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"Hibris", por Marco Aurelio Denegri

En su columna de esta semana, el polígrafo nos habla del significado de hibris y la declaración de propia valía de algunos personajes extraordinarios

Marco Aurelio Denegri

Marco Aurelio Denegri. (Foto: El Comercio)

Hace más de medio siglo, en 1964, leyendo la biografía de Hitler, escrita por Alan Bullock, supe que el gran pecado del Führer había sido lo que los griegos llamaban hybris.

¿Cuál es el significado de hibris? Hibris significa orgullo desmedido o soberbia, altivez extremada o endiosamiento, arrogancia temeraria. Hibris es envanecimiento, jactancia, petulancia, presunción y vanagloria. La persona creída o sobrada es hibrística.

La castellanización de esta voz es hibris; el adjetivo correspondiente, hibrístico, ca; el adverbio, hibrísticamente, y el substantivo abstracto, hibristicidad.

Para los griegos, había cuatro virtudes cardinales: valor, moderación, justicia y sabiduría. «En general –dice Bowra, en La Aventura Griega– se pensaba que la hybris o soberbia no solamente destruía las virtudes individuales, sino también su unidad y equilibrio. La hybris podía ser reflejo de una carencia de valor; pero lo que indudablemente implicaba en gran manera era un desafío a la moderación y al dominio de sí mismo. Ocasionaba inevitablemente la injusticia por su falta de consideración respecto a los derechos de los demás y solía provocar la locura cuando quien era víctima de ella [de la hybris] creía que era dable asegurarse lo imposible por medios injustos.»

No hay que confundir la hibris con la declaración o confesión o manifestación de la propia valía. Por ejemplo, un amigo advirtió a Beethoven que en una de sus obras tenía dos quintas seguidas, cosa que vedaban todos los manuales de armonía.«¿Lo prohíben? –dijo Beethoven– ¡Pues entonces yo lo autorizo!»

«A mí me encantan –confesaba Balzac– las personas extraordinarias; precisamente, yo soy una de ellas.»Así se expresan los que valen, sintiéndolo raigalmente.

Miguel de Unamuno era otro que conocía perfectamente sus quilates. Marañón cuenta al respecto la anécdota que sigue:

«Cuando don Alfonso XIII, al que don Miguel amó siempre, hasta en las horas de violencia, con una ternura de buen rector, le concedió una gran cruz, al imponérsela le dijo que era una distinción merecida, y Unamuno le contestó: ‘Señor, claro que lo es’, y no le dio las gracias.»

Señala muy bien Nietzsche, en La Genealogía de la Moral, que «medido con el metro de los antiguos griegos, todo nuestro ser moderno, en cuanto no es debilidad, sino poder y consciencia de poder, se presenta como pura hybris».Alberto Hidalgo, el gran poeta arequipeño, tenía la solencia de manifestarse hibrísticamente. Véase la ejemplificación siguiente de su hibristicidad:

«Gracias [Perú] por haber esperado hasta que yo naciera para tener poeta.» (A. H., Carta al Perú, xxiv.)

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