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Alice Zeniter pinta el paisaje de una Hungría sin identidad tras la caída del socialismo

La escritora franco-argelina hablará de su libro "Domingo sombrío" en el Hay Festival de Arequipa

Alice Zeniter

A los 16 años, la escritora y dramaturga Alice Zeniter (Alenzón, 1986) publicó su primera novela “Deux moins un égal zéro” (2003).

¿Cómo se construye una identidad? Alice Zeniter sabe que no se trata de un proceso innato, sino que depende de la cultura, de la política, del ruido blanco propio del territorio donde nos encontremos. Buscando trabajo como asistente de idiomas, la escritora franco-argelina llegó a la Universidad de Budapest y descubrió una lengua fascinante. Un idioma increíble con el cual se puede hacer magia poética. Pero también se encontró con una historia marcada por las derrotas militares, los grises años del socialismo y la nostalgia por un imperio perdido. "En toda la ciudad están las marcas de la historia. Todavía se pueden ver las huellas de las balas en los muros, producto de la revolución de 1956. Entendí que debía leer esta ciudad como si fuera un libro", explica.

A lo largo de un año, la autora invitada al Hay Festival de Arequipa con los auspicios de la Embajada de Francia en el Perú decidió recoger los testimonios que le hicieran comprender cómo estos traumas históricos afectan el interior de las familias, qué significa crecer en un país socialista y luego sufrir la transformación, sin anestesia, a una democracia capitalista. Y de aquel aprendizaje nació una novela: "Domingo sombrío". Un proceso histórico del cual dará cuenta en su presentación, al lado de su colega Pierre Ducrozet, mañana sábado en la Alianza Francesa como parte del festival en la Ciudad Blanca.

—¿Qué aprendiste de esa experiencia en Hungría?
Hungría vive un momento en que la extrema derecha y el nacionalismo están muy activos. Y para ellos, Francia es responsable de la firma del Tratado de Trianón, en 1921, el cual se considera la causa de que la Gran Hungría se convirtiera en el país pequeño que es hoy. Por ello, a los franceses los húngaros nos interpelan, mientras que en nuestro país no nos enseñan esa parte de la historia. ¡A los franceses ni les importa! Para mí, se convirtió en una obligación conocer esa parte para poder contestar esas numerosas interpelaciones que, a veces, llegaban a ser intimidantes.

— Caído el Muro de Berlín, se asume que la adaptación de los países de la órbita socialista al nuevo modelo capitalista fue un simple trámite. ¿Cómo se vivió este proceso en Hungría?
Lo que hizo el socialismo fue congelar los problemas previos, las tensiones internas de estos países. Estaba prohibido hablar de la lucha de clases o de la productividad industrial. Con la caída del régimen, todas las heridas afloraron. Todo aquello de lo que no se podía hablar durante el socialismo reaparece: los conflictos limítrofes a causa del Tratado de Trianón, el maltrato a las minorías húngaras que migraron a los países vecinos, el racismo contra los gitanos o el fuerte antisemitismo. Hungría es un país muy particular: es muy pequeño, tiene un idioma que ninguno de sus vecinos habla, y sus habitantes se preguntan siempre por su identidad. No saben ni siquiera de dónde viene su idioma. Durante un tiempo, el país quiso ser "el buen alumno" de Europa, buscando entrar a la comunidad Schengen más rápido que cualquiera de sus vecinos. Sin embargo, con la actual crisis europea, el nuevo gobierno está jugando con todos aquellos peligrosos sentimientos nacionalistas.

—"Domingo sombrío" es una de esas novelas nacidas de las historias oídas a otros. ¿Cómo fue ese proceso?
En un inicio, no tenía como meta escribir un libro. Solo buscaba entender el país. Hablábamos mucho en largas conversaciones de bar. Me parecía increíble cómo aquellos nuevos amigos, de entre 30 y 40 años, habían vivido el cambio: nacer bajo el socialismo y experimentar la transformación política. Les preguntaba por sus recuerdos bajo el socialismo y quería entender cómo, siendo jóvenes, pudieron amoldarse al cambio. Pero también me interesaba saber cuán difícil fue para sus padres, para sus abuelos. Supongo que, si les hubiera dicho que lo que les preguntaba serviría para escribir un libro, quizás los hubiera cohibido. La verdad, los sentía felices al contarme sus historias. Hablarle a una extranjera de aquellos tiempos era un placer para ellos. Les gustaba improvisarse como narradores de sus propias historias. Incluso, empezaron a llegar amigos de amigos, interesados en contarme sus vivencias en las épocas del cambio. Cuando decidí escribir este libro, tenía un material que cubría un siglo de historia.

—¿En qué momento pensaste que tenías una novela?
No sabía cómo contar todas esas historias que se habían apoderado de mí. Hasta que un día, cuando regresaba en tren de Budapest, vi por la ventanilla a unos niños gitanos que jugaban sobre los rieles. Me fijé en ellos. Vivían en una casa donde funcionaba la antigua oficina del guardavías del tren. Imaginé que tras esa casa habría un patio igualmente cruzado por rieles. Y empecé a pensar en una casa donde habitara toda una familia, construida en los tiempos del Imperio Austrohúngaro. Y esa fue la clave del libro: una casa como motivo central, habitada por varias generaciones, en un lugar minúsculo. Todos viviendo en el mismo lugar, pero no en el mismo mundo, porque no todos tenían las mismas herramientas para entenderlo.

—Una casa pequeña, con un jardín reducido al mínimo y sus habitantes condenados a permanecer inmóviles mientras los trenes van y vienen. ¿Un símbolo claro de lo que es hoy Hungría?
¡Ahora me parece tan obvio! Sin embargo, en un inicio no lo veía así. Para mí, solo era un recurso narrativo que me permitía hacer coincidir a todos mis personajes. Pero cuando terminé la primera versión, me di cuenta. Incluso pensé que era demasiado obvio. Pero así resultó.

HOY EN EL HAY FESTIVAL AREQUIPA
-Mario Vargas Llosa en conversación con Katya Adaui, Mariana de Althaus, Jeremías Gamboa y Santiago Roncagliolo. Modera Renato Cisneros. Teatro Municipal, 12 m.

-Liberalismos. Mario Vargas Llosa y Yoani Sánchez en charla con Rosa María Palacios. Teatro Municipal, 6 p.m.

-Nosotras también: sobre la campaña #MeToo. Alejandra Ballón, Paula Bonet, Karina Pacheco y Gustavo Rodríguez en conversación con Paola Donaire. Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa. 6 p.m.

-Salman Rushdie en conversación con Juan Gabriel Vásquez. Teatro Municipal, 8 p.m.

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