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"Del insulto como comedia", por Jaime Bedoya

Nueva temporada de "Curb Your Enthusiasm" llega en octubre. Ocasión para auscultar el riesgoso arte de la invectiva cómica

"Del insulto como comedia", por Jaime Bedoya

Ni su terapeuta se banca la piromanía social de Larry David. Temporada se estrena el 1 de octubre.

Ni su terapeuta se banca la piromanía social de Larry David. Temporada se estrena el 1 de octubre.

Ni su terapeuta se banca la piromanía social de Larry David. Temporada se estrena el 1 de octubre.

Un asesino social: es en lo que se convierte Larry David cuando hace de Larry David en la serie “Modere su entusiasmo” (Curb your enthusiasm, en inglés).

Desdeñando los principios básicos de la convivencia civilizada, aquella que involucra consideraciones tales como el tino, la empatía e inclusive una cordial dosis de hipocresía, David arrasa con cualquier oportunidad de ser más bonito calladito. Nunca pierde la ocasión de vociferar aquello que se piensa pero no se dice.

El título mismo de la serie es una admonición. Modere su entusiasmo: esto no será tan divertido como Seinfeld, la anterior y exitosa creación de David –una serie sobre nada– que hiciera de ambos, personaje y su álter ego, millonarios neuróticos.

Modere su entusiasmo: la vida no trata de una sucesión de arcoíris y unicornios. Es un calvario plagado de necedad ajena, infortunios sentimentales e interminables malentendidos que derivan en pérdidas de tiempo circular. Así que modérese.

David explica que su estilo de comedia se alimenta de la metida de pata que acosa a toda interacción social. Esto se apoya en la versión freudiana del humor como hijo natural de la represión con alguna de sus dos parejas favoritas, el deseo sexual y la ira no resuelta. O ambas, en un menage a trois que llega a su consumación cuando se alcanza el alivio de verbalizar lo innombrable. David lo explica así:

El oficio del humor es ofender. Si la gente se siente ofendida por él, entonces creo que es bueno. Para mí, si le caes bien a todo el mundo es porque estás haciendo algo mal.

Lo cual nos conduce a los riesgosos terrenos del insulto cómico, un arte incomprendido y solo para valientes de buen corazón. Es fácil pensar en cosas desagradables que decir. Lo difícil es hacerlas graciosas.

—Humor a la brasa—
Desde 1904 existe en Estados Unidos una institución dedicada al cultivo del insulto con propósitos humorísticos. Se trata del Friars Club, organización que aglutina a comediantes con el extraño propósito de reunirse una vez al año para insultar a un personaje en señal de afecto y admiración. El lema de la organización es Prae Omnia Fraternitas (antes que nada, hermandad).

El proceso se llama roasting –rostizado–. En los años setenta tuvo una época de oro cuando Dean Martin, a cargo de la parrillada, tuvo sobre el fuego a personajes como John Wayne, Ronald Reagan, Bob Hope, Don Rickles, Lucille Ball, Muhammad Ali, Sammy Davis Junior y, por supuesto, al presidente del directorio, Frank Sinatra. El que tenga ojos de ver lo encuentra en You Tube.

A fines de los años noventa el rostizado tuvo un renacimiento cuando el canal de cable Comedy Central volvió a transmitir las incineraciones según las normas del Friars Club. Entonces el género del humor ofensivo encontró un liderazgo natural en la persona del cómico Jeffrey Ross, en la actualidad considerado el Roastmaster General.

Ross ha bebido de las fuentes de la más ilustre escuela de invectiva humorística norteamericana –Buddy Hackett, Milton Berle, Don Rickles, Lenny Bruce, Richard Pryor. Un clásico:

- Mi esposa me dijo que quería ser cremada. Le respondí qué tal este viernes.

Un joven Ross se jugó por lo menos un hematoma en la primera rostizada del Friars Club al que fue invitado, 1995. La víctima era la lacónica estrella de artes marciales bajo sobrepeso Steven Seagal:

- Soy consciente de que muchos de ustedes no me conocen, pero les aseguro que estoy perfectamente calificado para estar acá pues tal como nuestro invitado Steven Seagal yo también soy una mierda como actor.

