pasa desapercibido es aquello que no tiene crítica social. La mayoría de best-sellers son novelas que no tienen un mayor nivel de re-pensar sobre lo que está pasando. Ahora, si una novela deba tener o no crítica social…creo que ahí está mi único ‘deber-ser’: evitar el deber ser (risas). No creo que una novela deba algo. En el caso de “La sangre de la aurora”,  sí me interesaba hacer una crítica al sistema patriarcal que permite la violencia contra las mujeres. Pero la crítica no se da solamente al nivel de la historia contada sino también en la estructura misma de la novela, su lenguaje, de la forma. La materia de la literatura es el lenguaje y es desde ahí donde se da inicio a la máquina crítica.

-¿Es una moda que la gente esté más interesada en leer cosas sin crítica social o simplemente confirma que nos estamos yendo al diablo como sociedad?

No creo que sea moda. Hay que pensar algo muy importante y es el tema del mercado editorial.  Hay dos grandes grupos (editoriales) que son los que están vendiendo más y ellos deciden qué se publica o no,  y tienen bastante espacio en librerías. Creo que hay que ver el tema de las condiciones de circulación más que por qué la gente lee tal cosa. Y si hay lectores que quieren leer cosas distintas, como “La sangre de la aurora”, deben ir a la zona más alejada de la librería o buscarla en otros circuitos. Creo que ahí es donde el papel de las editoriales independientes es más remarcado. Y no solo pasa en Perú sino también en Argentina, México, Chile. La circulación de literatura menos ‘marketeable’ va por otros lados.

-Esta nueva edición de “La sangre de la aurora” cuenta con tres comentarios muy elogiosos en la parte final. Quiero preguntarle más bien algo en el sentido contrario, ¿recibió alguna crítica ‘negativa’ a su novela que me pueda mencionar en esta entrevista?

Negativas en el sentido de decir ‘este libro es malo’, no hubo. Lo que sí hubo fue un tipo de crítica inicial, que quizá fue debido a lecturas un poco veloces, sobre todo de críticos de aquí. Les parecía que la novela presentaba una posición maniquea de ‘buenos contra malos’. Y me parece que la novela está muy alejada de eso. Por ejemplo, la periodista con sus amigas tienen determinada postura, hay racismo también. No es algo completamente bueno ni malo. La senderista, aparentemente, es la más fanatizada y mala –desde el punto de vista más simplón de la palabra—pero también tiene conflictos pues debe dejar a su familia. Además era una persona que le interesaba la cuestión social antes de meterse a Sendero. Repito: eso de decir ‘buenos y malos’ me parece una lectura muy simplificadora de la novela.

-En parte de su novela también está el tema de la sexualidad. Hay, por ejemplo, una escena de de un trío sexual entre la senderista y los cabecillas…

El sexo está en toda la novela…

-Claro, pero me refiero a este momento como sexo parte de una relación consentida.

Qué bueno que lo veas como un trío porque es y no es un trío. En el sentido de lo que está pasando ahí. Es ella (la senderista) mirando lo que está pasando. No llega a unirse pero es la mirada, y a mí me interesa mucho el tema de la mirada de la novela que en ese caso específico tenía que ver con una mirada sobre la piel de los otros dos.  Físicamente no era un trío pero a nivel erótico sí.

-Y hay gente que juzga eso y un tipo (senderista) le dice a la protagonista “usted se acuesta con el jefe”…

La juzgaban como si fuera una segunda esposa pero en realidad solo fue una mirada, que tiene algo que ver con la manera en que la novela trata la mirada y la superficie de las cosas en general.

-Finalmente, y saliendo del tema, ¿qué libro de otro autor le hubiera gustado escribir primero?

“Las olas” de Virginia Wolf porque me parece una de las mejores novelas que existe. Le tengo una envidia tremenda (risas). Y en parte me ha servido de inspiración para “La sangre de la aurora” porque “Las olas” comienza igual pero tiene seis personajes. Nunca sabes quién está hablando pero lo que sí logra la autora es que cada voz sea realmente única. En una parte ni hace falta que te mencionen al personaje, sino que lo reconoces por el tono de la voz. ¿Cómo logras esa narrativa? Solo hay que ser Virginia Wolf.

IMPORTANTE
"La sangre de la aurora" está a la venta en las principales librerías de Lima al precio de S/30.

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