Ross elevó la valla diez años después durante la rostizada de Pamela Anderson. Una de las invitadas a participar en la masacre era la cantante Courtney Love, por entonces ya viuda de Cobain. Love se presentó al evento en una situación lamentable, buscando llamar la atención a toda costa, incluyendo el abuso de sicotrópicos varios.

Como el comportamiento disforzado de Love no le permitía a Ross continuar haciendo chistes ofensivos e irreproducibles acerca de la topografía íntima de la ex estrella de Baywatch, este hizo un paréntesis para referirse a la cantante:

- ¿Cómo hace Courtney Love para verse peor que Kurt Cobain?

Téngase en cuenta que el cantante de Nirvana ya llevaba once años difunto.

Al día siguiente Ross recibía una docena de rosas de Pamela Anderson agradeciendo la linda velada. Lo cual deja en evidencia la filosofía improbable, pero real, detrás de esta manifestación del insulto cómico: Solo se rostiza a quien se quiere.

—Técnica de cocción—
El Roastmaster General Jeffrey Ross le mete diente a su presa desde una variedad de modalidades, tales como: A) Comentarios abridores moderadamente ofensivos. Así saludó a Larry King al comienzo de una entrevista en CNN hecha un octubre:

- Larry, para mí es un honor ser entrevistado en Halloween por el Guardián de la Cripta.

B) El ataque genealógico:

- Gene Simmons, el bajista de Kiss, es un cruce entre un rabino y un apache.

C) Un clásico, hacerse el idiota, como decirle a una mujer hecha y derecha:

- Qué linda tu blusa, ¿es de Forever 41?

Un momento estelar de la institución del rostizado contemporáneo sucedió en el año 2011. Un grupo de valientes entre los que se encontraba Ross sometió a un cúmulo de vituperios de variado calibre durante puntuales 65 minutos al no tan carismático billonario Donald Trump. Un tema central de las mofas eran sus pretensiones presidenciales. Es surrealista ver y oír al pastrulo de Snoop Dogg, rapero símbolo del consumo de cannabis, trolear a sus anchas a quien cinco años después sería el presidente de Estados Unidos de América.

Este fue uno de sus comentarios, con alusión al saliente Barack Obama:

- Ahora habla de postular a la presidencia. ¿Por qué no? No sería la primera vez que desaloja a una familia negra de su casa.

—De Steve Martin a Melcochita—
A nivel local la agudeza punzocortante del insulto sarcástico tuvo su esplendor en tiempos idos de la política peruana, cuando esta era culta y articulada, o simplemente alfabeta. El periodista Federico More sentó al aprista Manuel ‘El Cachorro’ Seoane con siete palabras tautológicas: Todo cachorro es un hijo de perra.

Paul Reiser, comediante y actor norteamericano (hacía de Paul Buchman, pareja de Rachel Hunt en Mad About You), afirma que escribir un chiste es como contemplar un caño a la espera de que gotee.

El humor peruano actual ha optado por romper el caño a punta de combazos. El insulto sin humor. Lo más cercano en su versión nacional son los apodos que pone Pablo Villanueva ‘Melcochita’, una complejidad en sí mismos por sus capas semánticas, retruécanos verbales y trasfondos psicológicos múltiples. Es notable como representación de esto el célebre Pelo de Ombligo.

Uno de los momentos estelares en la carrera cómica de Melcochita fue el haber sido invitado al show de David Letterman en 1983. Si bien dicho reconocimiento no era poca cosa, Melcochita nunca reparó en que el contexto del show era “Noche de humor internacional”, en donde mediante un juego de espejos Letterman presentaba humor foráneo como exótica curiosidad de feria.

La rutina de Melcochita fue pobrísima (prolongados silencios siguieron a la mayoría de la traducción simultánea de su presentación). El peruano fue presentado como el Steve Martin del Perú.

Acabado su acto Letterman presentó entonces al Kenny Rogers de Noruega. Como para dejar claro que no se reía con sus invitados, sino de ellos. Eso ya no es gracioso.

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